México atraviesa un momento económico que llama la atención porque sus principales indicadores recientes están avanzando a un ritmo superior al de varias economías desarrolladas. Durante el segundo trimestre de 2026, el PIB mexicano creció 1.4 por ciento respecto a los primeros tres meses del año, casi tres veces el promedio de 0.5 por ciento registrado entre los países de la OCDE. El resultado colocó al país como la sexta economía con mayor crecimiento dentro del grupo.
El dato adquiere mayor peso cuando se observa lo ocurrido alrededor. Estados Unidos avanzó 0.4 por ciento; Alemania e Italia, 0.2 por ciento; Japón, 0.3 por ciento, y Reino Unido, 0.4 por ciento. El G7 en conjunto creció solamente 0.3 por ciento. México encontró mayor dinamismo precisamente durante un trimestre en el que algunas de las mayores economías industriales perdieron velocidad.
Parte de la explicación está en que el crecimiento mexicano tuvo participación de diferentes sectores. Las actividades primarias aumentaron 2.4 por ciento respecto al trimestre anterior, las industriales 1.6 por ciento y los servicios 1.4 por ciento. Esto permitió que la recuperación tuviera una base más amplia y que el comportamiento de una sola actividad no determinara todo el resultado.
También influye el tamaño del mercado interno mexicano. Más de 130 millones de habitantes generan una demanda considerable de alimentos, servicios, vivienda, transporte, comercio y entretenimiento. Cuando el consumo conserva dinamismo, funciona como soporte ante periodos de incertidumbre internacional. A eso se suma la inversión acumulada durante años en manufactura, logística e infraestructura vinculada con Norteamérica.
La relación con Estados Unidos resulta fundamental para entender lo que está sucediendo. Las amenazas comerciales de Donald Trump han generado incertidumbre, pero las economías de ambos países están profundamente conectadas. Automóviles, componentes electrónicos, maquinaria y numerosos productos atraviesan la frontera dentro de cadenas productivas compartidas. Aplicar medidas severas contra México puede aumentar costos para empresas estadounidenses que utilizan componentes fabricados al sur de la frontera.
Esa integración le proporciona a México capacidad de resistencia. Su cercanía geográfica con el mayor mercado consumidor del mundo, la infraestructura industrial desarrollada durante décadas y las cadenas establecidas bajo el tratado comercial de Norteamérica son ventajas difíciles de sustituir rápidamente. Para muchas compañías estadounidenses, cambiar proveedores mexicanos implica tiempo, nuevas inversiones y mayores costos.
Otro elemento importante está en el peso. El dólar se encuentra por debajo de los 17 pesos, algo especialmente visible después de los episodios de volatilidad registrados durante los últimos años. Un peso apreciado refleja diferentes factores, entre ellos los flujos financieros, las tasas de interés, las expectativas sobre México y también la debilidad que actualmente presenta el dólar frente a distintas monedas internacionales.
La fortaleza cambiaria ayuda a contener el costo de productos importados y transmite cierta estabilidad financiera. También tiene efectos menos favorables para exportadores y familias que reciben remesas, porque cada dólar convertido produce menos pesos. Por ello, el tipo de cambio debe analizarse como parte de un escenario económico más amplio.
Los números tampoco permiten pensar que todos los problemas están resueltos. El crecimiento acumulado durante el primer semestre continúa siendo moderado y sectores como la manufactura enfrentan dificultades. Una escalada arancelaria prolongada desde Washington tendría consecuencias sobre inversión, exportaciones y generación de empleos.
Lo relevante del segundo trimestre es la capacidad que México está mostrando para mantener actividad económica en un contexto internacional complicado. Crecer 1.4 por ciento cuando el promedio de la OCDE fue 0.5 por ciento coloca al país en una posición destacada y obliga a revisar los pronósticos más pesimistas que acompañaron las amenazas comerciales estadounidenses.
México cuenta actualmente con varias ventajas funcionando simultáneamente. Tiene un mercado interno grande, una plataforma industrial integrada con Estados Unidos, cadenas de suministro consolidadas, sectores de servicios dinámicos y una ubicación geográfica privilegiada. El peso por debajo de 17 unidades por dólar agrega otra señal de estabilidad.
Las amenazas provenientes de Estados Unidos siguen representando un riesgo considerable. Los datos de este trimestre muestran, sin embargo, que la economía mexicana tiene herramientas para absorber parte de esas presiones y continuar creciendo. La verdadera prueba será convertir este buen trimestre en una tendencia sostenida durante el resto de 2026.

