Los astros que orbitan
se vuelven materia, alma, radiación
de un tiempo donde el oasis llegó
a conquistar al viajero,
donde el aliento de las tempestades
sembró armonía sobre la mesita de noche,
y el encuentro del sueño dorado
sumergido en el espejismo de la piscina
esa, donde un ojo de agua
le mostró al destino
unas pupilas dilatadas que pasean
por los templos del mundo
hechos de arena.
Y entonces llegan las gaviotas
a continuar con el canto del tiempo posible,
del advenimiento del fuego que baila
en un círculo cerrado en la habitación,
dormir, despertar y andar en punta de pie,
saboreando el sueño Caribe
con esa aura que irradia
las oraciones primarias.
***
Porque el swing se lleva en cada remeneo
y el elixir es voluntad de los alquimistas
para ver en esa silueta espíritu carne
maga cocodrilo turpial sangre
mujer de agua y vino para un cuerpo
en los caminos de un toque eléctrico,
estrella en tu lengua donde las ánimas flotan
sobre montañas sagradas,
pantera esperando a la gacela
al lechón al transeúnte descuidado
y la luz de la glándula pineal
entre las piernas, sabor dulce
fuente delirio que se mezcla con el francés,
el inglés el español al ritmo de un bongó
y la cintura haciendo una curva
en medio de un baúl que suena
entre esquinas de arena y el sabor de café
a una distancia prudente
del leñador que despierta
con una piel que renace como culebra,
pasas del fruto prohibido
al espíritu y la comida en una hamaca
en la mueca una sonrisa
donde flotan los helechos
que se vuelven sol viento
luna calle salsa con
me fascina esa mujer
cuando asume su papel
en el juego del amor
en el devenir saliva
y lenguas que chocan suave
para callar y continuar
con un nada sin ti
dibujada en la cartografía que levita
sobre la esterilla de tu ombligo.
***
Porque la ilusión, a veces,
es aquello y otras cosas
que atraviesan una pared
y hace invisible el encuentro,
porque la pared existió
solo para nombrar lo desconocido
y entonces las camas vuelan
de un lugar a otro igual que las aves
picotean, a veces, bajo las sábanas,
otras, danzan en círculo por el techo
y se transforman en puntos blancos
donde se lavan los platos,
en el movimiento de la lavadora,
en el maullido de una gata
que también celebra,
y es cuando el extrañar pulveriza
la arena con la borrasca
y el afán de volver a ese recuerdo
cuando montados sobre un caballo
llegaban al monte alto en búsqueda
de la fotografía inusual.
Y las transformaciones
son forros de almohadas
que se cambian por el desgaste
de las piernas expandidas,
y la negación como arma biónica
para evitar cualquier tipo de placer,
mientras el café se vuelve posibilidad
al buscar en su aroma y de los
perfumes, el buqué abierto
a los portales secretos
de cuerpos que se diluyen cuando
vivos y conectados en las esencias
de luces y sombras forman parte
del espejismo, al haber escuchado
que el sudor hace su trabajo
y el corazón, a su modo, también.
***
Pasa un huracán y se lleva hasta
el polvo que está debajo de la computadora,
ese dolor que te da expansión
esa culpa heredada que te pega
un coñazo porque no debes pensar
otra cosa que no sea esa culpa,
y que esa culpa tuya no es por amor
si no por el desamor que te lleva
a una esquina a comprar cigarros,
no hay otra forma de liberase sino esta
como si estuviera siguiendo
un patrón en la arena,
una ilusión que se debe alcanzar
y las palabras son: aguante y dele
porque se vuelve magnética la ilusión
porque las noches cantan solas,
el grillo no tiene norte,
y la esperanza está en el horizonte
del mar, como una causa, una ilusión visual
un tic al misterio.
O un efecto, o un abrazo,
ahí es donde todo vuelve y se acaba
porque no hay que tener tanta cercanía
para estar cerca, porque desde anoche
todo cambia en una aparente soledad
en una nota distinta en el impulso
por la convergencia.
Recuerda que no es para ti esto
pero pensándolo bien, sí,
es también para ti
este naufragio con piedras
en el medio del camino insurrecto,
en la orilla de la ballena asesina,
en el regodeo de las mariposas azules,
en la transformación de la carne,
en el líquido chupado una vez
dos, tres, cuatro, cinco veces,
en el sueño de querer al pobre
transeúnte pidiendo pan,
azucena de labios carmesí
ese día especial en el hotel
flotando sobre litros de agua
para volver a las cuatro paredes
picando en el necesario albedrio.
Y las pausas llegan y de nuevo
un vivo, un gato, una jirafa,
una pareja en la habitación de al lado
unos camellos que se multiplican
porque empieza la agonía,
y las cosas son así y ahora tengo
voluntad de ver como dentro crece el olvido,
tanto ron en ofrenda, tanta apuesta,
tanto paso en falso y no necesitas nada
porque el embrujo está en esos labios,
en ese punto y seguido
de la mirada perdida,
en el escondrijo de los abrazos
fundidos con esas pupilas de leona,
y en medio de tanta tempestad
hay una flor amarilla que regar,
un silencio sordo por volver a las plantas,
al agua invisible en tu lavamanos
al rostro imperfecto del recuerdo.
***
Sigue rondando la sombra,
no se aparta o no quiero que se aparte
ya me confundo con el te sin azucar,
extraña noción que deja el sueño
porque todo está y no está,
camino incierto, indeterminación,
paraiso que se volvió arena en la cama
en medio del recuerdo que penetra,
subyuga, se supone que ya
—eres un hombre curado o lo mejor es
lazanse al vacio—
pero algo extraño hace que vuelva
a
la mente, una foto, el paseo
en
la casa, los elefantes invisibles,
los tres huevos que quedaron en la nevera,
y en eso,
los zopilotes rondan por el espacio
pero no hay nada qué hacer,
la presa deja que la olfateen,
y las aves carroñeras la deboran.
La retirada fue estratégica
porque la película que vino después
se parece a esto:
un remolino de aire desgastado
una tijera sobre la cama
una sombra enredada a otra sombra
una quietud sospechosa de salamandra
una perra devorándose a si misma,
un encuentro letal en la playa.
El tiempo del film se hace bucle
pegado a la muerte.
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Luis Manuel Pimentel. (Barquisimeto-Venezuela). Doctor en Estudios Literarios por la Universidad de La Coruña, España. Magister en Literatura Iberoamericana, Universidad de Los Andes, Venezuela. En poesía ha publicado: Figuras Cromañonas (2008). Esquina de la mesa hechizada (Premio de poesía bienal de Literatura Rafael Zárraga, 2011), Canción de Cuna para Ananda (2017), Estuvieron cerca los almendrones mientras creímos haber amado (2021), Falla de borde (2023), Telelolo (2024), Espejismos de Cabudare y Pasajero 146 (2025). En narrativa: Triángulos alterados (2015), Ventanas panorámicas (2021), Una pista en el exilio (2022), La Torre pájaros (2021 – 2026). Director-Fundador del portal de semiótica elsignoinvisible.com y de Fuego Blanco Ediciones. Reside en La Coruña.

