Marco Bonilla, el alcalde Chihuahua, decidió buscar responsables de la falta de obra pública en la capital del estado. No empezó por revisar el presupuesto de su administración ni por explicar el crecimiento del gasto corriente. Prefirió mirar hacia el Congreso y señalar a los diputados de Morena. Cuauhtémoc Estrada, el coordinador de los legisladores guindas, le respondió con una frase sencilla: si quiere encontrar al responsable, búsquelo en un espejo.
La discusión, como sabemos, nunca ha sido si Poniente 5 debe construirse. El propio coordinador de Morena dijo que respaldan el proyecto. Lo que cuestionan es la intención del Ayuntamiento de financiarlo con un nuevo endeudamiento cuando, según su postura, existen recursos para ejecutarlo sin contratar más deuda.
Gobernar también consiste en asumir responsabilidades. Las obras municipales las ejecuta el Ayuntamiento, no el Congreso. Cuando un alcalde atribuye la falta de resultados a otros poderes, inevitablemente surge la pregunta de si el problema está en la falta de recursos o en la forma de administrarlos.
Mientras tanto, Bonilla lleva meses proyectando una imagen estatal. Su aspiración política es conocida y forma parte del debate público. Sin embargo, quienes viven en la capital esperan primero resultados como presidente municipal. La campaña permanente difícilmente sustituye al concreto, al pavimento o a las obras concluidas.
No deja de llamar la atención que, en medio de ese discurso, resurja el debate de hace meses sobre el modelo utilizado para fortalecer la seguridad pública. Morena ha cuestionado el contrato de arrendamiento de patrullas impulsado por el Ayuntamiento, al sostener que resultó más costoso que la compra directa y que, al término del contrato, las unidades no pasarán a formar parte del patrimonio municipal. Son críticas políticas que la administración ha enfrentado desde hace meses.
El contraste que plantea la oposición también forma parte de la discusión. Mientras en Juárez se adquirieron patrullas que quedaron como propiedad del Municipio, en Chihuahua se optó por un esquema de arrendamiento que, según los datos presentados por Morena, implica un mayor costo y pagos continuos. Ese señalamiento existe y forma parte del debate público.
Ahora ocurre algo parecido con Poniente 5. Estrada sostiene que el Municipio dispone de capacidad financiera y que lo que hace falta no es otro crédito, sino una mejor administración. Además, señala que aún falta transparentar información sobre los terrenos donde comenzará la primera etapa del proyecto.
Dicen los que dicen saber que, en política, culpar al adversario es uno de los recursos más viejos del manual. Sirve para desviar la conversación y, de paso, ganar algo de tiempo. Sin embargo, tarde o temprano la realidad alcanza a todos: los ciudadanos preguntan por las obras prometidas, por las ya pagadas y por las que siguen brillando por su ausencia.
Las encuestas también forman parte del escenario político. Hoy colocan el perfil del alcalde con licencia de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, por encima del propio Marco Bonilla en la carrera rumbo a la gubernatura. Esa realidad convierte cada decisión administrativa, y también cada omisión, en un asunto que inevitablemente será juzgado en las urnas.
Quizá por eso la frase de Estrada encontró eco. A veces los espejos no sirven para encontrar culpables, sino para recordar que gobernar implica hacerse cargo de las decisiones propias antes de buscar responsabilidades en los demás.
¿La gobernadora tiene problemas emocionales?
La gobernadora María Eugenia Campos continúa dando de qué hablar. En esta ocasión no por temas relacionados con presuntos casos de corrupción o por otras polémicas que han marcado su administración, sino por los recientes episodios protagonizados en el ámbito interno de su gobierno.
Una fuente de su círculo cercano sostiene que enfrenta dificultades para manejar la presión y las emociones, situación que, según esa versión, la habría llevado a tomar decisiones y protagonizar escenas públicas que han generado cuestionamientos.
Primero ocurrió el episodio en el que la entonces asistente de la gobernadora, Anya Trevizo, quien intentó ayudarle en una conferencia de prensa. El momento llamó la atención porque pocas cosas exhiben tanto la dinámica interna de un equipo como un regaño frente a las cámaras. Días después llegó su renuncia. La reacción de la mandataria fue como si tuviera un problema que la está afectando desde hace años.
Después vino otro movimiento: Rafael Loera, esposo de la ex asistente Anya Trevizo deja la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común, mientras el Gobierno del Estado anuncia el nombramiento de Jesús Salvador Carrillo Castillo. El comunicado informa el relevo, pero no aclara si la salida obedeció a una renuncia o a una decisión de la administración. Ese vacío inevitablemente abre espacio a las interpretaciones.
Lo curioso es que ya no son los adversarios políticos quienes alimentan las versiones. Los propios movimientos dentro del gobierno terminan convirtiéndose en el principal combustible de la conversación pública. Cuando los cambios se acumulan y las explicaciones escasean, el costo político lo paga quien encabeza la administración.
Mientras tanto, desde el discurso oficial se insiste en continuidad y proyectos estratégicos. Sin embargo, cada relevo importante vuelve más difícil sostener la imagen de un equipo compacto. Gobernar también implica transmitir estabilidad, y esa percepción comienza a erosionarse cuando los colaboradores cercanos dejan sus cargos en medio de episodios que generan controversia.
Quizá el problema no sea el nombramiento de un nuevo secretario, sino la impresión que dejan los acontecimientos. Porque en política, muchas veces, dicen, el mensaje no está en el comunicado, sino en aquello que el comunicado decide no explicar. Y cuando las respuestas no llegan desde el gobierno, las preguntas terminan ocupando todo el espacio.

