El conservadurismo chihuahuense volvió a ofrecer ayer una de esas escenas políticas que harían sonrojar hasta a un acta constitutiva de 1857. Diputados del PAN, acompañados por PRI, MC y PVEM, optaron nuevamente por desaparecer del Congreso para evitar discutir el matrimonio igualitario. Ni debate, ni argumentos, ni votación. Aplicaron la vieja técnica parlamentaria del “si no hay sesión, no existe el problema”, como estudiante que falta al examen creyendo que así desaparece la materia.

La escena terminó siendo todavía más absurda por el despliegue policiaco colocado en los accesos al Congreso. Elementos de seguridad custodiando puertas, revisando entradas y conteniendo manifestantes LGBT+ como si el peligro para Chihuahua fueran ciudadanos exigiendo derechos civiles. Dan pena. Mucha pena. Mientras el estado enfrenta violencia, desapariciones y crisis estructurales, parte de la clase política decidió convertir a parejas del mismo sexo en la amenaza pública del momento.
Solo faltó que los grupos ultraconservadores rezaran con biblias afuera del recinto, completando una fotografía lista para una postal entre el cabildo colonial y mitin religioso improvisado. Todo para impedir que se discuta algo que en gran parte del país ya es un derecho reconocido desde hace años. ¿A qué le tienen tanto miedo? ¿A la igualdad? ¿A perder votos? ¿O simplemente a aceptar que Chihuahua ya no se parece al estado cerrado que algunos sectores políticos todavía añoran?

El nivel de normalidad con el que el panismo asume bloquear derechos humanos fundamentales ya es inadmisible. Alfredo Chávez, el diputado estatal azul que tiene la ciudad de Chihuahua tapizada con panorámicos suyos —como si estuviera en precampaña permanente o promocionando una franquicia política— justificó cancelar la sesión por las protestas, como si manifestarse fuera un delito y no precisamente una consecuencia natural de años de exclusión política.
Resulta curioso escuchar discursos sobre “democracia” mientras se evita deliberadamente que el Congreso vote. Democracia, pero sin personas opinando demasiado fuerte y, de preferencia, sin igualdad entrando al pleno.
Y mientras el bloque conservador monta espectáculos morales, Chihuahua continúa acumulando pendientes históricos en materia de derechos civiles. Terapias de conversión, acceso igualitario a salud, reconocimiento pleno de familias diversas y políticas contra la discriminación siguen atrapadas en el mismo congelador ideológico de siempre. Un sector político que presume modernidad económica, pero que en derechos humanos todavía gobierna con mentalidad de hace un siglo.

La escena del Congreso dejó evidenció que el problema no era el debate. El problema era permitir que existiera. Dicen los que dicen saber, que cuando una mayoría legislativa necesita policías, puertas cerradas y sesiones reventadas para evitar discutir derechos civiles, lo que realmente queda exhibido no es la protesta social. Es el profundo miedo político de un conservadurismo que empieza a quedarse sin tiempo frente a una sociedad que ya cambió hace años.
Los viajes de lujo María Eugenia
La Unidad de Investigación de SinEmbargo publicó ayer un reportaje que exhibe con detalle los viajes, viáticos y gastos de la gobernadora María Eugenia Campos y su equipo desde 2022. Y el retrato resulta difícil de explicar en un estado donde miles de familias sobreviven con salarios precarios mientras desde el poder se cargan al erario vinos italianos, hoteles cinco estrellas, limusinas y cenas de lujo.
La investigación documenta más de 90 viajes con gastos superiores al millón de pesos en vuelos, hospedajes y comidas. No se trata precisamente de giras espartanas. Hay cuentas en restaurantes exclusivos de Washington y Roma, platillos de langosta, jamón ibérico Bellota, vino Amarone della Valpolicella, postres europeos y hasta servicios de limusina por más de 35 mil pesos la hora.

Uno de los casos más llamativos fue el viaje al Vaticano en diciembre de 2025. Una gira oficial de diez días que costó casi medio millón de pesos al erario entre hospedajes, comidas y viáticos de la comitiva. La gobernadora se hospedó en el Hotel de Russie, mientras integrantes de su equipo acumulaban cuentas de restaurantes italianos con antipastos, tiramisú, pizzas y capuchinos. Todo pagado con dinero público bajo el argumento de promover culturalmente a Chihuahua.
¿Cómo encaja este nivel de gasto con el discurso permanente de sacrificio, responsabilidad y “defensa de Chihuahua” que el panismo suele repetir? Y es que se habla de crisis, inseguridad y limitaciones presupuestales, pero el reportaje dibuja una rutina gubernamental bastante cercana al turismo premium institucional.

