Muy activo ha andado el padre de Andrea Chávez, José Luis Chávez Viguera, contra el contrincante político de su hija, Cruz Pérez Cuéllar. Se ha vuelto uno de los principales promotores del boicot contra la campaña del alcalde de Ciudad Juárez que mantiene pintada en muchas bardas de la ciudad una frase que se ha vuelto un lugar común: #EsCruz.
Se trata de una campaña sucia hacia el interior de Morena, donde Andrea y Cruz mantienen una cerrada disputa para convertirse en Coordinador o Coordinadora para la Defensa de la Cuarta Transformación en Chihuahua, con miras a las elecciones para suceder a la prianista María Eugenia Campos.
Una contienda que, en teoría, debería resolverse con estructura, discurso y territorio, pero que en la práctica de un lado parece más un tramposo concurso para sabotear bardas ajenas. Democracia versión aerosol, pues.
La campaña sucia está enfocada en colocar dibujos de ratones a un lado de la palabra “Cruz” y en otros casos de plano borrar su nombre. “El loco”, como se le conoce al padre de la senadora, parece no estar muy de acuerdo con el llamado que ha hecho la presidenta Claudia Sheinbaum, quien desde agosto de 2025 ha pedido cerrar filas y evitar disputas internas.
Quizá alguien debería explicarle que “cerrar filas” no implica cerrar el paso a brochazos… ni organizar guerrillas gráficas con espíritu de secundaria rebelde.
Sheinbaum, como la gran conciliadora y líder natural del partido, ha solicitado una y otra vez que las diferencias internas no se traduzcan en señalamientos personales o divisiones, manteniendo la unidad del movimiento, particularmente ante los procesos electorales locales y federales.
El llamado de la presidenta se ha centrado en la contención de las pugnas entre facciones, buscando asegurar la cohesión interna por el bien del partido. Pero siempre hay quien entiende “cohesión” como “imposición” y “unidad” como “que gane mi hija… y luego vemos”.
Chávez Viguera es administrador de al menos un grupo de WhatsApp y miembro muy activo de otros, en los que participan seguidores de la senadora morenista. Ayer en “Debate por las ideas”, reenvió una imagen bajo la cual escribió ¡Ya comenzamos la revolución! En todos esos espacios da la apariencia de impulsar la campaña sucia contra las pintas del alcalde.
Una revolución, por cierto, bastante peculiar: sin manifiesto, sin causas claras… pero con mucho sticker, mucha cadena y, eso sí, bastante entusiasmo digital. La revolución del reenvío, podríamos llamarla.


La campaña contra Pérez Cuéllar en esos grupos se ha intensificado en las últimas tres semanas. Así lo evidencian las capturas de pantalla enviadas a este escribidor por una morenista de hueso colorado, a quien ya no le ha gustado cómo se están manejando las cosas: “ya ni cuando actuamos de villano en el teatro somos así”, comentó en tono de broma.
En esos grupos se mueve gente que anda en algunos sectores culturales, académicos y algunos morenistas. Vaya, hay algunos que hasta son servidores públicos del Gobierno del Estado, como Carlos Puente Villa, quien labora en el Centro Cultural Paso del Norte.
Las puras capturas de pantalla deberían ser motivo suficiente para que la dirigente estatal del partido, Brighite Granados, llamara a quienes andan boicoteando la propaganda interna de Pérez Cuéllar, pero será muy difícil, ya que como lo hemos escrito aquí en semanas recientes, ha cargado los dados abiertamente a favor de su amiga Andrea.
Las locuras de Chávez
En la política mexicana, pocas cosas despiertan tanta curiosidad como las figuras que orbitan alrededor del poder sin ocuparlo directamente. El padre de la senadora Andrea Chávez es una de ellas.
No es funcionario de primer nivel, ni encabeza reflectores, pero su nombre aparece de manera recurrente en conversaciones, versiones y señalamientos que lo colocan en una zona gris entre la influencia y la sospecha.
José Luis Chávez Viguera se presenta a sí mismo como un maestro jubilado de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, con más de tres décadas de servicio, formado en una tradición de izquierda que no es improvisada ni reciente. Eso dice, aunque algunas personas lo han señalado hasta por haber sido porro del PRI.
Su historia personal está atravesada, lo ha dicho en varias ocasiones, por el exilio español, el pensamiento marxista y los movimientos sociales del siglo XX, elementos que él mismo reivindica como parte de su identidad política.
En ese relato hay coherencia, incluso una narrativa que encaja con el origen ideológico de Morena. Un perfil que presume formación, militancia y convicción, más cercano al aula y a la reflexión que a la operación política tradicional. Pero como suele ocurrir en estos casos, la percepción pública no se construye solo con lo que alguien dice de sí mismo, sino también con lo que otros ven… o creen ver.
Y ahí es donde comienzan los matices. En distintos espacios se le ha señalado por presuntos beneficios derivados del ascenso político de su hija. Versiones que hablan de contratos, de asesorías en el Senado y de posiciones para familiares, con sueldos que han sido puestos sobre la mesa en el debate público. Sin embargo, esos señalamientos han transitado más en el terreno de la denuncia mediática que en el de las pruebas concluyentes .
Esa ambigüedad es, quizá, lo que más alimenta la conversación. Porque no hay confirmación contundente, pero tampoco silencio total. No hay sanción, pero sí ruido. Y en política, dicen los que dicen saber, el ruido suele ser suficiente para instalar una duda que no se disipa con facilidad.
También está la otra cara. La de quienes lo ven como un formador, un referente ideológico en su entorno, alguien que ha dedicado su vida a la enseñanza y a la construcción de conciencia política, pero por lo pronto, hoy está involucrado de alguna manera, en el boicot interno de Morena contra quien ha repuntado, más de lo que esperaban su hija y él.
Diputados morenistas le dan una barrida a María Eugenia
Mal le fue a la gobernadora María Eugenia Campos en el Congreso local en el análisis de su Cuarto Informe. Los diputados de Morena levantaron la voz y expusieron un amplio análisis de la situación del Gobierno del Estado en salud. Fue una revisión que derivó en cuestionamientos directos y señalamientos puntuales.
Desde tribuna, la diputada Jael Argüelles dijo en seco que el apartado de salud no es, en su lectura, un ejercicio de rendición de cuentas, sino un documento propagandístico que pretende encubrir la realidad.
Argüelles no se quedó en generalidades. Habló de irregularidades, de indolencia y de un abandono institucional que, dijo, termina afectando directamente a la población. En otras palabras, dibujó un sistema de salud que no solo falla, sino que parece haber normalizado su propia ineficiencia.
Uno de los puntos más delicados fue el señalamiento al programa MediChihuahua. Según la legisladora, carece de resultados verificables y opera más como una estrategia de imagen que como una política pública efectiva, pese a manejar un presupuesto cercano a los 10 mil millones de pesos, mayoritariamente de origen federal.
Pero el golpe más fino vino al evidenciar inconsistencias en las cifras oficiales: menos atenciones médicas en 2025 que en 2024, a pesar de contar con más presupuesto. Y, como si se tratara de un acto de magia estadística, más recetas surtidas con menos consultas y hospitalizaciones. Números que no cuadran, pero que sí deberían preocuparle a María Eugenia.
La opacidad fue otro de los ejes del discurso. Argüelles denunció que, tras tres años de solicitudes, la Secretaría de Salud no ha entregado un desglose claro del gasto. “No se puede evaluar lo que no se transparenta”, dijo. Una frase que, podría equivaler a encender la luz en un cuarto que alguien prefería mantener en penumbra.
También el diputado Pedro Torres Estrada elevó el tono del debate al afirmar que el informe no presenta resultados concretos ni mejoras sustantivas en la calidad de vida de la población. Lo definió como una relación de actividades sin impacto real, sostenida, según sus palabras, en cifras maquilladas y narrativa publicitaria.

Torres Estrada fue más allá: acusó que buena parte del documento está construido con frases engañosas que buscan ocultar lo que considera un fracaso del gobierno estatal. En su lectura, se privilegia la propaganda sobre los resultados, mientras las carencias estructurales permanecen intactas.
El legislador también puso bajo la lupa programas emblemáticos, como el NutriChihuahua, que dijo, no es más que un reempaque de apoyos asistenciales con fines clientelares. Y MediChihuahua, nuevamente, apareció como símbolo de opacidad, con señalamientos sobre falta de reglas claras y un gasto considerable en publicidad.
En materia de medicamentos, el dato oficial de un 82.56% de abasto fue reinterpretado como un 18% de desabasto en medicinas esenciales. Una cifra que, traducida a la vida cotidiana, significa anaqueles vacíos y pacientes esperando.
Los señalamientos no se detuvieron ahí. Torres Estrada advirtió que, mientras a nivel nacional se reporta una disminución de la pobreza, en Chihuahua al menos 7 mil personas han caído en pobreza extrema.
El legislador juarense cuestionó la negativa del Gobierno estatal a firmar el convenio de universalidad para pensiones a personas con discapacidad, subrayando que no es un problema de recursos, sino de voluntad política.
Finalmente, el diagnóstico se extendió al campo, la seguridad y el transporte. Reducciones presupuestales en el sector rural, una Torre Centinela calificada como costosa e ineficaz, y un sistema de transporte JuárezBus que apenas empieza a tomar forma después de años de rezago. Un panorama que, más que un informe de logros, terminó retratando una administración que aún le debe resultados a la ciudadanía.

