Aunque se esperaba y la clase política no dejaba de hablar del tema en los cafés, pasillos y tiempos muertos de oficina, la designación de Andrea Chávez como Coordinadora Municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Juárez tomó a muchos por sorpresa.
Se sabía que algo vendría después de la definición estatal, (todo, menos que se fuera con el PT como muchos se atrevieron a adelantar), pero faltaba saber qué lugar ocuparía la senadora con licencia en el nuevo acomodo de Morena.
“Andrea Chávez se suma a esta tarea con la responsabilidad de contribuir a fortalecer la organización territorial, convocar a la unidad de nuestro Movimiento y trabajar, junto con la militancia y el pueblo”, informó Morena ayer por la mañana mediante sus plataformas oficiales. La palabra unidad apareció desde el comunicado y no parece colocada ahí por casualidad, tiene un sentido.
El primer mensaje de Andrea, abierto a las interpretaciones
Chávez no había publicado nada en sus redes sociales desde un día antes de que Cruz Pérez Cuéllar fuera designado en la Ciudad de México. Ayer regresó a Facebook y lo hizo en dos ocasiones.
La primera de ellas con un mensaje que admite, por lo menos, dos lecturas. Una habla de disciplina partidista y aceptación de la nueva responsabilidad. La otra deja algunas frases suficientemente abiertas para entender que el episodio estatal todavía merece una reflexión de su parte.
“Si la política es justa o injusta, si las decisiones ajenas son erróneas o acertadas, solo el tiempo y el pueblo lo dirán. Hoy como siempre, pongo al servicio de nuestra militancia y de nuestro movimiento, lo poco o mucho que hemos construido durante años para saldar la deuda que nuestro Estado tiene con Ciudad Juárez”, escribió.
Luego agregó una declaración que parece dirigida también hacia quienes durante los últimos meses observaron la competencia interna entre los dos grupos. “Nada para mí. Todo para quienes madrugan, sacan adelante a sus familias, y mueven al mundo con su trabajo. Sin egos, sin protagonismos, sin ambiciones personales: solo cumplir la encomienda, tal como nos enseñaron López Obrador y nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum”.
Y cerró con otra frase que seguramente tendrá varias vueltas en la conversación política de los próximos días. “Hoy nada comienza: hoy nada termina. Seguiremos conversando, pero en el territorio, no en la Ciudad de México. Y con nuestras bases, no solo con las dirigencias”.
El contexto suele darle sentido a cada palabra, y más cuando se trata de política. Morena designó a Chávez para encabezar esta responsabilidad en Ciudad Juárez después de que la coordinación estatal quedara en manos de Cruz Pérez Cuéllar. El propio partido estableció que entre las tareas de la juarense estarán la organización territorial, la unidad del movimiento y el trabajo con militantes y simpatizantes. Nada menor para una ciudad que representa uno de los principales bastiones de Morena en Chihuahua.
La primera frase de Chávez es probablemente la que más interpretación admite, porque cuando escribe que “las decisiones ajenas” pueden ser erróneas o acertadas y que solamente el tiempo y el pueblo podrán juzgarlas, no dice de cuáles habla. Tampoco señala directamente a la dirigencia. Sin embargo, colocada inmediatamente después de la definición estatal, resulta difícil separar esas palabras del proceso político que acaba de concluir.
Algo semejante ocurre con el final. “En el territorio, no en la Ciudad de México” y “con nuestras bases, no solo con las dirigencias” establece una distancia discursiva frente a la política decidida exclusivamente desde arriba. Chávez no habla de ruptura. Al contrario, reivindica a López Obrador, a Claudia Sheinbaum, a Morena y a su militancia. Lo que anuncia es que seguirá haciendo política desde Chihuahua y particularmente desde Juárez.
Su publicación puede leerse entonces como una aceptación acompañada de reservas implícitas. Acepta la encomienda, pone a disposición del partido la estructura construida durante años y permanece dentro del proyecto. Al mismo tiempo, deja que “el tiempo y el pueblo” juzguen decisiones recientes y recuerda que existen bases con las cuales piensa seguir conversando.
Y aquí comienza otro capítulo, debido a que Morena Chihuahua atraviesa un momento importante de definiciones. Por una parte, tiene a quien encabezará la organización estatal rumbo a la disputa por la gubernatura. Por otra, colocó a Chávez al frente de la organización municipal en uno de los territorios electoralmente más importantes para el morenismo chihuahuense.
Ambos asuntos seguirán dando de qué hablar y mucho más de qué escribir. Hasta hace unas semanas, Morena aparecía con una ventaja amplia en mediciones sobre la gubernatura, mientras en Ciudad Juárez cuenta con años de presencia política, gobiernos municipales y una estructura territorial que representa un punto de partida para la nueva responsabilidad de Chávez.
El segundo mensaje responde a la lógica de unidad
Luego, por la noche, hubo otro mensaje en el que fue más clara y quizá actuó con más frialdad, sin dejar tener la mano en su corazón morenista. El primero dejaba espacio para interpretar cierta inconformidad con las decisiones tomadas durante el proceso interno de Morena. El segundo parece encaminado precisamente a cerrar esas interpretaciones y aclarar su posición después de recibir la coordinación municipal en Ciudad Juárez.
Anoche, a través de un video, Chávez destacó que recibió por consenso la responsabilidad de coordinar los trabajos de la transformación en Juárez y rechazó las versiones sobre una posible salida de Morena. Recordó que nunca ha militado en otro partido y lanzó una frase mucho más contundente: “Soy un soldado de la presidenta”.
También apareció con mayor claridad la palabra unidad. Chávez advirtió que una división interna podría poner en riesgo los objetivos de Morena en Chihuahua y sostuvo que el reto en Juárez consiste en “multiplicar” la presencia de la transformación. El discurso comenzó así a desplazarse de la competencia estatal hacia la responsabilidad política que acaba de recibir.
No necesariamente existe contradicción entre ambos mensajes, pero sí una evidente diferencia de tono. El primero reivindica a las bases y permite advertir reservas sobre lo sucedido; el segundo cierra filas con Morena, Claudia Sheinbaum y la necesidad de mantener unido al movimiento. En cuestión de horas, Andrea pasó de dejar preguntas abiertas a responder buena parte de ellas.
Las tribus también tendrán que cerrar filas
Al final de todo, entra una palabra bastante utilizada en política y mucho más difícil de practicar cuando se reparten posiciones: lealtad. Cruz y Andrea representan corrientes distintas dentro del mismo movimiento. El alcalde Héctor Ortiz Orpinel aseguró ayer, después de conocer la designación de la senadora con licencia, que ambos grupos juntos conforman una fórmula “imparable”. La expresión tiene entusiasmo político, pero también describe el tamaño del desafío que viene.
La izquierda conoce demasiado bien estas historias de las llamadas “tribus”, lo hemos visto durante décadas, cómo los grupos, corrientes y liderazgos que disputan espacios dentro de organizaciones que nacieron defendiendo causas comunes. Tener diferencias ideológicas resulta natural, el problema llega cuando la discusión deja de ser sobre ideas y comienza a girar alrededor de quién obtuvo una candidatura, quién controla una estructura o quién conserva determinado espacio.
Entonces aparecen los ingredientes más humanos de la política, y por eso mismo los más difíciles de administrar. Aspiraciones personales, viejos desencuentros, rivalidades, fobias, rencores y cuentas pendientes pueden convertir una competencia interna en una batalla interminable.
Las corrientes son útiles cuando representan ideas, territorios y formas distintas de entender un proyecto, pero dejan de serlo cuando su propósito principal consiste en conservar candidaturas, cargos y cuotas de poder. En ese momento la organización empieza a trabajar para sus grupos y los grupos dejan de trabajar para la organización.
Unidad tampoco significa, y menos en Morena, silencio ni obediencia automática. Un movimiento amplio necesita discusión, crítica y competencia interna. Necesita también reglas que permitan perder una decisión sin abandonar el proyecto y ganar otra sin intentar desaparecer al adversario interno. De eso depende que una diferencia termine en debate o se convierta en fractura.
Cruz Pérez Cuéllar tiene ahora una responsabilidad estatal. Andrea Chávez tiene una responsabilidad fundamental en Ciudad Juárez. Cada uno conserva su liderazgo, sus colaboradores, sus simpatizantes y seguramente sus propias aspiraciones. Nada de eso tendría que ser incompatible mientras ambos entiendan que pertenecen al mismo movimiento, y que para la presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigencia nacional del partido es importantísimo conservar Juárez con una amplia ventaja, y por supuesto, arrebatarle al priamismo el estado de Chihuahua.
Después de meses de competencia interna, encuestas, declaraciones, desencuentros y acomodos, comienza una etapa distinta. Los dos grupos tendrán muchas prioridades políticas, territoriales y electorales en los próximos meses. Pero antes de cualquiera de ellas hay una que puede determinar todas las demás: preservar y construir la unidad del morenismo chihuahuense, a través de las acciones públicas y privadas.

