Hay una línea que separa la crítica legítima del delirio peligroso. Lilly Téllez y Alejandro Moreno decidieron cruzarla con entusiasmo, micrófono en mano y mirada puesta no en México, sino en Washington.
En su afán por desgastar al gobierno mexicano, ambos prianistas han coqueteado —abiertamente— con la narrativa que justifica una intervención extranjera bajo el pretexto del combate al narcotráfico. Poco importa el costo: soberanía, estabilidad regional o el riesgo real de una escalada militar. El objetivo es otro: provocar, escandalizar y ganar reflectores.
El presidente Donald Trump declaró que México tenía problemas graves contra el narcotráfico y fue más allá al asegurar que estaba gobernado por el crimen organizado, poco antes de iniciar una ola de asesinatos extrajudiciales contra presuntos narcos en el mar del caribe, a los que identificó como narcotraficantes venezolanos. Luego el presidente de EU aseguró que no descartaría ataques en tierra en territorio mexicanos, en caso de ser necesario.
En ese clima, Téllez y Moreno optaron por avivar el fuego. Desde el discurso mediático y la puesta en escena internacional, empujaron la idea de que México es una “narcodictadura”, abonando a la narrativa que Trump y su entorno han utilizado para semanas después justificar despliegues militares en el Caribe y el Pacífico y amenazas directas a países soberanos. No es una ocurrencia aislada, más bien se trata de una estrategia irresponsable que normaliza la intervención como solución.
Téllez dio al menos tres entrevistas en Fox News durante el mes de agosto en las que solicitó ayuda del gobierno de Estados Unidos para terminar con el narcotráfico. Al problema de seguridad le agregaron el ingrediente político, de calificar al gobierno morenista como “comunista”. La panista fue calificada de traidora a la patria por parte de Morena y de la presidenta Claudia Sheinbaum. No era para menos.
El episodio de Alejandro “Alito” Moreno planchando una camisa en un hotel de Washington mientras anunciaba reuniones para “evitar” una supuesta “narcodictadura terrorista y comunista” sintetiza el problema en su frivolidad y alarmismo al servicio de la injerencia. La política convertida en performance, con consecuencias potencialmente trágicas.
Por eso, ambos destacan en nuestro Anuario 2025, en el renglón de Los Más Ridículos. No por una anécdota viral, sino por algo más grave, ya que promover, desde la comodidad del micrófono, un escenario que podría desembocar en una invasión. Ridículo no es el gesto; ridícula —y peligrosa— es la idea de que México necesita ser “rescatado” por fuerzas extranjeras.
La crítica al narcotráfico es necesaria. La entrega de la soberanía, no. Entre el análisis serio y el espectáculo intervencionista, Téllez y Moreno eligieron el aplauso fácil en el extranjero. El costo lo pagaría el país.

