El escándalo del Parque Central comenzó cuando su coordinador general, Rafael Butchart, rompió las lonas de un camión publicitario estacionado en el lugar. La escena terminó con su detención, un acuerdo para reparar los daños y un problema político que rápidamente alcanzó al Gobierno del Estado.
El viernes pasado, Rafael Butchart provocó daños a un camión publicitario que exhibía lonas de un table dance, luego de que el conductor se estacionara en la parte trasera del Parque Central. De acuerdo con el funcionario, algunas familias manifestaron incomodidad al observar imágenes de mujeres en lencería impresas en la publicidad.
Lo rescatable de todo esto es que, al menos en el discurso, las autoridades reaccionaron. El representante de la gobernadora en la Zona Norte, Carlos Ortiz Villegas, recordó una verdad tan elemental que sorprende tener que repetirla: los espacios públicos pertenecen a la sociedad, no a quienes los administran.
También resulta positivo que se haya reconocido que el contexto cambió. El camión no estaba promoviendo en ese momento un centro para adultos, sino esperando para recoger a una menor que entrenaba en el parque. Así, el caso dejó de ser una discusión sobre publicidad para convertirse en una posible muestra de abuso de autoridad.
Ahora falta saber si la postura de Ortiz Villegas vendrá acompañada de decisiones. Porque reconocer que Rafael Butchart pudo actuar incorrectamente es apenas el primer paso. La ciudadanía espera consecuencias y no que el asunto termine en el habitual cajón de los “casos bajo revisión”.
Sin pedir el voto, no hay campaña: Morena
Morena fijó una postura que, más allá de simpatías o diferencias políticas, pone sobre la mesa un criterio jurídico que difícilmente puede ignorarse. Mientras no exista un proceso electoral en marcha y los aspirantes no soliciten de manera expresa el voto, los recorridos, asambleas y reuniones partidistas no constituyen, por sí mismos, actos anticipados de campaña.
La postura asumida por Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, en defensa de Andrea Chávez, confirmó ese criterio. La dirigencia nacional sostuvo que las giras de la senadora corresponden al trabajo territorial del partido y que, al no incluir un llamado expreso al voto, no constituyen actos anticipados de campaña.
Ese mismo criterio aplica para todos. También para el alcalde de Ciudad Juárez con licencia, Cruz Pérez Cuéllar, quien ha recorrido distintos municipios de Chihuahua y participa en encuentros con militantes y simpatizantes. Si la regla es que no puede pedirse el voto, entonces la regla debe ser igual para cualquier aspirante.
La competencia interna política rumbo a 2027 continuará intensificándose y ambos perfiles seguirán buscando posicionarse entre la militancia y la opinión pública. Eso forma parte de la dinámica interna de Morena y, hasta ahora, no representa una infracción electoral mientras respeten los límites que marca la ley.
Hasta hoy Pérez Cuéllar lleva una evidente ventaja sobre Chávez, no solo en algunos sondeos, sino en los recorridos que hacen cada semana.
Dos diputadas morenistas, del podcast al ridículo político
Las diputadas poblanas de Morena, Nayeli Salvatori y Grace Palomares, olvidaron que un cargo público no se pone en pausa cuando se enciende un podcast. Se burlaron de los adultos mayores con frases despectivas y, cuando la polémica estalló, intentaron corregir el rumbo asegurando que en realidad hablaban de hombres de entre 45 y 54 años. Una explicación que cambió la edad, pero no la falta de respeto.
La contradicción es evidente. Morena ha convertido a las personas adultas mayores en uno de los sectores más respaldados por sus gobiernos. La pensión universal, impulsada por Andrés Manuel López Obrador y fortalecida por la presidenta Claudia Sheinbaum, es uno de los programas sociales más emblemáticos del movimiento. Resulta difícil entender que legisladoras del mismo partido recurran a estereotipos para ridiculizar precisamente a quienes dicen defender.
Después llegaron las disculpas, el argumento de que “era broma” y la acusación de que la oposición magnificó el caso. Lo cierto es que el respeto no depende del formato ni del número de reproducciones; quien representa a la ciudadanía debería ser el primero en dar ejemplo de inclusión.
Tal vez la próxima vez convenga recordar que el humor no consiste en burlarse de los demás, sino en ser realmente ingenioso. Porque si el mejor chiste de un podcast es ridiculizar a un grupo de personas, el problema no es la audiencia que se ofendió, sino la pobreza del contenido.

