La gobernadora María Eugenia Campos Galván apareció con Ciro Gómez Leyva como quien llega a confesarse antes de que le encuentren el pecado. Negó bloqueos y se atrevió a asegurar que desconocía la presencia de agentes estadounidenses en el operativo de El Pinal. Solo le faltó decir que lo sucedido en Chihuahua es una ilusión óptica creada por Morena.
Sabemos que cuando un gobierno necesita filtrar a medios amigos que una marcha fue “un fracaso”, quizá lo que realmente fracasó fue la tranquilidad del poder. La operación fue casi tierna: repetir hasta el cansancio que apenas acudieron 2 mil 500 personas, acompañar la narrativa con una fotografía tomada al final del evento —cuando ya muchos se habían retirado— y esperar que la ciudadanía aceptara el truco como si Chihuahua entero padeciera ceguera colectiva.
Nada por aquí, nada por allá. María Eugenia todavía no se cansa de asegurar que no tuvo nada que ver con los bloqueos carreteros. Y uno quisiera creerle. De verdad. Pero el tono indignado con el que lo niega recuerda a esos personajes de las viejas crónicas políticas mexicanas (tan comunes en pueblos, ciudades y capitales por igual) que, después de provocar el caos en la plaza pública, aparecen con gesto solemne y una cubeta vacía en la mano preguntando quién habrá sido el irresponsable que dejó todo hecho cenizas.
No es un asunto de geografía, sino de costumbre política, porque el viejo arte de fingir sorpresa frente a conflictos que demasiado convenientemente terminan beneficiando al poder. Esa tradición tan mexicana donde el funcionario se coloca al frente del incendio para posar como brigadista, aunque todavía huela a gasolina. ¡Qué cinismo el de Campos!
“No, no, no, Ciro, de ninguna manera”, dijo. Triple negación: recurso clásico de quien intenta convencer más al espejo que al interlocutor.
Luego vino el momento más involuntariamente autobiográfico de la entrevista: cuando aseguró que Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar “son veneno”. Ahí la lengua le jugó una mala pasada. Porque, en realidad, sus declaraciones fueron un retrato más preciso de sí misma que de sus adversarios. Veneno es convertir cualquier crítica en conspiración. Veneno es gobernar desde el resentimiento mediático. Veneno es hablar de polarización mientras se alimenta diariamente el conflicto.
Y qué decir del melodrama sobre la “incomprensión” del centro del país hacia Chihuahua. La narrativa ya parece radionovela de los años cincuenta, con la heroína incomprendida, el Gobierno federal perverso y el Estado noble abandonado a su suerte. Solo faltó un violín triste de fondo mientras mencionaba el gusano barrenador.
También negó haber sabido de agentes estadounidenses operando en territorio estatal. Curioso. Porque según su propia versión, sí supo después del accidente. Es decir, no sabía, pero luego sí sabía, aunque tampoco tenía nada que ver, aunque sí había operativos, aunque no sabía quién estaba ahí. Una coreografía verbal digna de quien intenta bailar sobre hielo político derretido.
Lo verdaderamente interesante no es lo que dijo Campos, sino lo que reveló sin querer: que Morena ya dejó de ser para el PAN chihuahuense una molestia pasajera y comenzó a convertirse en una amenaza real. El crecimiento del movimiento guinda en Chihuahua le quitó al oficialismo estatal algo que creía eterno: la comodidad.
Por eso tanta entrevista. Por eso tanta explicación. Por eso tanto nervio disfrazado de firmeza. Dicen los que dicen saber, que el poder, cuando se siente seguro, gobierna. Pero el broncón viene cuando tiene miedo, porque empieza a justificarse demasiado.
El carrusel y la mentira de los bomberos
Los panistas hicieron todo en carrusel. Primero apareció la gobernadora desde la Ciudad de México, dando entrevistas con ese tono entre indignado y solemne que suelen utilizar los conservadores cuando sienten que el suelo comienza a moverse bajo sus pies.
Después, en el Congreso del Estado, diputados del PAN retomaron el libreto para intentar golpear a Cruz Pérez Cuéllar con el tema del supuesto abandono al Departamento de Bomberos. Más tarde, como parte de la misma coreografía, salió el desangelado (pero de barba muy bien arreglada) dirigente municipal panista a repetir la historia con menos fuerza que convicción.
Todo parecía ensayado. La vieja política todavía cree que repetir una versión varias veces termina convirtiéndola en verdad. Y quizá hace algunos años funcionaba. El problema es que hoy los ciudadanos comparan, revisan y observan. Las cosas ya no son iguales que antes.
Mientras desde el PAN intentaban construir la imagen de un cuerpo de Bomberos abandonado, comenzaron a aparecer datos duros para el discurso opositor: salarios homologados, prestaciones integradas, inversiones en unidades, rehabilitación de estaciones y mejores condiciones laborales para los elementos juarenses.
Y entonces la narrativa comenzó a desmoronarse solita. Los números tienen algo cruel, porque no se indignan, no gritan y no hacen ruedas de prensa, pero suelen desmontar espectáculos completos. Resulta que los bomberos de Ciudad Juárez están entre los mejor pagados del país.
Resulta también que en municipios gobernados por el PAN los ingresos son considerablemente menores y muchas veces dependen de compensaciones que ni siquiera cuentan para prestaciones laborales. Pero claro, esa parte no aparecía en el drama político que quisieron montar.
La respuesta de Cruz Pérez Cuéllar llegó sin demasiado escándalo y quizá por eso pegó más fuerte. El alcalde fronterizo respondió con cifras, comparativos y datos públicos. A veces una tabla salarial puede convertirse en la forma más elegante de exhibir una mentira.
La cachetada con guante blanco apareció cuando la información al alcance de todos, evidencia que municipios panistas como Chihuahua capital, Delicias o Cuauhtémoc mantienen salarios mucho más bajos para sus bomberos. Ahí fue cuando el discurso del PAN empezó a parecer menos una denuncia y más una estrategia desesperada de desgaste político.
Mientras el PAN intenta convencer a la ciudadanía de que Juárez vive entre abandono y ruinas, la ciudad sigue viendo nuevas unidades, obras públicas, escuelas rehabilitadas y mejores condiciones para distintos sectores municipales. Es como esos magos cansados que insisten en distraer al público mientras el truco ya quedó descubierto. Y quizá por eso el nerviosismo se nota tanto.
Que no se nos olvide, que detrás de cada entrevista, de cada conferencia y de cada ataque coordinado, empieza a asomarse la verdadera preocupación panista: Morena continúa creciendo en Chihuahua mientras ellos siguen atrapados en la política del eco, donde todos repiten lo mismo esperando que alguien todavía les crea.

