Durante décadas, la izquierda mexicana habló de las famosas tribus. Corrientes, grupos, expresiones o como se les quiera llamar. En teoría, nacieron para enriquecer el debate interno y democratizar los movimientos. En la práctica, muchas veces parecían competir más por ver quién tenía la razón que por derrotar al adversario de enfrente.
Al final, mientras unos peleaban por el rumbo de la revolución, otros terminaban peleando por el control del micrófono, la silla o la candidatura. Y así, lo que debía ser un ejército terminó pareciéndose más a una reunión familiar donde todos se conocen demasiado y nadie se pone de acuerdo.
La historia es conocida. Mientras la militancia concentra sus energías en disputas internas, el adversario político observa desde la barrera. El enemigo deja de estar afuera y aparece dentro de la propia casa. La izquierda mexicana ha vivido esa película más de una vez.
Algo de eso no ha dejado de observarse en Chihuahua. El pasado lunes, todavía como presidente municipal de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar fue cuestionado en la conferencia Semanera sobre el evidente golpeteo político que proviene de sectores identificados con el equipo de Andrea Chávez, la senadora con licencia, que también, igual que Pérez Cuéllar, busca la candidatura de Morena a la gubernatura para competir en el 2027.
No se trata únicamente de rumores, ya que como usted lo recordará, en este espacio se publicaron pruebas de publicaciones realizadas por el padre de la senadora, donde se alentaba una campaña negra contra Pérez Cuéllar, incluyendo acciones para vandalizar bardas donde aparecía el nombre del hoy alcalde con licencia.
La temperatura política subió todavía más esta semana. Justo cuando Pérez Cuéllar acudió al Congreso del Estado para comparecer sobre el tema del ISR, un grupo identificado con simpatizantes de Andrea Chávez se apostó afuera del recinto para lanzar consignas e insultos contra el juarense.
Como si eso no fuera suficiente, Juan Carlos Loera decidió entrar a la discusión. El exdelegado del Gobierno federal y ahora senador, publicó un mensaje que muchos interpretaron como un nuevo intento de golpear al grupo político de Cruz. Loera cuestionó que, tras la licencia del alcalde, permanezcan en el gobierno municipal perfiles que, según él, provienen de la derecha y no de la izquierda tradicional.
“Para los juarenses formados en la izquierda de siempre, que luchamos contra muchas adversidades para que aquí en Juárez se fundara y ganara Morena, resulta irónico que en el relevo luego de la licencia, sigan personajes que se formaron en la derecha (y por cierto muy alejados de Juárez) administrando la ciudad. ¿Será ya el momento de la llegada del Pueblo al poder en Juárez? ¿Que una mujer u hombre formad@ en la izquierda verdadera será posible que dirija en Juárez?”, fue el mensaje publicado del senador guinda en su Facebook.

Alejandro Portillo, un morenista vinculado al ámbito cultural de la frontera, no necesitó escribir un largo manifiesto para exhibir la contradicción. Le bastó una sola pregunta, de esas que suelen doler más que un discurso completo: “¿Hablas de la licencia que pidió Andrea Chávez y en su lugar se quedó Nora Yu?”.
En esta repentina búsqueda de certificados de pureza ideológica conviene recordar que la hoy senadora suplente no llegó precisamente de una asamblea estudiantil de la izquierda histórica, sino de una larga trayectoria en el PRI. Pero ya se sabe que en política hay conversiones instantáneas que obran milagros: algunos perfiles provenientes de otros partidos son motivo de sospecha, salvo cuando ocupan el escaño de los propios.
Como si Morena hubiera sido construido únicamente por un grupo o una corriente. Vale la pena recordar que el propio Andrés Manuel López Obrador militó durante años en el PRI antes de encabezar el movimiento que dio origen al partido guinda.
A estas alturas, pareciera que Cruz Pérez Cuéllar no sólo tendrá que enfrentar a la oposición tradicional rumbo al 2027. También deberá lidiar con un sector interno de Morena que actúa como si fuera propietario exclusivo del movimiento. Y cuando las tribus comienzan a pelear entre sí, la historia demuestra que los más beneficiados suelen ser quienes observan desde la acera de enfrente.
Cruz, las encuestas y el nerviosismo azul
Hasta ahora, de acuerdo con la mayoría de los sondeos y encuestas, todo indica que quien lleva la delantera en la contienda interna de Morena es Cruz. No sólo aparece bien posicionado, sino que además construyó durante el último año una estructura territorial que hoy parece ser la envidia de más de uno dentro del partido. Y es que, mientras algunos siguen acumulando likes y encabezados, Cruz acumuló operadores, liderazgos y presencia en el territorio.
Quizá por eso la tranquilidad comenzó a escasear en otros cuartos de guerra, donde cada vez parece valer más cualquier golpe, rumor o campaña de desprestigio con tal de frenar al alcalde juarense con licencia.

Dicen los que dicen saber, que las encuestas tienen una mala costumbre para los políticos: ponen números donde otros quisieran poner discursos. Y los números más recientes en Chihuahua parecen explicar mejor que cualquier conferencia o posicionamiento por qué comenzó a hablarse con tanta insistencia de la llamada Reforma de la Paridad de Género. Cuando Cruz Pérez Cuéllar aparece como el aspirante mejor posicionado de Morena, algunas alarmas comenzaron a sonar en la oposición.
Visto desde esa perspectiva, resulta más fácil entender por qué comenzó a tomar fuerza la llamada Reforma de la Paridad de Género, bautizada por sus críticos como la Reforma del Miedo. No surge precisamente cuando Morena está débil ni cuando Cruz está rezagado. Aparece justo cuando el alcalde juarense con licencia se consolida como el perfil más competitivo del partido guinda rumbo al 2027.
El broncón para sus impulsores es que una reforma hecha con dedicatoria política suele tener fecha de caducidad en los tribunales. Si el objetivo es bloquear a un aspirante específico, el camino jurídico se vuelve más complicado. Por eso no son pocos los especialistas que consideran que una medida de ese tipo podría terminar derrumbándose en las instancias electorales.
¿Por qué el interés de modificar las reglas? La respuesta parece estar en los números. Para el prianismo, enfrentar a un candidato con una estructura territorial consolidada en buena parte del estado representa un desafío mucho mayor. Durante los últimos años, Cruz Pérez Cuéllar construyó una red política que hoy le permite competir más allá de Juárez y aparecer constantemente en las primeras posiciones de las encuestas, como en la de Statistical Research Corporation (SRC).
En la más reciente medición de SRC coloca a Morena con una ventaja de 7.8 puntos sobre el PAN y, dentro del partido guinda, a Cruz Pérez Cuéllar como el perfil mejor posicionado rumbo al 2027.

Eso no significa minimizar a Andrea Chávez, quien mantiene presencia mediática y una base importante de simpatizantes. Sin embargo, la política, aquí y en China, sigue ganándose en las calles, en las colonias y en la operación territorial. Y si algo revelan estas cifras es que, hoy por hoy, el adversario que más preocupa al prianismo parece ser Cruz Pérez Cuéllar, quien según la encuesta de SRC, lleva una delantera de alrededor de 5 puntos, sobre Andrea Chávez. De ahí que algunos prefieran intentar cambiar las reglas del juego antes que enfrentar al jugador mejor posicionado.


