Ricardo Salinas Pliego llegó ayer al debut mundialista de México con la seguridad de quien lleva años creyendo que cada plaza pública es una extensión de su cuenta de X. Pero el estadio tenía otras reglas. Ahí no existían filtros, bloqueos ni seguidores cautivos. Había miles de aficionados y varios aprovecharon la oportunidad para devolverle, en vivo y sin intermediarios, una pequeña muestra del estilo que él mismo ha cultivado durante años.
Lo que ocurrió a las afueras del estadio tuvo algo de justicia poética. Durante años, ha repartido groserías con la generosidad de quien reparte volantes en campaña. Esta vez, sin embargo, la multitud decidió devolverle una pequeña muestra del producto. El empresario descubrió que el mercado de los insultos funciona en ambos sentidos y que, a veces, los clientes también tienen derecho a opinar sobre el servicio recibido.
La imagen refleja algo más profundo que un simple rechazo personal. Durante años, Salinas Pliego ha convertido la confrontación en una estrategia política. Ha insultado periodistas, ciudadanos, académicos y funcionarios. Ha llamado “idiotas”, “parásitos” y cosas peores a quienes no coinciden con sus opiniones.
La crítica política hace mucho que le quedó pequeña. Salinas Pliego ha asumido con el entusiasmo de un adolescente el papel de dirigente opositor honorario, vocero voluntario y candidato potencial de sí mismo. Hay días en que publica tantos mensajes políticos que uno termina preguntándose cuándo encuentra tiempo para administrar empresas.
“Ahí va la perra de Trump” le gritan aficionados, a @RicardoBSalinas a su llegada al Estadio Ciudad de México.
— Drama Queenskaya 🦭☭ (@MissSunshine4) June 11, 2026
Parece que el que se llevará todas las mentadas de madre, será él.
CELEBRO.
RT masivo!!!! pic.twitter.com/on3nmsqDTX
Tampoco han pasado desapercibidas sus constantes referencias a Estados Unidos y sus coincidencias ideológicas con sectores de la ultraderecha internacional. Por eso no sorprendió escuchar entre la multitud el calificativo de “perrita de Trump”, una expresión que refleja la percepción que parte de la opinión pública tiene sobre su cercanía con ese tipo de posiciones.
El rechazo apareció en un escenario que históricamente ha sido favorable para los grandes consorcios mediáticos. Durante décadas, la televisión moldeó buena parte de la conversación pública. Sin embargo, los tiempos han cambiado y la influencia de las pantallas tradicionales ya no es la misma.
TV Azteca, la empresa insignia de Salinas Pliego, ya no ocupa el lugar dominante que alguna vez soñó tener. En la competencia por las audiencias, Televisa mantiene una ventaja considerable y continúa siendo la principal referencia televisiva para millones de mexicanos, particularmente en eventos deportivos de gran alcance.
La escena tuvo algo de boomerang político. Durante años ha lanzado calificativos con la confianza de quien nunca espera respuesta. Pero el estadio le recordó una vieja ley de la física pública: todo insulto lanzado con suficiente fuerza puede regresar a su punto de origen.
El Mundial dejó goles, festejos y una escena que parece salida del catálogo de ironías nacionales: la de un empresario acostumbrado a lanzar insultos desde la comodidad de las redes sociales caminando entre una multitud que decidió responderle en su mismo idioma.
Dicen los que dicen saber, que la política tiene memoria, las redes sociales tienen hemeroteca y los estadios tienen una sinceridad brutal. Ahí no existen los algoritmos complacientes ni los aplausos programados. Ahí el personaje se encuentra con el público sin intermediarios. Y a veces descubre que la fama y la popularidad son cosas muy distintas.
Las CNTE: de maestros a operadores del conflicto
La CNTE parece entró hace tiempo en esa extraña etapa de los movimientos políticos donde la causa original se pierde entre las consignas, los bloqueos y la necesidad permanente de encontrar un nuevo escenario para la protesta. Ahora amenazan con llevar sus movilizaciones a Monterrey y Guadalajara, como si el Mundial fuera el culpable de todos los males acumulados durante décadas.
Lo curioso es que mientras más explican sus demandas, menos claro resulta el objetivo final. El Gobierno Federal ha presentado propuestas, mesas de diálogo y alternativas. Sin embargo, la Coordinadora insiste en una exigencia que sabe prácticamente imposible de cumplir en los términos planteados. La negociación parece haber sido sustituida por una estrategia donde lo importante ya no es resolver, sino mantener vivo el conflicto.
Por eso cada vez son más quienes observan el movimiento con escepticismo. La CNTE nació como una fuerza de resistencia magisterial, pero hoy muchos ciudadanos tienen dificultades para distinguir dónde termina la defensa de los maestros y dónde comienza la agenda política de grupos que parecen sentirse más cómodos en la confrontación que en los acuerdos.
Las redes no suelen ser un laboratorio de paciencia, pero incluso ahí comienza a notarse el desgaste. Cada nuevo bloqueo parece confirmar una extraña habilidad de la CNTE, la de lograr que sus acciones sean celebradas con entusiasmo por los mismos sectores que históricamente jamás habrían marchado junto a ellos, como los prianistas.
No es casual, por supuesto, que aparezcan los mismos personajes celebrando cada bloqueo, cada toma y cada intento de sabotear eventos nacionales. Entre ellos destaca Ricardo Salinas Pliego, convertido desde hace tiempo en una especie de animador oficial de la indignación artificial.

