María Eugenia Campos continuó en piso fronterizo y, sin cambiar de libreto, ayer volvió a anunciar que ahora sí vienen cosas buenas para Ciudad Juárez. Proyectos hidráulicos, obras pendientes, calles, hospital… el mismo catálogo de promesas con el que lleva años en gira.
A Juárez ya no le sorprende el discurso, sino su insistencia. Campos promete mucho, ejecuta poco, y en algunos casos, ejecuta mal. Ahí está la Torre Centinela, símbolo de vigilancia… que nunca dará resultados. Y el JuárezBus, con el que presume modernidad con más de 100 unidades, pero sin rutas alimentadoras, como si el sistema hubiera sido diseñado para lucirse y no para servir. Mientras tanto, miles de juarenses siguen pagando de más en transporte porque el “avance” no llega a sus colonias.
Hace cuatro meses dijo casi lo mismo, que “Juárez no está solo”. Y es cierto: no está solo… está esperando. Esperando que las obras bajen del discurso a la realidad, que las promesas dejen de ser solo eso y se conviertan en soluciones.
En campaña, en 2021, prometió lo esencial en temas como el agua, pavimentación, alumbrado y seguridad. Habló de resultados, de devolverle la dignidad a una ciudad históricamente olvidada. Pero el tiempo pasó y todo sigue igual, y sus anuncios, para desgracia de los juarenses, solo se acumulan, y no se ven esas grandes obras para los fronterizos.
Las declaraciones hechas durante una entrevista banquetera con reporteros de la fuente estatal, son, además de repetitivas, una respuesta al Consejo Coordinador Empresarial, que un día antes le jaló las orejas al decirle que la obra pública del estado en la frontera sigue quedándose corta.
Y con eso de que presume obras que no se ven, aunque en la realidad tendrían que hacerse, como se dice en el argot judicial, de oficio, menciona el colector Viñedos, que según dijo beneficiará a más de 400 mil personas y cuya segunda etapa fue entregada ayer. De las demás obras que prometió en campaña, siguen en modo invisible.
Hoy, ya en la recta final de su administración, Campos sigue con el mismo mensaje reciclado. Y entonces aparece la duda, si las cosas buenas llevan tanto tiempo “por venir”, ¿en qué momento se supone que van a llegar? Porque, como diría la abuela ochentera, ya chole con eso, porque en Juárez no se necesita más discurso, se necesita que cumpla con sus promesas.
La roncha prianista por Cuba no se quita
A los prianistas les vuelve a salir urticaria cada vez que la 4T asoma la palabra Cuba. Les da comezón diplomática y acuden a una memoria bastante selectiva. Se les olvida, o hacen como que se les olvida, que México, incluso en sus épocas más neoliberales y de traje planchado, mantuvo una tradición de solidaridad con la isla.
No saben que esto no empezó ayer ni con la 4T. En 1959, cuando la revolución cubana sacudió el tablero internacional, México, priista por cierto, fue el único país de América Latina que no rompió relaciones con La Habana. Sí, ese mismo PRI que hoy algunos evocan con nostalgia, como si la historia también pudiera acomodarse a conveniencia.
La política exterior mexicana, mal que les pese a algunos, ha tenido un principio bastante claro. con la Doctrina Estrada. Desde hace décadas que no se avala la intervención, se respeta la soberanía y nada de andar calificando gobiernos ajenos como si fueran jurado de concurso. Pero claro, eso aplica hasta que la 4T hace exactamente lo mismo, entonces se vuelve “complicidad” o “alineación ideológica”.
Ahora resulta que ayudar humanitariamente es pecado, pero solo si lo hace este gobierno. Porque si lo hicieran ellos, sería liderazgo internacional. La coherencia, como siempre, aparece solo cuando conviene. Y ahí continúan las tías resentidas, repitiendo el guion de siempre. Siguen haciéndose notar los indignados de ocasión, los críticos profesionales de todo lo que huela a 4T, aunque se trate de una política que durante décadas fue parte del propio Estado mexicano.
Ayer, Claudia Sheinbaum dijo que México está orgulloso de apoyar al pueblo cubano. Y tendría que ser lo normal. Lo anormal sería plegarse, como quisieran algunos, a los caprichos de Donald Trump y a su vieja tentación de meter las narices donde no corresponde.
Pero hay quienes suspiran por el Tío Sam y también algunos medios, curiosamente los mismos a los que no les gustó nada que se acabara la publicidad oficial, hoy editorializan con una nostalgia incómoda. Extrañan el presupuesto, pero también la subordinación.
Uno de esos medios es El Universal, que por cierto alberga las plumas del dirigente nacional de lo que queda del PRI, Alejandro Moreno, y de Xochitl Gálvez, la excandidata presidencial panista que nomás hizo el ridículo en las elecciones pasadas. El Universal y sus articulistas tienen la nostalgia de que algún día se les cumpla ver a Estados Unidos interviniendo, opinando y marcando el rumbo, como en los viejos tiempos.
Para ellos la dignidad nacional también es negociable.
Pero no. México, con sus matices y contradicciones, ha sostenido una línea clara en su política exterior. Lo demás es ruido… y un poco de roncha mal disimulada.
Nos leemos el próximo lunes. Que tengan un excelente fin de semana todas y todos.

