La gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, acudió hace unos días a los medios nacionales para ampliar su Cuarto Informe y dar su versión sobre la polémica que rodea su nueva mansión, la famosa Casa Dorada, pero lo que debería haber sido un ejercicio de transparencia patrimonial se convirtió en un acto de desprecio y desconexión con Juárez, la ciudad más grande y estratégica del estado.
En la entrevista que Ciro Gómez Leyva le hizo en Radio Fórmula, la política blanquiazul se muestra cómoda cuando el periodista prácticamente le asegura que será, al menos, precandidata del PAN en 2030, algo que, por supuesto, nadie cree. Más adelante, él le menciona, aparentemente para que se defienda, que ha recibido algunos “misiles”.
“Me encanta que tiren misiles, Ciro, porque si eso es lo que están lanzando, significa que he llevado una vida limpia de acusaciones en los últimos años. Mi vida es transparente, con mis declaraciones patrimoniales en orden… la gente sabe quién es Maru Campos.” Luego explica que su esposo, Víctor Cruz Russek, “que ya pasó a mejor vida”, fue quien construyó la Casa Dorada, pero no mencionó que era proveedor ni cómo, presuntamente según Sin Embargo, incrementó sus negocios al casarse con Campos.
En lugar de abordar las preguntas sobre riqueza y responsabilidad pública, Campos se permitió descalificar a los habitantes de la frontera, a quienes llamó “juaritos”, y calificó la relación con la ciudad como “muy complicada”. ¿Cómo es posible que alguien que representa a todos los chihuahuenses se atreva a reducir a 1.5 millones de personas a un diminutivo despectivo?
Sus declaraciones son una radiografía de su desprecio. Al describir a Juárez como “una entidad aparte”, Campos insinúa que la frontera puede ser ignorada, minimizada, relegada a un segundo plano dentro del propio estado. ¿Acaso su obligación como gobernadora no es garantizar que cada municipio reciba atención y recursos por igual? ¿O cree que gobernar significa privilegiar unos territorios mientras los demás son meros apéndices sin voz ni relevancia política? Sus palabras hieren la dignidad de los juarenses, y revelan una visión de poder que confunde representación con arrogancia y distanciamiento social.
El alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, calificó a través de un video estas declaraciones como “muy lamentables”, y agregó: “Ahora entiendo por qué las prioridades están en otro lado. Aquí no somos juaritos, somos chihuahuenses y somos juarenses. La gente de la capital, también, merece todo nuestro respeto, son chihuahuenses. En pocas palabras, en los 67 municipios somos chihuahuenses. Lo bueno, es que muy pronto va a cambiar esta realidad y habrá respeto para todas y todos los chihuahuenses, vivan donde vivan”.
Su mensaje deja claro lo que Campos parece ignorar: Juárez no es un territorio de segunda y sus habitantes merecen respeto, inversión y políticas públicas concretas.
La Casa Dorada, con todo su lujo y notoriedad mediática, se convierte así en un símbolo, porque mientras la gobernadora sigue mostrando sus bienes, los juarenses enfrentan carencias históricas, marginación y olvido institucional. ¿Qué autoridad moral tiene alguien que trivializa a la población que debería proteger y representar? Gobernar no es ostentar, ni aparentar, ni lanzar declaraciones que hieren; gobernar es escuchar, atender y actuar con equidad, especialmente con quienes han sido históricamente relegados.
Hasta ahora lo que hemos visto de Campos es una mezcla de cinismo y desconexión. La frontera se percibe como “una entidad aparte”, los juarenses son “juaritos” y sus preocupaciones quedan relegadas. Este desprecio no es solo retórico sino la confirmación de que para algunos políticos el poder y el privilegio pesan más que la justicia y la responsabilidad.
Mientras esta visión persista, Ciudad Juárez seguirá siendo ignorada y sus habitantes tendrán razones para preguntarse si Campos gobierna realmente para todos o solo para unos cuantos. Gobernar, debería entenderlo la gobernadora, no es un espectáculo de opulencia, es atender, respetar y actuar, y en ese balance la gobernadora de Chihuahua sigue debiendo explicaciones.

