Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surge de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general.
Edgar Allan Poe
En el universo de Angry Birds, específicamente en el primer filme llevado a la pantalla, las aves conocidas como Red, Chuck, Terence y Bomb son vistas dentro de la comunidad como individuos que no encajan en la lógica generalizada. Los tres están tomando terapia.
Se dice que en la antigua Unión Soviética se instruyó una estrategia basada en la psicopolítica para deshacerse de los enemigos. En el manual de lavado de cerebro se dictaba: “Ustedes pueden paralizar la eficiencia de los líderes provocando la locura en sus familias a través del uso de drogas. Ustedes pueden borrarlos con el testimonio respecto a su locura” (Hubbard, 1955, pág. 2). Si bien no puede ser el caso de nuestros protagonistas, sí puede ser que ellos creyeran estar tan locos como la sociedad los había condenado. Esta lógica, que se dice instituyó Rusia para penetrar en territorio enemigo y ganar lealtades, nos hace pensar si realmente lo que hoy se denomina locura no resulta ser una antítesis.
La semana pasada traíamos a la palestra cómo han ido en aumento los trastornos psicológicos y cómo cada vez aparecen nuevas variantes y miles de medicamentos para aliviar la tensión provocada por el ritmo acelerado de la vida y su sociedad.
El mensaje de los poderes hegemónicos actuales no se contrapone a las prácticas suscritas en el manual de psicopolítica. Se expone que la rebeldía debe estar marginada y se utiliza, para este fin, una etiqueta desde la psiquiatría, “diagnosticando” una conducta desafiante mediante la aplicación del DSM-V. Por lo tanto, para la ira no existe justificación y debe ser abolida. Así, los desequilibrados son sometidos a una terapia disuasiva que, de no prosperar, sería sustituida por una terapia de fuerza o por su confinamiento en una prisión.
Cuando las aves arriban a Isla Cerdito, encuentran un castillo gigante con altas murallas. Aquí, Matilda —el ave que hace las veces de psicoterapeuta— llega a la conclusión de que sus terapias obedecían a una lógica distinta y que la verdadera esencia de las aves es silvestre. Esto queda implícito en el siguiente diálogo que ocurre en las inmediaciones del castillo:
Matilda: Muchachos, ¿recuerdan todas esas cosas que aprendieron en mi clase?
Red: Sí.
Chuck: No.
Bomb: ¿Cuál clase?
Matilda: Pues olviden todo por ahora, este es momento de soltarse.
Red: Qué bueno, porque no aprendí nada de nada.
Chuck: Yo tampoco, sólo voy a comadrear.
Bomb: Yo voy por las botanas, ¿no tendrás una por ahí? ¿O sí?
(Winder, 2016, min. 1:05:03-1:05:52).
Queda de manifiesto, a la vez, que las aves nunca tuvieron interés en modificar su conducta; sólo obedecían a los poderes legítimos que los condenaron por ser “diferentes”, pues existía una resistencia a perder la naturaleza de su comportamiento. Toda la terapia era una farsa y un performance perfecto: Matilda tratando de engañarse a sí misma mientras creía poder, mediante la ciencia, modificar los impulsos innatos de las aves, en tanto que estas, a su vez, fingían reformarse ante los ojos de terceros.
Aquí podemos asomarnos a la realidad de las escuelas. Allí encontraremos a maestros y maestras que se conducen bajo la premisa arraigada de “hacen como que me pagan, hago como que trabajo”. Por otro lado, alumnos cuyos intereses distan mucho de lo que oferta el sistema educativo y que terminan reprimiendo sus verdaderos deseos al encontrarse en el círculo infinito del performance: “Siempre es la misma función, el mismo espectador, el mismo teatro, en el que tantas veces actuó” (Bunbury, 1993).
La ira de la que son presa Red, Chuck, Terence y Bomb emerge como una fuerza liberadora ante el sometimiento y la represión que ejerce el poder. La ira es un síntoma.
La preocupación de los “poderes legítimos” y su actual perversión utiliza también todos los mecanismos a su alcance para limitar estas expresiones de ira, dado que las mismas representan una amenaza potencial; pues, una vez estructuradas y, como se ha apuntado en la psicología de masas, con la sugestión recíproca necesaria, podrían organizarse y transformarse en violencia revolucionaria.
Analicemos la manera en que estos personajes logran iniciar una revolución y derrocar un imperio. Para ello, remitámonos a la crítica que realiza Atilio Borón al texto Imperio (Negri, 2000). En este texto los autores señalan como solución para romper con la hegemonía del imperio: “El derecho general a controlar sus propios movimientos es la demanda última de la multitud por una ciudadanía global” (Negri, 2000, pág. 347).
Esta afirmación resulta ilusoria en el plano simbólico al que nos remite Angry Birds, pues es evidente que la masa no logrará emanciparse ni conseguirá congeniar siquiera en una opción general de libertad fuera de las ataduras que impone el imperio. Para ello es importante analizar la afirmación que suscribe Freud:
La masa es extraordinariamente influible y crédula; es acrítica, lo improbable no existe para ella. Piensa por imágenes que se evocan asociativamente unas tras otras, tal como sobrevienen al individuo en los estados del libre fantaseo; ninguna instancia racional mide su acuerdo con la realidad. Los sentimientos de la masa son siempre muy simples y exaltados. Por eso no conoce la duda ni la incerteza (Freud, 1992, pág. 74).
En la tesis freudiana, las masas se comportan de forma más irracional, guiadas más por la sugestión que por un propósito claro. Prueba de ello es que, en el filme, los pájaros se vuelven irracionales ante las propuestas de los cerdos y se conducen únicamente en función de la sugestión del momento. Por esta razón, sólo Red consigue dudar, identificar un problema aparente y diseñar un plan que le permita, primero, demostrar su razón y, después, recuperar los huevos que los cerdos sustraen de toda la isla, únicamente con el apoyo de quienes creen en él.
Existe una escena en la que Red decide intervenir y no intervenir a la vez, pues para él es preferible que sea Águila Poderosa quien lleve a cabo la batalla. Sin embargo, es consciente de que se encuentra ante la oportunidad de su vida. Por un lado, quiere cerciorarse de si realmente todo lo que se dice de Águila Poderosa tiene algo de verdad; por otro, no quiere arrepentirse de haber sido siempre el incrédulo y desea tener la certeza de que las pulsiones que castigan su conciencia tienen un fundamento genuino.
Red no ve nada normal en lo que hacen los cerdos; por ello decide investigar y logra desenmascararlos:
Red: Oigan les diré algo. Si alguien sabe lo que traman esos cerdos es Águila Poderosa.
Bomb: Y Águila Poderosa, ¿aún vive?
Chuck: ¿Alguna vez vivió? Y si sí vivió, ¿en dónde viviría?
Bomb: Junto al lago de la sabiduría, en el árbol ances- tral.
Chuck: Es un cuento de hadas, he andado por toda la isla, ¿dónde podría estar metido?
Red: Muy en lo alto. (Señala hacia lo más alto de la montaña más alta de la isla). Es un largo camino de subida, y les voy a ser franco (musitando), la verdad sí necesito su ayuda.
Chuck: Qué, qué, ¿qué es lo que intentas decir?
Red: Nada, sólo decía (nuevamente entre dientes), que necesito su ayuda.
Chuck: Ah, disculpa. No escuché bien. Te tapa tu ego, podrías articular bien esa última palabra.
Red (con voz fuerte): Necesito su ayuda.
Chuck: Ah, ¿por qué no lo dijiste antes?
Bomb: Ahhhh, darle
(Winder, 2016, min. 42:25- 43:50).
Red aún teme a lo desconocido. Las historias todavía le producen una sensación de temor; requiere del acompañamiento y de la aprobación de sus compañeros desquiciados, de sus compañeros iracundos a quienes los poderes legítimos habían señalado como insanos mentales. Chuck comparte su síntoma, pero lo expresa de diversa forma; Bomb no vacila, y ya se ha dado una pequeña ligazón, una identificación entre los personajes, para llevar a cabo una misión que nadie más intentaría realizar.
El ego es considerado el Yo en algunas traducciones de la obra freudiana. Así, cuando Chuck se refiere a que lo tapa su ego, puede interpretarse como una censura propia del mismo Yo consciente, debido a que, aun cuando ya lo ha expresado, lo hace en un tono apenas audible. Se niega todavía a aceptar esta etapa consciente, incluso después de que el Yo preconsciente ha cedido.
Existe una resistencia a aceptar ayuda externa, la cual se disuelve cuando finalmente decide pasar a la acción y enfrentar las represiones de las que ha sido objeto. La escena anterior nos remite a la exposición de Atilio Borón cuando se refiere a la multitud invocada en el texto Imperio; señala que “la composición social de tales movimientos revela que la presencia de éstos está lejos de ser preponderante. En todo caso, el movimiento ‘no global’ representa uno de los desafíos más serios con que tropieza el imperio realmente existente” (Borón, 2004, pág. 21). Los sucesos de la película encarnan, entonces, al trío de desequilibrados al que se impulsa para emular un movimiento “no global”, el cual termina, al menos en la primera entrega, ganando la batalla; no así en el videojuego, pues en éste el rey, una vez derrotado, es reemplazado por otro que ya se ha fortalecido.
El movimiento “no global” termina provocando que las aves construyan un barco con los restos del material que dejaron los cerdos. Así, al llegar a Isla Cerdito y observar que los muros son impenetrables, Red concibe la idea de utilizar la resortera gigante para traspasar las barreras. De esta forma, se hace uso de uno de los instrumentos con los que fueron dominados para revertir los sucesos. El movimiento “no global”, dadas las condiciones propicias, tiende a convertirse en un fenómeno de masas debido a la pérdida de sus pertenencias más queridas: “sus huevos” (hijos).
Para llegar a un feliz término, el movimiento “no global” requiere propiamente generar un fenómeno de masas, pues de otro modo no se podrá ir más allá de ser una molestia menor para el imperio (lo que no significa que sea un fracaso). Entonces, hacia donde deben apuntar estos movimientos es a la búsqueda de una sugestión recíproca con otros movimientos. Entendida de esta manera, la primera consecuencia del movimiento “no global” es el descubrimiento de Águila Poderosa, quien resulta ser más ave que cualquiera y más común que el común de los habitantes, y no el dios que se pretende encarnar alegóricamente.
La consecución de una victoria por un movimiento tan sui generis como los aquí expuestos dará prestigio a una cabeza visible. No obstante, se requiere de una identificación con otros movimientos que también busquen la emancipación por otras vías y, una vez logrado el objetivo, el movimiento desaparecerá tal como hizo su aparición repentina.
Red, Chuck y Bomb, aun teniendo a la masa en contra, aprovecharon el momento de desencanto que trajo consigo la caída de las máscaras de los puercos; invirtieron la sugestión y la encauzaron hacia el logro de un objetivo: “recuperar los huevos hurtados”. De esta manera, Red, quien había sido humillado, fue revestido como el conductor de la masa. Queda claro que su reivindicación y su prestigio restituido fueron ganados a fuerza de tenacidad.
Trabajos citados
Borón, A. (2004). Imperio e imperialismo (Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri) (Quinta ed.). Buenos Aires, Argentina: Clacso.
Bunbury, E. (1993). La herida. El espíritu del vino. Londres, Reino Unido: Emi Music.
Freud, S. (1992 a). Psicología de masas y análisis del yo. En F. Sigmund, Obras completas (J. L. Etcheverry, Trad., Vol. XVIII, págs. 63 – 136). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores.
Hubbard, L. R. (1955). Manual de lavado de cerebro. Saint Hill Manor East Grinstead Sussex, Inglaterra: Hubbard College of Scientology.
Negri, M. H.-A. (2000). IMPERIO. Cambridge: Harvard University Press.
Winder, J. C. (Productor), Vitti, J. (Escritor), & Reilly, C. K. (Dirección). (2016). Angry Birds [Película]. Estados Unidos: Columbia Pictures.

