El comportamiento institucional que ha mostrado el regidor panista Alejandro Jiménez sigue sacándole ronchas al panismo que quisiera verlo gritar y protestar contra todo lo que hace el Municipio. No hay razón para que se promueva su expulsión del PAN, la verdad.
Asistir al informe de la presidenta Claudia Sheinbaum en la Plaza de la Mexicanidad no convierte automáticamente a nadie en morenista. Jiménez sostiene que acudió como regidor e integrante de la Comisión de Participación Ciudadana y que no se trató de un acto partidista.
Daniela Álvarez piensa distinto. La dirigente estatal anunció que promoverá un procedimiento de expulsión por la presunta cercanía del edil con Morena y por considerar que existe una falta de lealtad hacia Acción Nacional. La última palabra, teóricamente, corresponderá a los órganos internos del partido.
Pero Jiménez tocó un nervio todavía más sensible cuando cuestionó esa peculiar estrategia territorial durante la visita de Sheinbaum a la ciudad, de llegar a un crucero, ondear banderas unos minutos, grabar el video, tomarse las fotografías y retirarse con la satisfacción del deber cumplido. Algo que provocó muchas burlas en las redes sociales.
El regidor relacionó esa forma de hacer política con los resultados electorales de 2024. La crítica es suya, aunque quizá en el PAN crean que cada selfie suma votos. De seguir así, rumbo a 2027 podríamos ver miles de selfies, con la esperanza de que algún día también aparezcan miles de electores. Protestar es completamente legítimo, pero la pregunta política es otra: ¿Eso basta para recuperar presencia en una ciudad donde el PAN únicamente consiguió una regiduría en el Cabildo?
Jiménez, mientras tanto, parece entender su regiduría de otra manera. Acude a eventos municipales, convive institucionalmente con funcionarios de Morena y estuvo presente en el informe presidencial. Nada de eso, por sí solo, demuestra un cambio de partido.
Gobernar una ciudad obliga a sentarse, hablar y coincidir en espacios públicos con personas de otras fuerzas políticas. Si cada saludo fuera considerado traición, habría que instalar detectores de morenistas en la entrada de los eventos oficiales.
También resulta curioso que un partido que durante años ha reclamado diálogo, pluralidad y respeto institucional termine discutiendo si debe expulsar a su único regidor en Juárez precisamente por aparecer en actos institucionales.
Álvarez sostiene que existe una cercanía política más profunda y tiene derecho a presentar sus argumentos ante las instancias partidistas. Jiménez tiene igualmente derecho a defenderse y ha respondido incluso pidiendo la renuncia de la dirigente estatal.
El problema de fondo para el PAN juarense parece más grande que una silla ocupada en la Plaza de la Mexicanidad. Tiene que ver con su presencia territorial, su falta de relación el pueblo y la manera en que pretende reconstruirse electoralmente. Eso difícilmente se resolverá expulsando militantes, colocando lonas o acumulando fotografías en los cruceros.
Sheinbaum, Morena y una frontera que pesa políticamente
El informe de Claudia Sheinbaum volvió a dejar constancia de algo que en Ciudad Juárez lleva varios años construyéndose en las urnas y en las calles. Morena tiene en la frontera uno de sus territorios con mayor presencia política. Casi 40 mil personas acudieron a la Plaza de la Mexicanidad y la llegada de la Presidenta terminó por unir, al menos durante el acto, a las distintas corrientes que hoy se mueven dentro del partido.
Y eso ayuda a explicar por qué Ciudad Juárez se ha convertido en una plaza especialmente importante para Morena. La presencia de distintas corrientes, con mayor representación de la identificada con Cruz Pérez Cuéllar que de la cercana a Andrea Chávez, mostró que la competencia interna existe. Pero cuando apareció Sheinbaum, las diferencias quedaron momentáneamente a un lado y la atención se concentró en la Presidenta.
El mensaje tampoco pudo tener un escenario más simbólico. A menos de 500 metros de Estados Unidos, Sheinbaum habló de independencia y soberanía. Recordó que México ha pagado con vidas y sacrificios la construcción de su independencia y sostuvo que corresponde a los mexicanos defenderla.
Ciudad Juárez daba además material histórico para ese discurso. La presidenta recordó la resistencia de Benito Juárez durante la intervención francesa y retomó la conocida máxima juarista sobre el respeto al derecho ajeno. Su mensaje enlazó aquella historia con una definición de política exterior que ha repetido durante su gobierno, cooperación y diálogo con otros países, pero sin subordinación.
La frase más potente llegó casi al cierre. “Ninguna potencia extranjera, ninguna élite determina la soberanía de la patria”, afirmó. Pronunciar esas palabras desde una ciudad pegada territorial, económica y socialmente a Estados Unidos añadió una dimensión especial al mensaje. La frontera no fue solamente el lugar del informe, terminó formando parte del discurso.
De esa forma, Morena salió del encuentro con una nueva demostración de convocatoria en Ciudad Juárez y Sheinbaum aprovechó esa concentración para colocar soberanía, memoria histórica y continuidad de la 4T en una misma narrativa.

