La brisa corría de norte a sur bajo las carpas de la Plaza de la Mexicanidad. Llegaba desde la dirección de Estados Unidos y hacía más llevadera una mañana cálida, bajo un cielo que por momentos se cubría de nubes. Ahí, a unos cuantos metros de la frontera, Claudia Sheinbaum volvería a colocar una palabra en el centro de su discurso, soberanía.
La ubicación terminó dando al mensaje una carga simbólica particular. Desde Ciudad Juárez, la presidenta sostuvo que ninguna potencia extranjera ni élite determina la soberanía de México.
Mucho antes de su llegada, la plaza ya tenía vida propia. A las 11:00 de la mañana, diputados federales y estatales aprovechaban la espera para tomarse fotografías en el segunda área reservada, detrás del espacio principal. Ahí estaban el diputado federal Daniel Murguía; el coordinador de los diputados locales de Morena, Cuauhtémoc Estrada; la empresaria y ambientalista Brenda Ríos, quien busca participar en el proceso por la alcaldía de Chihuahua, y la delegada estatal del Bienestar, Mayra Chávez, que caminaba por los pasillos con una sonrisa dibujada en el rostro.

Alrededor de las 11:20 de la mañana apareció el alcalde Héctor Rafael Ortiz Orpinel por el área donde se encontraban los diputados estatales. Caminaba junto a su esposa, Gloria Angélica Mendoza, mientras el regidor Alejandro Jiménez les abría camino entre saludos y gente. Panista de militancia, Jiménez tiene una particularidad en estos terrenos políticos: parece caerle bien a casi todos los morenistas.


El regidor morenista Alejandro Acosta llegó detrás del alcalde, saludó a algunos de los diputados y siguió rumbo a su lugar.

Cuauhtémoc Estrada prefirió sentarse mientras Juan Carlos Loera caminaba por el pasillo mirando alrededor, buscando algún rostro conocido. Cerca se encontraba un numeroso grupo de legisladores identificados con Cruz Pérez Cuéllar y Mayra Chávez. Loera sonrió y, después de saludar a otros morenistas, ocupó un lugar en la segunda fila a las 11:32.
A las 12:00 en punto llegó un sonido esperado. La alerta del Segundo Simulacro Nacional apareció simultáneamente en los teléfonos celulares. Durante unos segundos todos miraron sus pantallas hasta que por el sonido local explicaron que se trataba del ejercicio nacional realizado este 19 de septiembre, fecha vinculada a la memoria de los sismos de 1985 y 2017.
La espera continuó. La brisa seguía entrando debajo de las carpas mientras por los altavoces se pedía mantener despejados los pasillos y permitir únicamente la presencia de Servidores de la Nación en esas áreas como parte del protocolo.
A las 12:30 llegó uno de los momentos más ruidosos de la espera. Andrea Chávez apareció y desde una parte de las carpas comenzó el grito de “¡gobernadora, gobernadora!”. Apenas unos pasos detrás ingresó Cruz Pérez Cuéllar acompañado de su hermano, el diputado federal Alejandro Pérez Cuéllar. Entonces surgió otro coro, “¡gobernador, gobernador!”. Las porras para ambos aspirantes también fueron registradas durante el acto, pero las de Cruz, fueron más numerosas yt ruidosas.
Cruz fue abordado por decenas de personas y junto a su esposa Rubí Enríquez saludaron y se tomaron selfies.



La música mexicana convirtió la espera en una fiesta. Cuando faltaban unos 15 minutos para el inicio, estudiantes del CBTIS 114 se subieron a las sillas para mirar por encima de la multitud y entender el alboroto provocado por las llegadas de Chávez y Pérez Cuéllar.


A las 12:55 apareció Claudia Sheinbaum. Los aplausos y los gritos llenaron la Plaza de la Mexicanidad. La presidenta tomó el micrófono y lanzó sus primeras palabras hacia la multitud.
“¡Que viva Ciudad Juárez, que viva Chihuahua!”, proclamó con fuerza la primera mujer presidenta del país.

El recibimiento mostraba el respaldo de buena parte de los asistentes. Las cifras de concurrencia difundidas después del evento variaron. Protección Civil reportó cerca de 38 mil personas, mientras otras estimaciones fueron menores.


Sheinbaum comenzó hablando de la patria y de la historia que, desde su perspectiva, explica la llegada de la Cuarta Transformación. Recordó que los pueblos necesitan memoria para conocer su rumbo y repasó distintos episodios de la historia mexicana.

Ciudad Juárez tenía un lugar especial en ese relato. Aquí se refugió el gobierno de Benito Juárez durante la intervención francesa. Sheinbaum recordó a Margarita Maza, habló de Francisco Villa y de su paso como gobernador de Chihuahua, y mencionó al general Lázaro Cárdenas.

A la 1:20 de la tarde ocurrió un sobresalto. Una persona sufrió un desmayo uno de los funcionarios federales bajó apresuradamente del escenario para auxiliarla. Sheinbaum explicó desde el micrófono que todo estaba bien y recordó que quien había ayudado era médico.

Después continuó el recorrido histórico. Llegó al periodo que denominó neoliberal y mencionó los gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Desde las carpas surgieron abucheos.
La presidenta sostuvo que durante aquellos gobiernos aumentó la desigualdad y habló también de la llamada guerra contra el narcotráfico, un recuerdo especialmente sensible en una ciudad que padeció algunos de sus años más violentos.
Luego llegó 2018 en su relato. Mencionó el triunfo de Andrés Manuel López Obrador y posteriormente su propia llegada a la Presidencia como la primera mujer en ocupar el cargo. La respuesta llegó inmediatamente desde abajo.
“¡Presidenta, presidenta!”.
Sheinbaum habló después de quienes llamó “emisarios del pasado” y los responsabilizó de campañas contra su gobierno. Al mencionar los programas del Bienestar volvió a crecer el ruido bajo las carpas.
“Son amor al pueblo hecho política”, expresó.
Cuando habló de las becas para estudiantes, los jóvenes del CBTIS 114, que estaban en la parte frontal y cargados al extremo derecho, respondieron con aplausos. Sheinbaum volteó hacia ellos y sonrió.
Las cifras ocuparon entonces buena parte del informe. En Chihuahua, dijo, 431 mil 19 adultos mayores reciben pensión; 34 mil 946 personas cuentan con la pensión por discapacidad; 10 mil 823 participan en Jóvenes Construyendo el Futuro; 116 mil 544 estudiantes reciben la beca Benito Juárez; 45 mil 677 personas están incorporadas a Producción para el Bienestar y 48 mil 261 reciben fertilizantes gratuitos.
Agregó que 42 mil 426 niñas y niños de comunidades rarámuri reciben becas, 122 mil 220 personas tienen acceso a Leche para el Bienestar y casi 2 mil escuelas reciben recursos de La Escuela es Nuestra. También mencionó la Pensión Mujeres Bienestar, la beca Rita Cetina y Salud Casa por Casa.
En infraestructura enumeró las carreteras Bavispe-Nuevo Casas Grandes y Guaymas-Chihuahua, el Libramiento Zaragoza-Guadalupe, 25 caminos artesanales, trabajos de conservación de la red carretera y tecnificación de distritos de riego. Habló además de una meta de 59 mil 260 viviendas y de reducción o condonación de créditos impagables para 267 mil familias.
Anunció también dos nuevas preparatorias, una ya inaugurada y otra próxima a iniciar, seis nuevos Bachilleratos Nacionales “Margarita Maza”, 64 Centros de Educación y Cuidado Infantil y una Universidad de Enfermería en la Sierra Tarahumara. Sumó los Planes de Justicia para pueblos originarios, recursos directos para comunidades indígenas y afromexicanas, 18 Centros LIBRE para mujeres y dos Centros Comunitarios México Imparable.
También se comprometió a revisar el Hospital del ISSSTE y el abasto de medicamentos para Salud Casa por Casa. Medios locales confirmaron durante el acto los anuncios educativos y de infraestructura.
“Me dio mucho gusto estar con ustedes”, dijo cuando el mensaje comenzaba a acercarse al final.
Y entonces regresó al punto con el que había construido buena parte de su discurso. En una ciudad fronteriza, prácticamente frente a territorio estadounidense, habló nuevamente de independencia.
“A México le ha costado mucho, muchas vidas, mucho sacrificio ser un país independiente y soberano”, expresó antes de llamar a defender a la patria.
El mensaje adquiría otra dimensión precisamente por el lugar desde donde se pronunciaba. Apenas un día antes, Sheinbaum había reiterado que las negociaciones y acuerdos con Estados Unidos debían desarrollarse dentro del marco de la soberanía y los intereses nacionales.
“México es un país libre, independiente y soberano”. Llegaron entonces las vivas a Chihuahua, a Ciudad Juárez y a México. Después comenzó el Himno Nacional.

Por unos minutos desaparecieron las porras internas. Seguidores de Cruz Pérez Cuéllar, simpatizantes de Andrea Chávez, legisladores, estudiantes, funcionarios y ciudadanos cantaron juntos. La plaza que minutos antes había medido fuerzas políticas terminó cantando una misma letra.


Cuando el acto parecía terminado, apareció una escena pequeña entre una multitud enorme. Una adolescente logró acercarse a Claudia Sheinbaum. La abrazó. Y lloró.


La presidenta correspondió al abrazo mientras alrededor todavía había personas intentando acercarse, saludarla o conseguir una fotografía. Después de discursos, cifras, programas, carreteras, becas y mensajes políticos, aquella imagen terminó condensando el ambiente humano de la jornada.
Sobre la Plaza de la Mexicanidad seguía corriendo la brisa de norte a sur. Del otro lado estaba Estados Unidos.
De este lado, a unos cuantos metros de la frontera, la presidenta acababa de cerrar su mensaje hablando otra vez de México como un país libre, independiente y soberano.

Al terminar el acto, algunos asistentes cruzaron el bulevar Juan Pablo II bajo el calor del mediodía, todavía con el ambiente del encuentro a cuestas. Del otro lado del muro fronterizo se alcanzaba a distinguir una unidad de la Patrulla Fronteriza estadounidense. El sol pegaba fuerte y quedaba camino por recorrer, pero parecía importar poco. Se llevaban en el corazón una palabra que minutos antes había resonado con fuerza a unos metros de Estados Unidos, soberanía.


