Hay protestas que empiezan en alguna sala de urgencia social y terminan en la pasarela del poder… y en la agenda electoral. El llamado Frente Nacional para el Rescate del Campo (FNRCM) y la Asociación Nacional de Transportistas en México (Antac), han aprendido a moverse en ese espacio difuso donde la inconformidad legítima se mezcla con intereses que no siempre son transparentes. Y en medio de ese ruido, los más afectados no son los gobiernos, sino los ciudadanos.
En Chihuahua, particularmente en Ciudad Juárez, el impacto ha sido brutal. El cierre de puentes internacionales y carreteras no ha presionado a quienes toman decisiones, ha golpeado directamente a quienes trabajan todos los días para sostener a sus familias. La frontera, que vive del flujo constante de mercancías, se paraliza cuando alguien decide bloquearla.
El año pasado, después de los bloqueos de noviembre, los empresarios fronterizos dimensionaron el impacto en cifras contundentes. Más de 900 millones de dólares en mercancías quedaron detenidos en la frontera y miles de cargas no pudieron cruzar hacia Estados Unidos. Esa interrupción afectó directamente la operación de fábricas, redujo turnos laborales y puso en riesgo el ingreso de miles de trabajadores en la región.
En Juárez, el efecto se sintió de inmediato en la vida cotidiana. El cierre de cruces internacionales provocó desabasto de combustible en varias estaciones, generando incertidumbre entre automovilistas y transportistas. La falta de diésel y gasolina regular comenzó a extenderse, mientras la actividad industrial se frenaba por la imposibilidad de mover insumos y productos. La frontera, que depende de ese flujo constante, quedó atrapada en una parálisis que impactó tanto a la economía como a las familias que viven de ella.
Hemos visto, pues, cómo detrás de varios de estos bloqueos aparecen perfiles con trayectorias partidistas, actores que han transitado por el PAN, el PRI o el PRD y que hoy encabezaron movilizaciones bajo discursos sociales con el pretexto de la nueva ley del agua. La organización adquiere una estructura que responde a una lógica política.
En Chihuahua, ese fenómeno se observó durante los bloqueos de finales del año pasado. La participación de ciertos grupos amplió el alcance de las protestas y sobre todo las afectaciones contra los ciudadanos. Meses después, ni tarde ni perezoso, un integrante de la familia LeBaron anunció su intención de contender por la gubernatura por la vía independiente.
Y en medio de todas estas presiones políticas, también hay registros oficiales que muestran concentración de concesiones. Mientras más se acerquen las elecciones del 2027, los ciudadanos verán cómo la conducción de estos “movimientos sociales” responderán a agendas que inciden en el escenario electoral y en la disputa por el poder.
La bandera del PAN rumbo al 2027
En todo este escenario adelantado que se vive en el país, la gobernadora María Eugenia Campos ya eligió el discurso con el que PAN intentará sumar puntos rumbo al 2027. Hace dos semanas dijo en Rosales que el tema del agua no se negocia y que el ciclo agrícola no se toca sin pasar por Chihuahua. Lo coloca como bandera, como mensaje político y como aviso para quien quiera entenderlo.
El tono no es nuevo, así lo abordó durante su campaña electoral, pero ahora viene con más carga. Habla de defender el agua como legado, como si se tratara de una herencia que no se puede dejar ir. En ese relato aparecen los productores, los campesinos y toda la narrativa de la tierra que resiste. El mensaje es que el Gobierno estatal se coloca del lado del campo y se presenta como su principal respaldo, aunque sea puro cuento.
Pero en cada frase también hay destinatario. No hace falta nombrarlo para saber hacia dónde van los dardos. La Federación aparece entre líneas como ese actor que decide desde lejos, que mide en cifras lo que aquí se vive en sequía. Y entonces el discurso se vuelve más político que técnico, más de posicionamiento que de solución inmediata.
La escena es conocida en Chihuahua, porque el agua siempre ha sido terreno de disputa y también de identidad. Cada vez que se abre el tema, se activa una memoria colectiva que mezcla producción, sequía y confrontación. La gobernadora lo sabe y se instala ahí, en ese punto donde el mensaje conecta rápido.
El respaldo al campo también tiene lectura electoral, debido a que el ciclo agrícola no solo mueve la economía, también mueve votos, liderazgos y territorios. Defender el agua se vuelve entonces una forma de marcar territorio político, de dejar claro quién está con quién en una coyuntura que ya empieza a mirar hacia el 2027.
Lo que ya construyen Campos y la dirigencia estatal, en manos de Daniela Álvarez, es una narrativa donde el estado se presenta como muro de contención, el agua como bandera, el campo como causa y la Federación como contraparte. La política azul, como siempre, encuentra en la tierra y en el agua un terreno fértil para engañar.
El plan b del prianismo en Chihuahua
Ahora que el PAN decidió tomar el método de las encuestas y hacerlo suyo, como quien se prueba un traje ajeno y asegura que siempre fue de su talla, resulta que el termómetro que antes cuestionaban sirve para medir su propia temperatura electoral.
La ruta ya está más o menos trazada. Foros en varias ciudades, micrófonos abiertos, discursos bien ensayados y la ilusión de que todo es participación. Luego vendrán las encuestas, esa especie de oráculo tan de moda en el que los números hablan y los aspirantes rezan en silencio. Y si el ánimo alcanza, una tercera etapa que promete abrir la puerta a la ciudadanía, siempre y cuando desde arriba se dé el visto bueno.
El problema es que el ambiente no acompaña. En Chihuahua los números no le sonríen al prianismo y eso se siente en los pasillos. Las encuestas los colocan hasta 12 puntos abajo y el nerviosismo se mueve como corriente de aire entre reuniones y cafés. Nadie lo dice en voz alta, pero todos lo saben. Cuando el marcador no favorece, cualquier método parece urgente.
En ese escenario llegará este mes su dirigente nacional, Jorge Romero Herrera, con discurso listo y entusiasmo de gira. En público hablará de democracia, de la gran batalla por el país, de la responsabilidad histórica, bla, bla, bla; en privado, el tono será otro, con el reconocimiento de que el prianismo chihuahuense atraviesa momentos complicados.
No sería extraño que en ese juego político decidan cambiar de ficha, apostar por la tercera vía y dejar fuera a Marco Bonilla, el desgastado alcalde de la ciudad de Chihuahua, para colocar a una candidata o candidato que sí logre levantar en el proceso electoral que se avecina.

