Los náufragos suelen aferrarse al primer pedazo de madera que encuentran. Algunos personajes públicos hacen exactamente lo mismo cuando buscan el poder. Si un puerto no los recibe, siempre aparece otro dispuesto a ofrecerles muelle. Julián LeBarón parece haber encontrado con todo y sombrero el suyo en Somos México.
LeBaron tiene todo el derecho de buscar un cargo de elección popular. Lo que también tienen los ciudadanos es el derecho de revisar quién es el aspirante, quiénes lo respaldan y cuáles han sido las controversias que lo rodean antes de depositar un voto. Así de sencillo.
En ese análisis resulta imposible ignorar que el Gobierno federal ha señalado a integrantes de la familia LeBaron como parte de un grupo de grandes productores con amplias concesiones de agua en Chihuahua, en medio del debate sobre el acceso a un recurso cada vez más escaso. La discusión no gira únicamente alrededor de títulos de concesión, sino de un modelo que muchos consideran profundamente desigual en un estado golpeado por la sequía.
Cuando miles de pequeños productores enfrentan restricciones, pérdidas y la incertidumbre que deja cada ciclo agrícola, resulta legítimo preguntarse si alguien vinculado a ese debate puede presentarse como portavoz del interés general o si inevitablemente cargará con el peso de defender intereses particulares.
Quizá por eso tampoco resulta extraño el destino que eligió. Si Acción Nacional nunca terminó por abrirle completamente la puerta, apareció un partido que parece hecho a la medida de quienes se quedaron sin espacio en las viejas estructuras, pero no sin ganas de seguir participando.
Somos México presume ser una fuerza nueva, pero el problema es que basta revisar su integración para descubrir un desfile de figuras ampliamente conocidas: Guadalupe Acosta Naranjo, Cecilia Soto, Gustavo Madero, Carlos Navarrete, Agustín Basave y Lorenzo Córdova, entre otros nombres que durante décadas han transitado por distintos partidos y cargos públicos.
El empaque cambió, pero el contenido parece familiar, porque se vende como renovación lo que, en realidad, luce más cercano a una reunión de sobrevivientes del PRIAN y de personajes que encontraron en la Marea Rosa una nueva plataforma después de perder influencia en sus antiguos espacios.
Tampoco pasan inadvertidas algunas de las figuras que hoy acompañan ese proyecto. Lorenzo Córdova, Gustavo Madero y Emilio Álvarez Icaza representan para muchos ciudadanos una forma de hacer oposición que ha privilegiado la confrontación política sobre la construcción de acuerdos. ASlgunos les dicen vividores del erario. Esa percepción, acertada o no, forma parte del equipaje con el que nace esta nueva organización.
En ese contexto, la eventual candidatura de Julián LeBarón difícilmente podrá limitarse a hablar de paz, seguridad o justicia. También tendrá que responder por el debate sobre el agua, explicar cuál es su visión sobre el acceso equitativo a ese recurso y convencer de que su proyecto trasciende los intereses que han acompañado históricamente a su apellido.
Al final, entonces, la pregunta no es si Julián LeBarón puede competir por la gubernatura. Puede hacerlo, como cualquier ciudadano. La verdadera incógnita es si los chihuahuenses verán en él una alternativa distinta o simplemente otro intento de reciclar viejos liderazgos bajo un logotipo recién estrenado.
Morena frenó el borlote de Lilia Aguilar
A juzgar por los acontecimientos de las horas recientes, Lilia Aguilar parece empeñada en tropezarse en un cuarto vacío. Si ya le costaba reunir simpatías —dicen sus críticos que ni entre los más cercanos círculos familiares encuentra respaldo unánime— ahora también tuvo que guardar las pancartas antes de tiempo.
El evento que el PT preparaba para arropar a Andrea Chávez terminó estacionado por instrucciones de la dirigencia nacional de Morena. Se quiere evitar cualquier interferencia con el primer levantamiento de la encuesta interna. Dicho de otra forma, desde la Mesa Nacional de Candidaturas le echaron el freno de mano a una estrategia que Lilia ya daba por arrancada.
La diputada aceptó la decisión, no le quedaba de otra, y anunció que ahora esperará para iniciar los actos de promoción en Chihuahua capital, una vez que concluya esa etapa del proceso. Dicen los que dicen saber, que cuando el mensaje de “todavía no“ llega desde la dirigencia nacional, queda claro quién pone el reloj y quién debe acomodar la agenda.
El problema para Lilia es que mientras espera la autorización para salir a escena, el proceso interno seguirá avanzando, quien va arriba en los sondeos, Cruz Pérez Cuéllar, continuará moviendo piezas y el escenario podría mantenerse sin contratiempos para el alcalde de Juárez con licencia.
Habrá que ver si, cuando llegue el momento de relanzar su estrategia, el río político sigue corriendo en la misma dirección. Porque en el mundo de la grilla, como en los cauces, quien se detiene demasiado tiempo suele descubrir que el agua ya encontró otro camino.

