La diputada federal Lilia Aguilar anunció el respaldo del Partido del Trabajo a Andrea Chávez para la coordinación estatal de afiliación y, de paso, para su proyecto rumbo a la candidatura al Gobierno de Chihuahua. El problema es que, apenas pronunciadas las palabras, desde el propio PT comenzaron a responderle que ese respaldo no representa a toda la militancia.
Pero queda claro que los posicionamientos de Lilia buscan dividir al movimiento. Más que construir o respaldar, parecen orientados a denostar; el ataque ha sido una constante en su forma de hacer política. Así ha operado durante años, especialmente cuando considera que sus intereses se ven amenazados.
Resulta llamativo que hable tanto en favor de una persona que ni siquiera cuenta con el respaldo unánime de su propia familia. En las bases del PT, incluso, ya se comenta la posibilidad de un levantamiento interno.
Basta recordar que hace apenas unos meses Aguilar estuvo en el centro de la polémica nacional por sus declaraciones sobre la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. Primero afirmó que no respaldaría “un retroceso democrático”; días después matizó su postura y aseguró que el apoyo del PT a la Presidenta era irrestricto. Como era de esperarse, ese cambio de discurso provocó duras críticas entre simpatizantes de la Cuarta Transformación y abrió un debate sobre la cohesión interna del partido.
Ahora vuelve a aparecer como protagonista, pero ya no hablando de una reforma constitucional, sino intentando influir en la sucesión política de Chihuahua, donde encontró prácticamente un muro, ya que una de las reacciones vino de su hermana, la diputada local América Aguilar, quien afirmó que la mayoría de la militancia petista respalda a Cruz Pérez Cuéllar y calificó el evento anunciado para Andrea Chávez como una decisión “cupular”, tomada por unos cuantos sin consultar a las bases.
Y es ahí donde aparece la vieja pregunta que nunca pasa de moda: ¿quién representa realmente a un partido? ¿Las dirigencias nacionales o quienes hacen trabajo territorial? Porque mientras desde la capital del país imponen apoyos, en Chihuahua varios liderazgos del PT sostienen públicamente una posición distinta.
Tampoco ayuda que Lilia Aguilar vuelva al debate público después de que surgieran cuestionamientos sobre su patrimonio, luego de que diversos medios nacionales difundieran información basada en su declaración patrimonial presentada ante la Cámara de Diputados.
Mientras tanto, Cruz Pérez Cuéllar continúa recorriendo el estado y sumando respaldos territoriales. En los últimos días recibió el apoyo del Partido Verde a nivel nacional y de diversos grupos en la capital del estado. Esa actividad permanente contrasta con una estrategia que parece apostar más por los acuerdos de escritorio que por el contacto con la militancia.
Dicen los que dicen saber que las candidaturas no se construyen únicamente con comunicados ni con nombramientos. También se construyen caminando colonias, convenciendo liderazgos y generando confianza. La encuesta de Morena preguntará nombres, pero detrás de cada respuesta habrá meses de trabajo político.
Sin pruebas, Trump vuelve a cargar contra México
Peter Navarro, asesor de Comercio e Industria Manufacturera de la Casa Blanca, y Terrance C. Cole, director de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), siguen con la afición del gobierno de Donald Trump, al señalar a México sin presentar pruebas. Uno asegura que los automóviles ensamblados en nuestro país esconden componentes chinos para engañar al T-MEC. El otro afirma que el Gobierno mexicano y los cárteles “son una misma cosa”.
El método resulta conocido. Es exactamente el mismo que utiliza un sector de la oposición mexicana, al lanzar una acusación, repetirla una y otra vez y esperar que la insistencia sustituya a las pruebas. La presunción de inocencia deja de importar cuando el objetivo es construir una narrativa.
Lo preocupante es que esas afirmaciones provienen de funcionarios del gobierno de Donald Trump, porque no son comentaristas de redes sociales ni opinadores de café, representan a instituciones que deberían actuar con responsabilidad, sobre todo cuando sus palabras pueden afectar la relación entre dos países socios.
Tampoco parece casual que Navarro cuestione ahora a la industria automotriz mexicana justo antes de la revisión del T-MEC. Si no alcanza con imponer aranceles, siempre queda el recurso de sembrar dudas sobre la producción nacional.
Mientras tanto, Washington mantiene abierta una peligrosa escalada militar contra Irán, un país que no ha atacado territorio estadounidense. La guerra eleva la tensión internacional, dispara el precio del petróleo y ocupa buena parte de la agenda mundial. Aun así, algunos funcionarios encuentran tiempo para buscar enemigos también al sur del Río Bravo. Increíble.

