El 3 de noviembre de 1980, mientras Estados Unidos llegaba a las urnas con Jimmy Carter y Ronald Reagan disputándose la Casa Blanca, 52 estadounidenses continuaban cautivos en Teherán y la guerra entre Irán e Irak apenas llevaba seis semanas, un avión de carga aceleró sobre la pista del aeropuerto de Maiquetía, en Venezuela. En sus bodegas viajaban amplificadores, equipos de sonido, instrumentos y una guitarra negra que Peter Frampton creería perdida durante los siguientes 31 años.
Era un Convair 880 de la empresa venezolana Latin Carga, matrícula YV-145C. Poco después del despegue cayó al final de la pista y se incendió. Los cuatro tripulantes murieron. El avión transportaba hacia Panamá el equipo del músico británico, que realizaba una gira de tres semanas por Argentina, Brasil, Venezuela, Panamá y Puerto Rico.
La noticia llegó a Frampton con una certeza devastadora, debido a que todo se había quemado. Entre aquello que dio por perdido estaba su Gibson Les Paul Custom de 1954, una guitarra negra modificada con tres pastillas que se había convertido prácticamente en una extensión de sus manos. Era la misma que había utilizado durante años y que podía verse en la portada de Frampton Comes Alive!, el disco de 1976 que lo convirtió en una figura mundial del rock.
El momento tampoco era sencillo para Frampton, porque la enorme popularidad alcanzada a mediados de los setenta comenzaba a quedar atrás y el músico intentaba mantener el paso de su carrera. Cuatro días después del accidente apareció en San Juan, Puerto Rico, para informar que su concierto seguiría adelante. Calculó entonces pérdidas por unos 20 mil dólares y consiguió equipo local y otros instrumentos enviados desde Nueva York.
Aquel noviembre parecía cargado de noticias. Al día siguiente del accidente, el 4 de noviembre, Reagan derrotaría ampliamente a Carter en las elecciones estadounidenses. Ese mismo día se cumplía un año de la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán. Y en Venezuela ocurrió otra tragedia aérea: un C-130 de la Fuerza Aérea se desplomó después de despegar de Maiquetía, con saldo de 11 muertos.
En medio de esas noticias, la historia de una guitarra desaparecida apenas podía ocupar unas líneas. Frampton siguió adelante convencido de que su Les Paul había terminado convertida en cenizas. Durante décadas compró otros instrumentos para sustituirla. Ninguno como aquella guitarra.
Pero el fuego no había escrito el final.
La guitarra sobrevivió al accidente. Las versiones reconstruidas años después señalan que alguien la recuperó de los restos y terminó vendiéndola. Con el tiempo apareció en manos de un músico en Curazao. Tenía golpes, desgaste y señales del incendio, pero seguía siendo aquella peculiar Les Paul negra de tres pastillas que había acompañado a Frampton.
Pasaron tres décadas. Mientras Frampton continuaba haciendo música creyendo que aquella parte de su historia había desaparecido en Venezuela, y entonces comenzaron a circular fotografías de una guitarra sospechosamente familiar. Los detalles terminaron conduciendo hasta el instrumento que había sobrevivido al accidente. En diciembre de 2011 volvió finalmente a manos del músico.
Habían transcurrido, nada más y nada menos que 31 años desde aquella mañana de Maiquetía.
La guitarra conservaba las cicatrices de su viaje y Frampton volvió a tocarla. La historia terminó dándole también un nombre. La llamó Phenix, Fénix, por aquello que había hecho casi literalmente: sobrevivir al fuego y aparecer nuevamente cuando todos la creían destruida. La propia Gibson reconoció a la Les Paul Custom de 1954 como la guitarra de Frampton Comes Alive! que se creyó perdida en el accidente de 1980 y regresó a su dueño más de tres décadas después.

