No gritan, pero hacen ruido.
No explican, pero dejan marcas.
Y no vienen a salvar nada, porque nunca creyeron que el rock necesitara redención.
Austero, integrado por Rafael Ruiz (guitarra), Robi Ruiz (batería) y Luis Perea (bajo), nació en Ciudad Juárez, y eso se escucha aunque no lo subrayen. Hay una sequedad que no pide permiso, una aspereza de frontera que no se pule con plugins ni con discursos. Música hecha desde un lugar donde el tiempo pesa distinto, donde todo puede irse mañana, así que lo único sensato es que lo que hagas hoy sea real. No correcto. Real.
Esta entrevista no gira alrededor de un disco. Gira alrededor de una postura, porque Medio Camino es la constatación de algo incómodo, algo que todavía se puede hacer música pensando primero en el cuerpo, en el golpe, en el trayecto emocional, y después —si acaso— en el recorte.

Ese posicionamiento no apareció de golpe. Medio Camino fue tomando forma a lo largo de un trayecto sostenido de lanzamientos que funcionaron menos como “singles” y más como estaciones de paso. “Jacky Boy” abrió el camino desde la urgencia; “Vox Populi” tensó el nervio colectivo; “Desde el Principio” dejó ver que la melodía podía convivir con el peso sin concesiones. Cuando llegó “Go To The Light (Too Old To Die Young)”, junto a Nick Oliveri, ya no se trataba de sumar un nombre, sino de confirmar afinidades reales. “HARD”, cerrando el ciclo, terminó de fijar una idea: Austero no estaba preparando terreno, estaba marcándolo.
Austero entiende cómo funciona el mundo actual. Entiende el streaming, los algoritmos, la velocidad, la ansiedad del consumo. Justamente por eso decide no obedecerlos. Hablan de “espacio” no como consigna estética, sino como acto político, dejar respirar una canción, ir al verso y al coro sin rodeos, salir cuando la canción ya dijo lo que tenía que decir. Nada más. Nada menos.
Hay una palabra que atraviesa todo: ética. No como bandera moral, sino como método. La experiencia de haber trabajado en Electrical Audio, bajo la lógica de Steve Albini, no aparece aquí como reliquia ni como credencial, sino como una forma de estar en el estudio y frente a la música: toma viva, decisión, unidad, asumir consecuencias. Ese aprendizaje sigue operando incluso ahora, filtrado y adaptado a procesos híbridos, sin traicionar el núcleo, para no convertirse en caricatura de lo que admiras.

Austero habita ese territorio raro donde el rock pesado todavía puede ser contemporáneo sin pedir disculpas ni disfrazarse de nostalgia. Lo dicen sin urgencia y sin pose, casi como quien enuncia una verdad aprendida a golpes: nada es para siempre. Ni las escenas, ni las modas, ni siquiera las bandas. Por eso lo único que vale la pena es que lo que hagas ahora te pertenezca de verdad.
Lo que sigue no es un cuestionario. Es una conversación sobre tiempo, desgaste, recorrido, memoria, peso, melodía y decisión. Un diálogo con una banda que entendió que ir a Medio Camino no es quedarse a medias, sino saber exactamente desde dónde estás hablando.
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El disco se llama Medio Camino. ¿Desde dónde sienten que están parados hoy: más cerca del origen o más conscientes del lugar al que quieren llegar?
La experiencia que tenemos como banda a lo largo de los años ya nos da una idea mucho más clara. Después de lanzar un primer álbum, lanzar un segundo es diferente, porque entendemos mejor cómo funciona todo, incluso aunque el panorama cambie rápido con el streaming, las redes sociales, los algoritmos y todo eso. En resumen, ahora sabemos más claramente hacia dónde vamos con este disco.
Han hablado de recuperar “espacio” en un momento donde todo compite por segundos y reacciones. ¿Cómo se traduce esa idea de espacio en decisiones musicales concretas dentro del álbum?
En nuestro caso eso se traduce en no pensar en los algoritmos a la hora de hacer la música. Nosotros hacemos la música que nos gusta, sin importar si la canción es larga o no. Después, cuando la música ya está lista, la adaptamos para formatos más cortos en redes sociales o videoclips. Lo que sí ha cambiado es que, al componer, reducimos un poco la repetición: vamos más directo al verso, al coro, y las canciones se han vuelto de tres o cuatro minutos máximo, con alguna de cinco. Así es como este cambio en el consumo de entretenimiento nos ha impactado.

“A Través del Tiempo” gira alrededor de una frase insistente: “Nada es para siempre”. ¿En qué momento esa repetición dejó de ser una idea y se volvió una verdad personal para ustedes?
Creemos que esa idea en algún momento de la vida se presenta para todos. Uno lo piensa o alguien te lo dice, y con la edad te das cuenta de que es una verdad universal. La vida avanza, la gente viene y se va, algunas personas se van para siempre. Lo mismo pasa con amigos, oportunidades, momentos, proyectos, incluso la diversión tiene su límite. Eso te lleva a querer aprovechar la oportunidad que tienes enfrente.
Muchas bandas usan la repetición como consuelo. En su caso parece más un acto de desprendimiento que de alivio. ¿Fue una decisión consciente no suavizar esa idea?
Más que verlo como un desprendimiento o un alivio, es simplemente lo que es. Últimamente hemos hablado mucho de que lo que expresamos viene sin filtro, y realmente es así. Tenerlo presente es aprovechar lo que tenemos ahora, en lugar de estar mirando siempre al futuro o recordando el pasado con nostalgia. Es vivir esos días buenos en el presente, sin tener que recordarlos después como algo que ya no está
En trabajos anteriores ya se percibía esa tensión entre peso extremo y sensibilidad melódica. ¿Sienten que en Medio Camino esa dualidad finalmente se equilibró o sigue siendo un conflicto deliberado?
Logramos un equilibrio, aunque no fue algo totalmente consciente. Simplemente trabajamos en las canciones y dejamos las que sentíamos que encajaban bien en el álbum, y así se dio un balance que fluye como un camino a través de distintos sentimientos. De hecho, ordenamos el tracklist para que lleve de un estado de ánimo a otro: de algo más enérgico o feliz, a algo más enojado, melancólico, nostálgico. Así que más allá de lo pesado o lo melódico, es como un recorrido emocional.
Han mencionado que hubo un tiempo en el que la música importaba porque “nos pertenecía”. ¿En qué momento sintieron que eso se estaba perdiendo y cómo evitaron que les pasara a ustedes?
La verdad es que cuando decimos que la música nos pertenecía, no es solo en el sentido de comprar un disco físico, sino de las memorias emocionales ligadas a eso. Antes, cuando comprabas un CD o un vinilo, tenías un recuerdo especial: el primer disco que te regalaron, el que llevaste de viaje, el que escuchabas en tu discman. Todo eso era una experiencia que se fue perdiendo con el acceso ilimitado del streaming. Ahora el arte, sea música, cine o fotografía, se ha devaluado en ese sentido porque todo es accesible en cualquier momento. Así que creemos que esa experiencia de que la música te pertenezca emocionalmente ahora es más exclusiva para quienes crecieron antes del streaming, o para las nuevas generaciones que decidan buscar esa conexión física de manera consciente.
Grabar con figuras como Steve Albini fue, más que un logro, una validación ética. Ahora trabajan con Víctor Velásquez en Testa Studio. ¿Qué buscaban preservar de esa filosofía y qué querían transformar en este disco?
KB trabajó mucho tiempo con Albini y trae esa misma ética y forma de trabajar. Entiende perfectamente nuestro objetivo como banda y cómo queremos sonar, así que la transición de trabajar con Albini a trabajar con KB fue muy natural. Además, grabar en su estudio en México nos parece increíble y queremos seguir haciéndolo. En este disco, lo que hicimos fue mantener esa ética de grabar en cinta, pero también trabajar en un formato híbrido con digital, para añadir algo de producción extra sin perder esa esencia de la toma en vivo.
La colaboración con Nick Oliveri mostró un Austero capaz de dialogar con otra generación sin perder identidad. ¿Qué aprendieron de ese cruce y cómo influyó en la escritura de Medio Camino?
Para nosotros fue algo muy natural, porque ya veíamos a Nick como parte de la misma generación musical que admiramos desde siempre. Escuchábamos su trabajo en Queens of the Stone Age, en Kyuss y en otros proyectos, así que más que un diálogo generacional, fue un honor trabajar con alguien que ya nos había influenciado desde que empezamos. Compartimos escenario con él y de forma orgánica surgió la colaboración. Ambos escribimos la canción juntos, sin presiones externas ni acuerdos de sellos discográficos. Fue algo que simplemente fluyó, y eso es lo más importante para nosotros en una colaboración.
Su música suele describirse como pesada, lenta, densa. Sin embargo, el nuevo material también habla de claridad y avance. ¿Qué pesa más hoy en Austero: el arrastre o el impulso?
Es una excelente pregunta y la verdad es que varía de momento a momento. No hay una regla fija, sino que depende mucho de las influencias que estemos escuchando en ese momento o de lo que cada uno trae a la mesa. Siempre tenemos en común influencias como los Melvins, que son nuestra base, y eso hace que lo pesado siempre esté presente de alguna forma. Por ejemplo, “Desde el Principio” es un tema que tiene melodía y empuje, pero también una sección pesada. Así que diría que hay un equilibrio y no nos inclinamos completamente hacia un lado u otro
En un contexto donde el rock alternativo muchas veces se diluye entre fórmulas y nostalgia, ¿cómo evitan que sus influencias se conviertan en repetición o caricatura?
Al final del día todo viene de algo que ya existió. Si te remontas al rock de los setentas, siempre hubo influencias que alguien transformó en algo nuevo. Nosotros aplicamos el mismo enfoque: no nos preocupamos por sonar igual a algo ya existente, porque la música es finita en cuanto a influencias, pero infinita en cuanto a la emoción que puede generar. Lo que importa es el momento en que la canción llega a quien la escucha, la letra, el contexto, y eso la hace única. Así que simplemente tomamos lo que nos gusta, lo que sentimos, y lo convertimos en canción.

Rolling Stone los coloca junto a bandas que están redefiniendo el rock desde México hacia afuera. ¿Sienten responsabilidad, presión o simplemente distancia frente a ese tipo de reconocimiento?
La verdad es que es un reconocimiento que apreciamos mucho, porque es un medio que conocíamos desde antes de hacer música. Pero más allá de eso, no es algo que nos genere presión, sino más bien un gusto saber que estamos ahí. Al final, lo que queremos es empujar el género y abrir puertas para otros artistas, sin quedarnos en círculos cerrados. Sabemos que la industria a veces es muy pequeña y excluyente, y queremos que haya más espacio para que todos los que tengan algo que decir puedan hacerlo.
Si Desde el Principio fue una afirmación y Medio Camino es un punto de conciencia, ¿qué tipo de banda creen que será Austero cuando mire hacia atrás dentro de diez años?
Siempre seremos una banda que hizo lo que le gustó hacer, con integridad y sin pretender ser algo que no somos. Miraremos atrás y veremos una línea transparente, sin arrepentimientos grandes en cuanto a sonido o decisiones, porque siempre hicimos música por el gusto de hacerla y no para encajar en ningún molde.
Yokoso parece conectar directamente con la energía de Stay Away de Nirvana, como si compartieran una misma ética más que una estructura. ¿Fue una referencia consciente durante el proceso o una coincidencia natural de influencias que llevan en la sangre?
Bueno, primero que nada, está muy cool que “Yokoso” te recuerde a “Stay Away” de Nirvana. De hecho, sí captura esa energía del rock alternativo y por eso nos encanta abrir los shows con ese tema, y también abre el disco Medio Camino como una especie de introducción. “Yokoso” significa “bienvenido” en japonés, así que te da la bienvenida al álbum con esa vibra muy enérgica. Es más una coincidencia natural que una referencia planeada; simplemente surgió así, porque Nirvana es una de esas influencias con las que crecimos y que llevamos en la sangre. Nos gusta empezar de cero a cien con esos riffs.

