Hay personas que trabajan para que otras entren, miren, escuchen y, quizá sin haberlo planeado, descubran algo que las haga regresar. Miriam Arely Hernández Ballinas se dedica precisamente a construir esos encuentros. Desde la Jefatura de Formación de Públicos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), desarrolla proyectos de fomento a la lectura, visitas guiadas y talleres de arte y cultura.
Su trabajo consiste en acercar estudiantes, niños, familias y adultos mayores a espacios culturales que todavía buscan convertirse en parte de la vida cotidiana de la ciudad.
La tarea comenzó prácticamente desde cero. Aunque una parte de la población ya conocía el espacio que hoy ocupa el Centro Cultural de las Fronteras, su historia como recinto cultural apenas alcanza una década.
“Hace 10 años que sirve como centro cultural y, aunque suene mucho, en realidad es poco tiempo para un espacio cultural”, recordó Hernández Ballinas. La infraestructura de la Universidad ofrece numerosas posibilidades, añadió, pero conseguir que las personas se identifiquen con estos lugares requiere tiempo y trabajo constante.

En una ciudad donde acudir a museos, galerías o centros culturales todavía no forma parte de las costumbres de amplios sectores de la población, la apuesta consiste en generar razones para acercarse.
“En Juárez sobre todo no se acostumbra a visitar espacios culturales; sin embargo, en eso trabajamos, en tratar de que sea una opción para las familias”, señaló. Formación de Públicos trabaja junto con áreas como Culturas Populares y Divulgación Científica para crear actividades capaces de conectar con diferentes comunidades.
Para Hernández Ballinas, esa labor forma parte de la responsabilidad social de la Universidad. El compromiso comienza con los estudiantes y la comunidad universitaria, pero alcanza también al resto de Ciudad Juárez. La intención, agregó, es ofrecer actividades que puedan ser disfrutadas tanto por universitarios como por cualquier persona interesada en participar.
“Dentro de las responsabilidades está también formar alumnos integrales, que puedan acercarse a vivir las experiencias culturales”, dijo.
Ese trabajo adquiere otra dimensión en una ciudad marcada durante años por la violencia, la desintegración familiar, la violencia doméstica y el narcotráfico. Acercar a diferentes públicos al arte también representa una forma de reconstruir relaciones comunitarias.

“Es hacer una apuesta por la cultura de paz y por actividades que refuercen el tejido social”, afirmó Hernández Ballinas, quien considera que los espacios culturales pueden convertirse en lugares de convivencia y encuentro.
Ella misma ha observado lo que sucede durante esas actividades. Por algunas horas, las preocupaciones cotidianas pueden quedar fuera mientras las personas leen, pintan, escuchan música o contemplan una exposición.
“Son espacios de convivencia donde por un momento te puedes olvidar del día a día, de la rutina, de los problemas, porque estás en un momento de disfrute, de acercamiento a la creatividad y a la expresión artística”, explicó.
Para ella, esa relación con el arte constituye una necesidad relacionada también con la calidad de vida. Por eso, desde su perspectiva, detrás de cada actividad existe algo más amplio que su programación.
“Para nosotros no solo es un taller de pintura, no solo es una presentación de libro, un concierto”, dijo.
Quienes participan, agregó, pueden llevarse una experiencia y también un recuerdo relacionado con su propia historia en Ciudad Juárez. Estudiantes, niños y familias terminan construyendo mediante estos encuentros otra memoria de la ciudad donde viven.
La cantidad de actividades universitarias aumenta considerablemente durante temporadas como los aniversarios, el Festival de Otoño y el verano. A los eventos masivos se agregan acciones desarrolladas desde las áreas de formación cultural, vinculación, gestión y administración de espacios.
“Son muchísimas las actividades que se hacen”, comentó Hernández Ballinas. Algunas tienen menor alcance numérico, pero forman parte de procesos de formación o descubrimiento, como campamentos culturales, talleres de arte, Bellas Artes y actividades de Culturas Populares vinculadas con pueblos originarios.
Formación de Públicos también sale al encuentro de los estudiantes. Los Oasis de Lectura, por ejemplo, llegan directamente a los institutos y atienden aproximadamente a 300 alumnos en sus actividades. A ello se suman mensualmente entre ocho y diez visitas guiadas, con grupos de 20 a 40 personas provenientes de escuelas, centros comunitarios, grupos de adultos mayores y público general.

“Es una de las que conservamos porque sabemos que el alcance es alto y además es muy cercano con los estudiantes”, explicó.
Todavía no existe una cifra global precisa sobre cuántas personas participan cada mes en toda la oferta cultural universitaria. Hernández Ballinas explicó que trabajan para contar con documentos que permitan respaldar y dimensionar ese trabajo mediante el Observatorio Cultural.
Esta área depende de Vinculación Cultural y registra actividades realizadas tanto por la Universidad como en Ciudad Juárez, estableciendo además alianzas con instituciones educativas, asociaciones civiles, productores culturales y proyectos independientes para conocer cómo se mueve la actividad cultural local.
Pero el desafío cambia constantemente porque también cambian quienes ocupan las butacas, recorren las exposiciones o participan en los talleres.
“Cada cierto tiempo la juventud cambia, los jóvenes cambian, tienen otros intereses, tienen otras formas de comunicarse”, señaló.
Por ello, Formación de Públicos debe innovar continuamente para acercarse a universitarios, niños y personas mayores mediante propuestas que resulten atractivas y, al mismo tiempo, puedan dejar alguna experiencia significativa.
“No podemos gestionar solo desde el escritorio, sino que también tenemos que estar cercanos a ellos, acompañándoles en la visita, platicando con ellos para saber qué les parecen las actividades”, afirmó Hernández Ballinas.
Escuchar directamente a los asistentes permite conocer si las estrategias funcionan o necesitan modificaciones, una dinámica que considera entre las partes más retadoras y entretenidas de trabajar dentro de un centro cultural.
Al final, su invitación es sencilla: entrar y explorar. “Si nos atrevemos a explorar, acercarnos, a preguntar, vamos a descubrir nuevas cosas”, expresó. Desde su área buscan comunicar la oferta cultural y recibir a quienes decidan conocerla con apertura y disposición. En esa tarea participan también numerosos estudiantes de servicio social, con quienes trabajan para que la experiencia del visitante comience desde el momento mismo de su llegada.
El Centro Cultural de las Fronteras es uno de esos puntos de encuentro, pero Hernández Ballinas recuerda que la oferta se extiende por toda la UACJ.
“Siempre van a encontrar alguna actividad en la que se puedan relacionar”, concluyó.

