La carrera en Morena para elegir al Coordinador Estatales de Defensa de la Cuarta Transformación en Chihuahua en 2027 comienza a tomar forma, y lo hace con datos que ya marcan una tendencia clara dentro de Morena.
En medio del evento masivo en la Plaza de la Mexicanidad el sábado pasado, en el que el movimiento que encabeza Cruz Pérez Cuéllar reunió a más de 50 mil personas, se dio a conocer una encuesta elaborada por C&E que además de medir preferencias, perfila liderazgos y, sobre todo, revela quién está logrando consolidarse en el ánimo ciudadano más allá del discurso.
En ese escenario, Cruz Pérez Cuéllar aparece al frente. Con el 27.4% de las menciones, supera a Andrea Chávez, quien alcanza el 21.2%. La diferencia se da en un momento en el que la senadora ya formalizó su intención de competir, mientras que el alcalde de Juárez mantiene una presencia constante desde el territorio y la gestión, a la espera de la publicación de las reglas en el partido.

Más allá de la preferencia general, los atributos también marcan la tendencia. Pérez Cuéllar encabeza tres de los cuatro indicadores clave que Morena suele considerar para definir candidaturas: honestidad con 79%, preparación con 56% y capacidad de gobierno con 67%. Es un patrón que refleja una percepción consolidada.
Chávez, por su parte, mantiene una fortaleza específica que tampoco debe minimizarse. El 51% de los encuestados la considera la más cercana a la gente, un atributo que en campañas suele tener peso. Sin embargo, en este momento, esa cercanía no le alcanza para compensar la ventaja que su adversario tiene en los otros rubros.
El dato que más debería llamar la atención está en los escenarios proyectados. Con Pérez Cuéllar como candidato, Morena alcanzaría el 36% de la votación, dejando a Bonilla en 29.5%. Es una ventaja clara, que no solo refleja intención de voto, sino una posible tendencia de arranque.
El contraste aparece cuando se mide a Andrea Chávez como candidata. Ahí la elección se cierra drásticamente. Morena ganaría, sí, pero apenas por dos puntos, lo que abriría un escenario mucho más competitivo y con mayor margen de riesgo.
Las alianzas que ha venido tejiendo Cruz Pérez Cuéllar no son casualidad ni resultado de la inercia. Hay método, hay operación y hay presencia constante en territorio. Eso quedó expuesto en el evento de “Los compas de Cruz” en la “X”, donde no solo se congregó gente, se articuló una red.
Ahí coincidieron sectores que pocas veces se ven alineados de manera tan clara. El educativo, el social y las propias fuerzas de Morena en el Congreso del Estado mostraron un bloque que no se construye de un día para otro. Lo que se vio fue estructura funcionando.
Ese tipo de encuentros no son decorativos, porque reflejan capacidad de convocatoria, pero también control político. Hay interlocución, hay acuerdos y hay una ruta que se está marcando con claridad dentro del partido.
A ese entramado, ya lo hemos tratado en otras entregas, se suman los grupos cercanos a la presidenta Claudia Sheinbaum, particularmente los que operan desde la Secretaría del Bienestar bajo el mando de Ariadna Montiel, quien se rumora podría ser la próxima presidenta nacional de Morena. Ese respaldo, que conecta territorio con el centro del poder, es hoy uno de los pilares que sostienen el avance del alcalde juarense en el estado.
Del otro lado del tablero, el PAN parece tener menos ruido interno. Marco Bonilla concentra el 54.9% de las preferencias para ser candidato, muy por encima de otros perfiles. Eso lo coloca como el contendiente natural, prácticamente sin competencia dentro de su partido.
Los errores de María Luisa Alcalde
La salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia de Morena no sorprende tanto por el movimiento en sí, sino por la forma en que se dio. Durante varios días sostuvo una postura que dejaba ver más que disciplina política, una especie de condición personal: solo se iría si la presidenta se lo pedía. Y así ocurrió.
Ese detalle resulta revelador en la forma en que se ha conducido. En entrevistas recientes, Alcalde dejó ver una actitud que rozaba la suficiencia, como si su permanencia dependiera únicamente de su voluntad o de su cercanía con el poder. El tono, las respuestas y la manera de colocarse frente a los cuestionamientos reflejaban más una defensa de posición que una rendición de cuentas.
Su llegada a la Consejería Jurídica de la Presidencia, aunque presentada como un encargo relevante, también puede leerse como un desplazamiento. De dirigir el partido más importante del país a un espacio técnico dentro del gobierno. Un movimiento que en la narrativa oficial se reviste de honor, pero que en la práctica implica dejar el centro político para asumir un rol más acotado.
Aun así, en su mensaje de despedida insistió en los logros. En el video presentado en redes sociales ayer para anunciar su renuncia, habló del crecimiento de la militancia, de la expansión territorial, de la consolidación interna. Un balance que busca cerrar el ciclo con números, pero que deja fuera las tensiones que marcaron su gestión y los episodios que evidenciaron fisuras dentro del movimiento.
Uno de esos momentos fue el ocurrido en el Zócalo en marzo de 2025. Aquella famosísima escena en la que figuras clave de Morena dieron la espalda a la presidenta Claudia Sheinbaum mientras se tomaban una fotografía. Un gesto que, aunque accidental, tuvo una carga simbólica fuerte y generó una reacción inmediata.

Los involucrados salieron a ofrecer disculpas. Uno a uno reconocieron el error, asumieron la omisión y trataron de contener el daño político. Todos, menos una. Luisa María Alcalde optó por no disculparse. No hubo autocrítica ni reconocimiento del desliz. Su respuesta fue distinta, enfocada en desacreditar las críticas y en minimizar el hecho.
Esa postura marcó distancia. Mientras otros entendieron la dimensión del momento, ella eligió una ruta que muchos dentro del propio movimiento leyeron como falta de sensibilidad política. No era solo un protocolo roto, era un mensaje que requería contención, y no llegó.
Ahora, en su transición al Gobierno federal, esa misma percepción la acompaña. La idea de que su salida no fue del todo voluntaria, de que hubo resistencia hasta el último momento y de que su estilo, en ocasiones, ha sido más rígido que conciliador.
El relevo en Morena abrirá otro capítulo. Pero el paso de Luisa María Alcalde deja algo más que cifras. Deja preguntas sobre la forma en que se ejerce el poder dentro del movimiento, sobre los márgenes de autonomía y sobre el tono con el que se construyen, o se tensan, las relaciones políticas en la llamada Cuarta Transformación.
¿LA CIA con uniformes de la AEI?
De acuerdo con Los Angeles Times, los elementos de la CIA que participaron en el operativo en la sierra de Chihuahua no solo estuvieron presentes, sino que lo hicieron vestidos con uniformes de la Agencia Estatal de Investigación para mimetizarse con las corporaciones locales. El dato, por sí mismo, sacude cualquier intento de minimizar lo ocurrido. Y no es un episodio aislado. El mismo reportaje revela que se trata, al menos, de la tercera ocasión en el año en que agentes estadounidenses ingresan al estado de la mano de autoridades estatales para intervenir en acciones contra el narcotráfico.
El problema de fondo no es solo jurídico, es político. Lo que está en juego es la soberanía y la forma en que se están tomando decisiones en materia de seguridad en Chihuahua. Si los agentes de la CIA pueden operar disfrazados de policías estatales, entonces la línea entre colaboración y subordinación se vuelve peligrosamente difusa. Falta esperar el informe detallado de la Fiscalía General del Estado, que seguramente no abordará estos detalles.

