A los 87 años, Maricarmen Abascal salió en camilla de la casa donde había vivido durante siete décadas. Afuera había vecinos, activistas, policías y una ambulancia. Adentro quedaban sus muebles, sus recuerdos y buena parte de una vida construida en el mismo departamento del barrio de Retiro, en Madrid. Después de años de litigios, el desalojo finalmente se ejecutó.
Horas más tarde, ya desde una cama del hospital Gregorio Marañón, con el cansancio reflejado en el rostro, Maricarmen habló por primera vez. No lo hizo solamente para contar lo ocurrido. Su mensaje estuvo dirigido a quienes atraviesan problemas similares para conservar una vivienda.
“No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya. Mi casa ha sido mi vida y ahora tengo que dejarla atrás, pero eso no significa que yo no vaya a seguir luchando”, expresó, de acuerdo con varios medios españoles que difundieron su historia y las manifestaciones que vinieron después.
La mujer fue desalojada el miércoles de una vivienda de más de 150 metros cuadrados donde permanecía mediante un contrato de renta antigua. Pagaba alrededor de 500 euros mensuales, unos 10 mil pesos mexicanos, una cantidad considerablemente menor a los precios actuales en Retiro, uno de los sectores más costosos de Madrid.
El inmueble fue adquirido por Urbagestión y, según la información difundida sobre el caso, la nueva renta propuesta rondaba los 2 mil 700 euros mensuales, cerca de 54 mil pesos. La disputa llegó a los tribunales y se prolongó desde 2020 hasta desembocar en una resolución firme que permitió ejecutar el desalojo.
Su caso genera protestas
La imagen de Maricarmen abandonando su casa en camilla y posteriormente hospitalizada provocó indignación y nuevas protestas en Madrid. Su historia comenzó a representar para organizaciones de inquilinos un problema mucho más amplio relacionado con el aumento de los alquileres, la especulación inmobiliaria y la dificultad de permanecer en barrios donde algunas familias han vivido durante décadas.
Desde el hospital, la octogenaria pidió a la población participar en las movilizaciones convocadas para este sábado por el Sindicato de Inquilinas y continuar presionando por cambios en las políticas de vivienda.
El movimiento reclama medidas como la congelación de alquileres, mayor protección para hogares vulnerables y acciones contra las viviendas controladas por grandes propietarios y los denominados fondos buitre.
El desalojo también reavivó el debate político. El gobierno de Pedro Sánchez busca reunir apoyos parlamentarios para impulsar medidas que frenen determinados desalojos de personas vulnerables, mientras existen diferencias entre los partidos sobre el alcance que deberían tener esas protecciones.
Maricarmen perdió, por ahora, la casa donde pasó prácticamente toda su vida. Desde una cama de hospital decidió convertir ese momento en un mensaje para otros. “No ha podido ser, pero por favor sigan luchando”, pidió.

