La actividad política de Cruz Pérez Cuéllar durante este fin de semana dejó pistas bastante claras sobre la estrategia que seguirá rumbo a la definición de Morena por la gubernatura de Chihuahua. El sábado estuvo en Ciudad Juárez, su principal bastión político, y el domingo recorrió Ojinaga. Fueron dos escenarios distintos para enviar un mismo mensaje: conservar la fuerza construida en la frontera y extender su presencia hacia los 67 municipios.
La asamblea del sábado en el polideportivo La Montada, ubicado en el mero norponiente de la frontera sirvió para mostrar músculo en casa. Pérez Cuéllar apareció acompañado por figuras que también pesan dentro de la Cuarta Transformación en Chihuahua: la senadora Andrea Chávez, el consejero Juan Carlos Loera y la petista Lilia Aguilar, además de la dirigente estatal morenista, Brigitte Granados de la Rosa; La fotografía resulta significativa porque ocurre en medio de una competencia interna donde Morena necesitará evitar que las diferencias terminen convirtiéndose en fracturas.
Precisamente ahí Cruz colocó uno de sus mensajes políticos más importantes. “Cada vez que hacemos declaraciones en contra de uno de los nuestros, vamos y le ayudamos al PAN”. La presencia de Andrea Chávez dio todavía mayor significado a esas palabras. Competidores y grupos internos pueden disputar posiciones, pero Pérez Cuéllar intenta establecer que el adversario electoral está fuera de Morena y que una guerra intestina solamente facilitaría el trabajo de Acción Nacional.
Esto es importante porque esos mismos compañeros de Pérez Cuéllar han lanzado una guerra abierta contra Cruz con mensajes en las redes sociales, y hasta le han plantado manifestaciones de supuestos morenistas inconformes, que al final fueron descubiertos como porros de Andrea y Juan Carlos. En el evento del sábado, las porras se dieron un buen tiro, pero sobresalieron las de Pérez Cuéllar, que jaló más seguidores al sitio.
Ayer domingo, cambió las porras y la movilización juarense por una agenda regional en Ojinaga. Ahí estuvo acompañado por Gregorio “Goyo” Calderón, fundador de Morena en ese municipio, además de Homero Villalobos, Israel A. Beltrán, Juan Manuel Vázquez, la regidora Cristina Villalobos, exalcaldes y otros personajes con fuerza guinda.

La presencia de Goyo Calderón tampoco debe pasar inadvertida. El fundador morenista respaldó el proyecto de Pérez Cuéllar, pero aprovechó para recordar que quienes construyeron Morena desde sus primeros años quieren ser tomados en cuenta. Es un mensaje relevante para Cruz: crecer territorialmente requerirá sumar estructuras nuevas sin desplazar a las bases históricas que sostuvieron al partido cuando todavía no era gobierno.
Pérez Cuéllar utilizó además su condición fronteriza para buscar identificación con Ojinaga. “Yo vengo de otra frontera, de Ciudad Juárez”, expresó antes de hablar sobre la necesidad de conectar mejor esa región con Texas. El planteamiento busca convertir su experiencia juarense en una credencial política, presentar la frontera no únicamente como procedencia, sino como conocimiento sobre desarrollo económico, comercio y relación cotidiana con Estados Unidos.
Las reuniones con empresarios, exalcaldes y liderazgos de Ojinaga, Aquiles Serdán, Coyame y Jiménez permitieron introducir otra pieza de su discurso como la planeación regional. Agua, carreteras, salud, vivienda, infraestructura y proyectos como el Rastro TIF aparecieron entre las necesidades planteadas. Si pretende competir realmente por Chihuahua, Cruz tendrá que transformar esas demandas locales en una propuesta capaz de reconocer que Juárez, la Sierra, Ojinaga, Chihuahua capital y el sur tienen realidades profundamente diferentes.
Otro elemento central fue Claudia Sheinbaum. Pérez Cuéllar insistió en terminar con lo que calificó como un “divorcio” entre el Gobierno de Chihuahua y la Federación. Esa será previsiblemente una de sus principales líneas políticas: contrastar la confrontación que atribuye al actual gobierno estatal con una eventual administración morenista coordinada con la presidenta. Para Cruz, esa relación serviría para gestionar infraestructura, vivienda y programas federales.
Pero existe un reto adicional. Criticar el abandono de Ojinaga por los gobiernos estatales del “PRIAN” puede funcionar para movilizar a las bases; explicar cómo se puede revertir décadas de rezagos requiere mucho más. Conforme avance por los municipios, Pérez Cuéllar necesitará convertir las demandas que escucha en compromisos concretos y demostrar que su propuesta de desarrollo regional tiene recursos, prioridades y proyectos identificables.
También resulta significativa su advertencia de no confiarse. “Sería un error garrafal no salir a pelear y trabajar por los 67 municipios”, dijo ante los liderazgos reunidos en Ojinaga. El mensaje revela que su equipo parece entender la naturaleza de la competencia: una ventaja en Juárez puede proporcionar una enorme plataforma electoral, pero por sí sola no construye una candidatura verdaderamente estatal.
Visas: el golpe que cruza de Juárez a El Paso
Luego del retiro de cientos de visas en Ciudad Juárez durante la semana pasada, que provocó que el fin de semana se vaciaran los puentes internacionales, la política de Donald Trump comienza a parecerse a darse un balazo en el pie. Si miles de juarenses dejan de cruzar por temor a perder su documento, quien también resiente el golpe es el comercio paseño.
Cada familia que permanece de este lado representa dólares que dejan de llegar a tiendas, restaurantes, gasolineras y centros comerciales de El Paso. Y mientras persista la incertidumbre, una parte de ese dinero seguramente terminará gastándose en Ciudad Juárez.
Ahora conocemos la dimensión de esta política. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos ha revocado más de 175 mil visas. En 2025 llegaron a 100 mil y en 2026 el ritmo habría aumentado a unas 10 mil cancelaciones mensuales.
El Departamento de Estado sostiene que muchas revocaciones responden a acusaciones relacionadas con drogas, agresiones o fraude. Sin embargo, también se han reportado cancelaciones con trasfondo político. Marco Rubio lo ha dejado claro: nadie tiene derecho a una visa y Washington puede retirarla cuando considere que existen razones para hacerlo.
Ahí aparece el problema para una frontera como Juárez-El Paso. Aquí las relaciones familiares, comerciales, educativas y laborales atraviesan diariamente el río. Las dos ciudades han construido durante generaciones una economía profundamente interdependiente. Meter miedo al cruce altera esa dinámica.
Resulta curioso escuchar al subsecretario Christopher Landau describir la relación entre México y Estados Unidos como “duradera y simbiótica”, mientras desde Washington llegan mensajes que convierten las visas en instrumento de presión. También el embajador Ronald Johnson habla de cooperación bilateral cuando aborda la seguridad.
Trump puede presumir 175 mil visas revocadas como demostración de dureza. El problema aparece cuando esa política aterriza en una frontera donde los mexicanos representan consumidores fundamentales para Texas. Los juarenses que decidan no cruzar durante algunas semanas seguirán comprando comida, ropa, gasolina y entretenimiento. La diferencia será dónde dejarán ese dinero: probablemente en Juárez.
Por eso habrá que observar durante las próximas semanas no solamente los tiempos de espera en los puentes, sino también las cajas registradoras de El Paso. Ahí podría medirse parte del verdadero costo de esta política. Washington parece olvidar una regla elemental de cualquier frontera económicamente integrada: cuando castigas al vecino también puedes terminar castigando tu propio bolsillo.

