—Vecino, lo voy a dejar. Mañana le llamo a la misma hora para que me siga contando sobre su vida laboral, antes de dedicarse a las letras… Hasta ahorita me ha platicado de sus años mozos (23 años), pero tiene 58 años… Carga mucho pasado.
—Sale. Voy a hacer varias llamadas que tengo pendientes.
Colgamos.
Tener una amiga así, en tiempo de pandemia, no tiene precio. Se me suelta la lengua con mi vecina y platico y platico, como si fuéramos amigos desde hace mucho. ¿Sería lo mismo si no estuviéramos en pandemia?… Apuesto que no.
Estas charlas con mi vecina me han servido para amortiguar mi soledad, ya que estoy aislado por mi vulnerabilidad. Mi esposa y mi hija me tratan como si fuera de cristal y evitan, a toda costa, que me contagie, y me han dejado la casa para mí solo.
Al inicio de la pandemia me enclaustraron en una recámara, pero como a las dos les dio Covid (ellas tuvieron que salir a trabajar)… Primero se contagió mi hija y convaleció en casa de mi suegra… A la semana, el Covid pescó a mi esposa y se refugió también en casa de su madre; por fortuna, no les dejó secuelas… aunque sí estuvieron en “cuarentena” y en cama… Por eso decidimos dejarme la casa para mí solito.
Antes de la pandemia, mi ritmo de movilidad era limitado (por las secuelas de mi embolia), pero no dejaba de salir a darme la vuelta y manejar mi auto sin destino marcado. Y dos o tres veces me iba a desayunar o comer… y siempre nos íbamos al cine mi cuñada y yo, una vez por semana, pero llegó la pandemia y se me acabó el veinte.
Mientras, sigo viendo las noticias terribles en la TV. Al inicio de la pandemia, el mundo se paralizó y encerró por dos semanas… ¿recuerdan?… Pero la gente se vio obligada a salir y fue cuando nos dimos cuenta de lo mortal que era el Covid y que no se iba a ir pronto.
Y veo (en las noticias) que ningún país estaba preparado para una calamidad de esta magnitud, pero en México, con el Covid, se supo que el sistema de salud estaba deplorable, porque se ha descubierto su ineficacia para darle un servicio digno a la ciudadanía, aunque no existiera pandemia… El IMSS y el ISSSTE están infestados de corrupción y valemadrismo; sindicatos y funcionarios que son nocivos para las instituciones de salud.
Les digo todo esto porque veo la falta de camas en hospitales y clínicas del gobierno ¡y particulares!… Incluso se corre el rumor de que sí hay respiradores y camas disponibles para gente de billete, políticos y funcionarios.
Por todo esto, yo les pido a mis familiares y amigos cercanos que se cuiden mucho y, si se ven obligados a salir, tomen todas las prevenciones y precauciones.
… Pasaron dos días y recibo llamada de mi vecina.
—Hola, vecinito, ¿qué ha hecho en estos días que no le he hablado?
—Pues trabajando en los manuscritos y me puse a sacar ropa que casi no uso de mi clóset… Voy a la mitad y ya llevo dos bolsas negras tamaño jumbo, con ropa que voy a donar.
—Qué bien… Buena manera de matar el tiempo.
—También me quiero deshacer de algunos libros y revistas.
—¿No le duele deshacerse de libros?
—No… porque son libros que me regalan en los encuentros de escritores o en las ferias de libro a donde voy… Así que son libros que yo no compré por mi gusto y no me interesa leer.
—¿Quién se los regala?
—Los autores, sobre todo los más jóvenes.
—Cómo es malo… De seguro se los regalan porque esperan una crítica suya o un comentario.
—Pues sí, yo creo que eso esperan, pero desconfío de los escritores que andan regalando su obra a lo wey.
—Oiga, vecino… Sígame contando de ese movimiento estudiantil… Ya vi algunas fotos en su página de Facebook… También me encontré fotos en blanco y negro donde se ve a gente leyendo poesía en una cantina que se llamaba “La Brisa” y que usted regenteaba.
—Eso era “La Casa de la Poesía La Brisa”… Era una cervecería que estaba en el antiguo barrio de Bellavista… y yo no la regenteaba; la encargada de esa cervecería era Doña Susana… Eso de “La Brisa” se lo contaré más adelante.

