La rickettsia dejó de ser un problema eventual para convertirse en una condición permanente en Ciudad Juárez. Eso significa que no desaparece, que circula todo el año y que exige respuestas igual de constantes. En ese escenario, el margen de error se reduce al mínimo, porque cada caso sospechoso es una carrera contra el tiempo.
Y ahí es donde comienza la falla. Mientras el Municipio intensifica acciones en campo —fumigaciones, destilichaderos, campañas—, el eslabón más crítico sigue dependiendo del Gobierno del Estado. La confirmación de casos, la vigilancia epidemiológica y, sobre todo, el diagnóstico, siguen concentrados en instancias estatales que no están resolviendo con la rapidez que la enfermedad exige.
Hoy, en Ciudad Juárez no existe un laboratorio capaz de procesar pruebas de rickettsia, por lo que las muestras deben enviarse hasta la ciudad de Chihuahua. Este procedimiento implica tiempos adicionales en el traslado y análisis, lo que retrasa la confirmación de casos y el inicio del tratamiento. En una enfermedad como la rickettsiosis, donde la evolución puede ser rápida, la oportunidad en la atención médica resulta determinante.
El problema además de ser logístico, es estructural. Si la enfermedad ya es endémica, la respuesta también debería serlo. Tener centralizado el diagnóstico en otra ciudad revela una falta de adaptación del sistema de salud estatal a la realidad fronteriza. Juárez no puede seguir operando como si fuera un punto periférico en términos sanitarios.
Mientras tanto, los números reflejan la urgencia. Con 21 casos confirmados y 11 defunciones, la letalidad es alta. Aunque la mayor parte de casos se concentra en el suroriente, ha habido confirmaciones en casi todos los sectores de la ciudad. Eso obliga a actuar con precisión quirúrgica. El Estado debería saber que el diagnóstico oportuno no es un lujo, es la base de cualquier estrategia efectiva. Sin él, la atención llega tarde o, en muchos casos, no llega.
El Municipio ha asumido una parte importante del trabajo: limpieza, control del entorno, atención a mascotas, brigadas casa por casa. Pero la rectoría sigue siendo estatal. Y si el Estado no garantiza herramientas básicas como la confirmación rápida de casos, toda la estrategia se debilita desde su núcleo.
Instalar un laboratorio en Ciudad Juárez no es una opción política, es una necesidad sanitaria que debe ser atendida con urgencia. Acercar el diagnóstico permitiría reducir tiempos, mejorar la atención médica y salvar vidas. La rickettsia ya se quedó en la ciudad. La pregunta es si el Estado también estará a la altura de esa realidad.
Granados celebra a Montiel, pero deja preguntas abiertas
Ayer, la presidenta estatal de Morena, Brighite Granados, difundió un comunicado en el que reconoce la llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional del partido. El mensaje fue el esperado: respaldo, buenos deseos y la promesa de que su experiencia fortalecerá la vida interna del movimiento. Nada fuera del guion. Nada que no se haya dicho antes en cada relevo que se presume como oportunidad para reorganizar al partido.
Sin embargo, entre líneas, hay un silencio que pesa más que cualquier declaración. Granados no dijo si, con esta nueva etapa, se terminarán las prácticas que han generado inconformidad dentro del morenismo chihuahuense. No aclaró si habrá piso parejo rumbo a las decisiones que vienen ni si se dejarán atrás los señalamientos sobre favoritismos que han marcado su dirigencia.
Hasta hoy ha dejado sentir su apoyo abierto hacia Andrea, incluso hay grabaciones en las que casi pone a disposición la estructura del partido para favorecer a la senadora con licencia Andrea Chávez. No creemos pues, que estas prácticas al viejo estilo priista, sean bien vistas por la nueva dirigencia nacional del partido más fuerte en México.
Si algo se comenta en corto (y ya no tan en corto) y en los pasillos guindas es que las reglas no han sido las mismas para todos. Las quejas se acumulan, los señalamientos apuntan a una operación inclinada y la percepción de “dados cargados” no ha desaparecido. Cualquier llamado a la unidad suena incompleto si no viene acompañado de garantías reales de equidad.
El problema no es el discurso, es la práctica. Morena en Chihuahua enfrenta una prueba interna que no se resuelve con comunicados, sino con decisiones. La militancia no solo observa, también toma nota. Y en ese registro, hay una preguta: ¿habrá un cambio en la conducción o continuará la misma lógica que ha generado tensiones?
La llegada de Ariadna Montiel abre una nueva etapa en lo nacional, pero en lo local el reto es distinto. La dirigencia estatal tiene la oportunidad de corregir el rumbo o de confirmar las dudas. Dicen los que dicen ssaber que en política, más que los mensajes, lo que termina pesando es la forma en la que se juega el tablero. Y hoy, ese tablero en Chihuahua sigue sin verse parejo.

