Así mis hábitos de lectura: oler la flor y prescindir de todo aquello que pueda describirla: contraportadas, prólogos, reseñas, críticas… espinas advertidas por Italo Calvino en Si una noche un viajero que en su intento de complementar pueden distraer la mirada de la verdadera cuestión: el poema, el libro, el aroma de las flores.
El escritor en su búsqueda por la palabra es el crítico de su propia obra, un lenguaje que orbita en un espacio más allá del logos, de aquello que la cabeza posee. Así el lector también es -desde otra búsqueda- un crítico. Lo que podamos leer más allá de lo que rodea al libro, podrá o no sernos útil, pero es sólo un placer preliminar.
Desarrollé, -como Paul Valéry- la manía de comenzar por el principio: mi propio principio. El recorrido de cualquier materia como “si tantos otros no lo hubieran trazado y recorrido ya”.
Basta un verso, un solo verso como una flor que cae por el azar o el accidente y nos maraville, por su claridad y su misterio, para andar a buscar ese árbol, a ese autor que no sabe para quién escribe y adentrarnos, movidos por una incertidumbre íntima, al bosque de las viejas preguntas (siempre nuevas) y descubrir, al paso de nuestras circunstancias y nuestra aparente arbitrariedad, que el lenguaje es un instrumento cotidiano para sentir otra cosa, balbucear, en nuestros intentos desordenados e incipientes un poema que nos recuerde a la flor original. Solo para darnos cuenta, si somos insistentes, que no bastaba el asombro para la creación y volvamos de nuevo al silencio, a ese no-lenguaje en las palabras que conforma una materia difícil de aprender.
A veces el ruido es alto y las motivaciones cambian, nosotros los jóvenes somos ambiciosos y tenemos con frecuencia la costumbre de no saber a dónde dirigir dicha ambición. Algunos creemos que basta la emoción para escribir; otros descubrimos, con el paso del tiempo, que esa nebulosa apasionante es apenas la brisa de un largo ejercicio riguroso y solitario.
Pero los días son de una prisa circular y feroz, de un engranaje frío que conforma otra cosa. La conversación crítica y apasionante sobre la poesía se agota por un engranaje de nuevos y viejos enemigos:
Entre ellos la educación pública y privada que petrifica al balbuceo, a la experimentación de la lengua y sus juegos fonéticos, visuales, imaginarios, evocativos, es decir, una sinestesia que abre campo a la exploración de una sensibilidad poética y a la ramificación de un pensamiento crítico.
Detrás de tal petrificación aparece un papalote roto: el juego del niño (y del adulto) en crisis, la imaginación, el contacto con la mirada del otro.
Además, al sistema le vino muy bien hacernos creer que la poesía es aburrida y compleja ya sea por exceso o falta de ella; por su imposición o su despojo.
Así la educación del hombre máquina le dio una patada en el culo a la poesía porque es más útil caminar que bailar. Caminar es como narrar (y aquí guiño a Valéry) supone un inicio y un final, hacer, llegar a un lugar. Pero bailar es otra cosa: bailar supone congelar las manecillas, el caer grano a grano de la arena, es decir, todo lo que el hombre máquina odia porque implica ser y ser no es útil, no produce dinero.
Por eso la poesía no vende, porque la enseñanza de la lectura y la escritura en la era del hombre máquina es prosaica y la poesía se escapa como un colibrí. Entonces queda uno perdido en la explicación y la descripción del colibrí, es decir una escritura sin danza.
El hombre máquina camina, habla sin evocar, es prosaico y separa su prosa en versos. Juega como que no tiene dos pies izquierdos, como que sí danza, pero ¿quién es culpable de los pies izquierdos?
Desde luego el burócrata cree saber de lo que hablo, porque es muy intelectual y quiere limpiar su imagen con las servilletas de nuestros poemas, para que podamos sentirnos por una vez importantes.
Y mientras nosotros, los jóvenes poetas andamos mirando una flor, es decir muy ocupados, las Secretarías de Cultura, a través del Instituto, por medio de la Coordinación deliran con ser autoridades judiciales de sus premios literarios, soldados de la paz con fusil en mano y una carta de buena conducta en la otra porque no vaya a ser que yo un día deje de ver flores y como ellos, delire y les pida horas de retribución social, de servicio comunitario a los ganadores porque soy un padre que se rompe el lomo y pago, por esas tontas servilletas, entonces me deben un favor…no vaya a ser que me ponga muy agresiva en el patio.
Pero me he desviado, pensaba en el oxímoron del poeta-burócrata.
El espíritu del burócrata está atrapado en la burocracia y escribe cursilerías porque la burocracia es cruel y cursi. Además, la geometría del burócrata es vertical, no le gusta sentarse y ver el horizonte porque es muy importante en la tribuna. Es linda la tribuna, uno gana muchas cosas allí, pero el espíritu se añeja como las obras guardadas en una bodega protegidas por el Estado.
De allí la importancia de discernir las trampas del éxito, el vicio del aplauso:
Tu poesía es solemne y buena, sí, muy solemne y muy buena.
Nosotros los jóvenes lectores y poetas no podemos formar parte de esta antología llamada Orgasmos de solemnidad…es que imagínense ustedes:
Orgasmos de solemnidad destaca por su gran manejo de los recursos poéticos logrando articular un estilo y la culminación de una voz propia cuya sensibilidad evita lo ornamental y apuesta por la esencia. A lo largo de la obra se consolida un universo coherente, logrando un equilibro entre riesgo estético y claridad expresiva abriendo nuevos puentes para la poesía contemporánea.
Sí, todo eso suena muy bien. Uno necesita comer y motivarse, en los premios también hay espíritus sensibles y críticos… pero ¿quiénes conforman Orgasmos de solemnidad?
Al finalizar la presentación, como parte de nuestro programa, haremos un poe-collage: recortamos los versos y los revolvemos (porque el orden de los factores en esta antología no altera el producto) y quién sabe, capaz hacemos algo chido y le llamamos intervención poética.

Díbanhi Lozano (Monterrey, N.L., 1999) escribe poesía, ensayo y narrativa. Es Licenciada en Psicología con certificaciones en el área clínica, educativa y organizacional. Actualmente estudia la Maestría en Psicología con Orientación en Clínica Psicoanalítica en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Sus primeros poemas aparecen en la Revista Literaria Internacional Infinitus (2017), Revista Literaria Trinando (Colombia, 2017) y en la Revista Extrañas Noches (Argentina, 2017). Ha publicado narrativa en la revista digital Relatos de la Cuarentena de Tres Nubes Ediciones en coedición con la UANL (México, 2020), en la antología física Memorias del confinamiento 2020 en la Editorial Universitaria UANL (México, 2021) y en la revista digital Poetripiados (México, 2025). Moderó el X Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes en el Centro de Investigación, Innovación y Desarrollo de las Artes y ha compartido espacio como escritora invitada en Radio UANL y Radio Universidad Pedro de Gante. En 2020 colaboró en Anónima Editores como moderadora de presentaciones literarias, difusión de talleres y entrevista a poetas latinoamericanos como Soledad Fariña y Nérvinson Machado. También ha publicado video-reseñas con análisis y crítica literaria en Youtube. Ha realizado conversatorios y leído su obra en diferentes espacios culturales. Actualmente está escribiendo su primer libro de poesía.

