El español o castellano es una lengua romance procedente del latín hablado, con un ritmo propio y una música muy particular. Y no, no estamos hablando de reguetón ni de una cumbia bien bailada, sino del vaivén melódico con el que pronunciamos las palabras. Nuestro idioma es una sinfonía de sonidos que, según quién lo hable, puede sonar tan elegante como un poema o tan veloz como una conversación entre madrileños en plena hora pico.
Originario de Castilla, el español pertenece al grupo ibérico y, en algunas áreas rurales e indígenas de América, se le conoce informalmente como “castilla”, porque así fue como se enseñó tras la expansión de la Corona de Castilla.
Ahora, si alguna vez te preguntaste de dónde viene la palabra “español”, la Real Academia Española tiene la respuesta. Viene del provenzal “espaignol”, que a su vez procede del latín medieval “Hispaniolus”, que significa “de Hispania”. O sea, nos llamamos así porque a los romanos se les ocurrió que España debía llamarse Hispania.
Pero el español no se hizo solo. Allá por el año 1200, el rey Alfonso X y su club de eruditos —porque básicamente eran los nerds medievales— tomaron Toledo como su cuartel general para escribir y traducir textos en castellano. Así fue tomando forma nuestro idioma, que hoy en día es la segunda lengua del mundo por número de hablantes nativos, solo detrás del chino mandarín. Y sí, eso incluye tanto a quienes hablan rapidísimo como a quienes alargan cada palabra como si estuvieran contando una historia épica.
Hoy en Poetripiados te traemos algunas palabras que quizá no conocías, con todo y sus significados, porque nunca es tarde para enriquecer nuestro español… o al menos para presumir un poco en la próxima conversación.
Acecinar
No, no escribimos mal la acción de darle fin a una vida con premeditación o cualquier otra circunstancia agravante. Acecinar es el acto de salar las carnes y ponerlas al aire, es decir, convertir un producto cárnico en cecina. Así que cuidado con una letra, porque puede cambiar por completo la conversación.
Bahorrina
Aunque a nosotros, los poetripiados, nos pareció un término que bien podría estar relacionado con la barbacoa, la verdad es que bahorrina tiene al menos dos significados. Uno se refiere al conjunto de cosas asquerosas que se han echado en agua hasta volverla sucia; el otro, al conjunto de gente soez y ruin. Así que sirve para hablar de agua puerca y también de ciertas reuniones bastante desagradables.
Cagaprisas
Sabemos que podríamos llamar así a algunos amigos o familiares, aunque probablemente no sería la mejor manera de conservar su amistad. Cagaprisas se refiere a una persona impaciente, de esas que siempre tienen prisa y parecen vivir permanentemente cinco minutos tarde.
Garlito
Sí, suena un poco a Carlita o Carlitos, pero garlito es una herramienta de pesca. Consiste en una nasa que, en su parte más estrecha, tiene una red destinada a atrapar al pez. También puede utilizarse para referirse a una trampa o engaño. Así que caer en el garlito tampoco suena muy recomendable.
Haiga
Cuántas veces nos hemos encontrado esta palabra en los comentarios de Facebook y hemos sentido el impulso de sacar el lápiz rojo. Sin embargo, haiga sí existe. Debe emplearse para referirse a un automóvil muy grande y ostentoso, como una limusina, un todoterreno de lujo o uno de esos vehículos enormes que parecen necesitar estacionamiento propio.
Idiotismo
No es la especialidad universitaria que algunos de nosotros quisiéramos cursar ni una carrera con demasiados aspirantes. Idiotismo es un giro o expresión lingüística propia de una lengua que no se ajusta a las reglas gramaticales o al sentido literal y habitual de las palabras.
Limerencia
Quizá no sepas qué quiere decir, pero es muy posible que alguna vez la hayas padecido. Limerencia es una especie de locura de amor, un estado mental involuntario en el que la atracción de una persona hacia otra llega a ser tan intensa que dificulta pensar de manera racional. Vamos, cuando el corazón toma el volante y manda al cerebro a dormir al asiento trasero.
Vulpino
Vulpino es la palabra utilizada para nombrar todo aquello relacionado con los zorros. Así que una característica, comportamiento o aspecto propio de estos animales puede describirse como vulpino. Una palabra elegante para hablar del zorro sin tener que repetir “zorro” veinte veces.
Licurgo
No, no es únicamente el nombre del famoso legislador de Esparta. Licurgo también puede emplearse para referirse a alguien inteligente, astuto y hábil, especialmente de esos que parecen encontrar una salida cuando los demás seguimos buscando la puerta. Si tu amigo consigue entrar gratis a una fiesta, encontrar mesa y además salir con comida para llevar, quizá tengas un licurgo en el grupo.
Moxte
Parece el nombre de algún platillo prehispánico, pero moxte es una voz utilizada para rechazar o espantar. Vendría a ser uno de esos sonidos que soltamos cuando queremos mandar lejos a alguien o algo. Si una mosca lleva diez minutos rondando tu plato, un buen “¡moxte!” podría acompañar perfectamente el manotazo. Que la mosca entienda español antiguo ya es otro asunto.
Niquiscocio
Suena a negocio turbio instalado en algún callejón, aunque en realidad niquiscocio significa negocio o asunto de poca importancia. Podría ser esa venta improvisada entre amigos, un pequeño trato o cualquier operación que difícilmente terminará en Wall Street. “Vendí tres libros usados y saqué cien pesos”. Bueno, tampoco fundaste Amazon: hiciste un niquiscocio.
Recancamusa
Esta palabra ya suena sospechosa desde que uno comienza a pronunciarla. Recancamusa es una maña, artificio o rodeo utilizado para encubrir un engaño. Por ejemplo, alguien te promete un producto maravilloso, te explica durante media hora sus increíbles beneficios y al final descubres que solo quería venderte algo que no necesitabas. Mucha explicación, mucha sonrisa y mucha recancamusa.
Zolocho
Todos conocemos alguno, aunque probablemente sea mejor no señalarlo durante la comida familiar. Zolocho se utiliza para describir a alguien simple, mentecato, aturdido o poco expedito. Es esa persona que busca durante cinco minutos los lentes que lleva puestos o pregunta dónde dejó el teléfono mientras habla precisamente por él. Un momento zolocho lo puede tener cualquiera; vivir permanentemente en él ya requiere cierto talento.

