Qué importa que Dios exista: la sagrada paz
femenina en la nueva novela de Isa González Bretón
La escritura femenina en Puebla respira aire fresco a partir de la publicación de Qué importa que Dios exista de la autora poblana –no es repetición, sino temprano recordatorio– Isa González Bretón. Aparece publicada bajo el sello de la editorial independiente Nitro/Press, en su colección “Habitaciones propias” que impulsa, justamente, las escrituras femeninas contemporáneas y donde, desde la portada, se nos promete una historia rebelde y, por ello, única.
Sin preámbulos. La novela nos presenta a dos protagonistas: Mitsuko y Luna María. En ellas es posible observar una lucha por reconciliarse con su imagen y superar el pasado que las hace sentir avergonzadas.
En primer lugar, nos encontramos con Mitsuko, una chica cuya personalidad tiene como centro el no ceder tan fácil ante los sentimientos. Tiene una vulnerabilidad física y de nacimiento, entonces su actitud ante el mundo es, en realidad, un cuidado de sí misma. El defecto, como en casi todas las personas, la hace sentir como una anomalía en comparación con otros –y, sobre todo, otras–.
Aunque paradójico, sus desbalances emocionales le permiten proteger sus sentimientos más profundos. Su personaje representa, en un nivel superficial, temáticas como la vanidad y la presión estética por encajar que, a la luz de su desarrollo, terminan por ser complejas.
Con forme a lo anterior, se vuelve experta en cuidar y controlar los deseos de sus clientes. Dicho papel la lleva a enfocarse y ensimismarse en el placer de otros, al grado de empezar a desconocer el propio.
Una experiencia religiosa le abrirá los ojos para darse cuenta de que, en realidad, jamás tuvo que pasar por estas situaciones. ¿Cuántas veces en la literatura encontramos el viaje al interior de un ser femenino? La respuesta, como veremos, siempre estuvo en ella. Pero ¿cuál es esta respuesta?
Por otra parte, hallaremos los temas de la religión y la fe, movimientos usualmente descritos –e incluso criticados– como ambiguos, idealistas y sumamente ambiciosos. Así, la autora nos presenta a de Luna María, la segunda protagonista cuya principal característica es la valentía.
Luna María es una personaje poco habitual en el mundo real, pero con el discurso social que no nos es del todo ajeno: las condenas e ideales de su madre le ayudaban a creer que la belleza no es algo tan importante, sino que la inteligencia es más importante. Y, aunque las razones maternas pudieran sonar válidas, Luna María fue impedida de generar sus propias ideas. Como consecuencia, aparece la rebeldía y desafía a su madre realizándose una operación estética. En el libro la relación con la figura materna es un aspecto fundamental. Rastreamos el planteamiento de que la edad es indiferente ante el deseo de independencia que hace frente a la herencia emocional propia, la carga única que poseemos.
A raíz de esto, Luna María comienza a tener apariciones religiosas donde la figura de María Magdalena la persigue como una señal para poder culpabilizarse por “vanidad”. De esta forma, la aparición de dicha figura se torna en reprimenda externa y, al mismo tiempo, un reflejo de culpa impuesto –inconscientemente– por su madre.
Entonces, González Bretón nos coloca ante simbolismos religiosos tradicionales reinterpretados: en sus epifanías, Luna María experimenta el olor a mirra cuando descubre introspectivamente un conocimiento sobre su cuerpo. Este elemento, por ejemplo, simboliza en la tradición católica la humanidad de Cristo como una revelación completa. En la novela marca el inicio y desarrollo de la sanación personal de Luna María.
Pero María Magdalena nos conduce a algo más que la introspección, su acontecimiento implica también la unión de Mitsuko y Luna María. Deja de ser un símbolo de pecado para ser uno de unión y sororidad. Las diferencias de ambas dentro de esta amistad se diluyen ante la experiencia y narrativa comunes de alcanzar la perfección. Pasa de ser una figura de condena a una de unión y total entendimiento entre mujeres.
Quizá en ello resida la profundidad filosófica de la novela, en construir qué es lo que realmente nos define y con total enfoque en el ser femenino. Nos preguntamos: ¿nuestra apariencia, nuestras carencias o la narrativa que construimos sobre nosotras mismas son la base de ese encuentro? La obra propone una trascendencia a través de la aceptación de nuestras “anomalías” y en su interpretación como sagradas.
Incluso, me atrevería a verla como una invitación a dejar el ocultamiento en las sombras y a entender que somos una “creación admirable”, incluso si eso implica contradicciones físicas y mentales individuales con el entorno.
A través de lo cotidiano y lo trascendental, Isa González Bretón invita a reflexionar sobre cómo las mujeres habitamos nuestro cuerpo y nuestra psique en ambas direcciones, la del pasado y la del futuro. Aunque, a veces, nos sintamos infortunadas por una o la otra. Conforme avanza la historia, notamos cómo las personajes femeninas comienza su sanación a través de otras mujeres. La amistad aquí es tratada como un espacio de validación, donde es posible ser vulnerables y mirarse sensibles entre ellas. A través del contacto con otras mujeres y de la aceptación de nuestras “anomalías”, podemos tener la paz sagrada.
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Isa González Bretón es originaria de Puebla. Licenciada en Antropología Social por la UDLA Puebla y Maestra en Letras Iberoamericanas por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Ganadora del XI concurso de cuento «Mujeres en vida», BUAP, 2007. Es autora de los libros de cuentos De vez en cuando, Si te vi no me acuerdo, A qué llamamos amor, Caídas,Tóxica(s), Dígalo sin miedo, Avon llama y El cuerpo de Crista. Otros cuentos de su autoría aparecen en las antologías: Volver a los diecisiete, cuentos de lolitos con el relato «Té de tila»; ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género con el microrrelato «Amarás»; en la Tercera antología de escritoras mexicanas con el cuento «Tic Tac»; en Vagón Rosa Rosa Rosa y Los cuentos por fuera. En Nitro/Press encontramos en una próxima complicación de cuentos sobre el cine el relato «Los Magos»; en Lados B. Narrativa de alto riesgo del año 2017 el relato «El anticuario». Ha impartido talleres de cuento y autobiografía, combinando la escritura con el performance.

