En el poniente de Ciudad Juárez, a unos metros del río Bravo, se encuentra la preparatoria Altavista, una escuela que durante décadas ha formado generaciones con pensamiento crítico y ha sido referencia para jóvenes que buscan una educación con sentido social. Hoy, su futuro está en riesgo.
La Preparatoria Federal por Cooperación Altavista atraviesa una crisis económica que la ha colocado al borde del cierre. Es el resultado de años de abandono institucional y de decisiones del prianismo que fueron retirando apoyos hasta dejarla prácticamente a su suerte. Lo que antes era sostenido en parte por el Estado terminó recayendo en los bolsillos de padres de familia y en el esfuerzo de docentes que han trabajado sin prestaciones y con sueldos irregulares.
La escuela pidió apoyo. Tocó la puerta del Gobierno del Estado para gestionar becas y alivianar la carga económica de sus estudiantes. La respuesta fue el silencio, o peor, la indiferencia. En otras palabras, la mandaron por un tubo.
Ante ese escenario, la mirada volteó hacia donde siempre debió estar. El Gobierno Federal. No solo por una cuestión política, sino por un hecho concreto. El edificio donde opera la Altavista es propiedad de la Federación, es decir, el Estado mexicano tiene en sus manos el destino inmediato de la escuela.
Por eso, la dirección del plantel ya envió un oficio a la Secretaría de Educación Pública solicitando su incorporación al modelo de Bachillerato Nacional Margarita Maza, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum para reducir la deserción escolar. Lo interesante de este modelo, dicen en la Altavista, es que ofrece una modalidad híbrida y flexible con actividades culturales/deportivas. La meta de la 4T, sabemos hasta ahora, es construir 100 planteles inicialmente, ampliándose a 305 en todo el país.
Así, la petición de la Altavista es que la Federación absorba la escuela, que elimine las colegiaturas, que garantice becas para los estudiantes y que regularice la situación laboral de quienes han sostenido el proyecto durante décadas.


La Altavista ha sido un espacio que ha funcionado como alternativa real para jóvenes que no encuentran lugar en otros sistemas. Un modelo sin uniformes, con énfasis en las humanidades y en la resolución de conflictos mediante la mediación.
Cerrar la Altavista implicaría la pérdida de una historia y de un proyecto educativo con arraigo en la ciudad. También generaría un vacío en una zona donde la oferta educativa es limitada y dejaría el espacio expuesto a usos ajenos a la formación académica.
La decisión ahora está en manos del Gobierno federal. Se trata de una determinación política, ya que sostener a la Altavista implica respaldar un modelo educativo con enfoque social que resulta necesario para la ciudad.
El personal administrativo, particularmente el coordinador administrativo de la preparatoria Altavista, Cresencio Chávez Salazar, confía en que la Federación resuelva, ya que también le enviaron un oficio a la presidenta Claudia Sheinbaum con la misma solicitud.
“No sería adecuado que un día, con las condiciones actuales, vayamos a cerrar la escuela y la dejamos con un candado expuesta a lo que, a pesar de estar operando, es utilizada para el tráfico de personas. Porque los polleros utilizan nuestras instalaciones para pasar personas a los Estados Unidos. Entonces, sí es una situación ahí importante”, nos comentó anoche vía telefónica Chávez Salazar.
Debido a esta situación, aseguran los profesores y personal administrativo, están prácticamente con la soga en el cuello, y a un paso de cerrar la escuela que forma parta de la lucha social fronteriza.


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Granados bajo presión por dudas de imparcialidad
Los señalamientos sobre los dados cargados en el proceso interno del partido guinda a favor de la senadora Andrea Chávez dejaron de ser chismes de pasillo para convertirse en tema con nombre y apellido en medios y redes. La conversación ya está a la vista de todos, sin filtros ni discreciones. Y como suele ocurrir de vez en vez, cuando la política se ventila, incomoda… sobre todo a quienes estaban más cómodos jugando a puerta cerrada.
En ese escenario, la figura de Brighite Granados se coloca en el centro por la naturaleza del cargo. La dirigencia es una posición que organiza, ordena y define. Le corresponde cuidar el proceso interno, sostener las formas y evitar que la competencia natural derive en fractura. Esa es la tarea.

Ayer, el coordinador de la bancada de Morena en el Congreso local, Cuauhtémoc Estrada, volvió sobre el tema y recordó algo básico que a veces se pierde entre tanta efervescencia política. La dirigencia debe fungir como árbitro, y un árbitro no solo pita, también garantiza que el juego se desarrolle en condiciones parejas. Además, sostuvo que es fundamental que haya claridad, pues será la dirigencia estatal la encargada de conducir los registros cuando llegue el momento electoral, lo que implica actuar con transparencia y sin dejar espacio a la sospecha.
Algunas voces internas han optado por la cautela. Se reconoce el trabajo de la dirigencia nacional y estatal en la construcción de una estructura que hoy sostiene al movimiento. También se insiste en algo más práctico que discursivo. Mantener abiertos los canales con militantes, liderazgos y simpatizantes. La política, al final, se decide en mesas donde todos deben sentarse. Si alguien percibe que el terreno está inclinado, esa mesa se vacía, advirtió Estrada.
Granados debería entender, por el bien de su partido, que la institucionalidad no es una palabra elegante para el discurso político, sino una práctica diaria que se refleja en los detalles. Se nota en cómo se convoca, en cómo se escucha y en cómo se resuelven las tensiones. En estos menesteres donde se mueve la farándula política, las formas no son secundarias, forman parte del fondo, y cuando se descuidan, el costo aparece, como dicen las abuelitas, más temprano que tarde.
En redes sociales la discusión tomó vuelo como chisme de mercado y por momentos pareció sobremesa de cantina. Entre tanto ruido hubo de todo, desde quienes piden unidad e imparcialidad hasta los que exigieron la renuncia de Granados. No faltaron los bots ni los “caeme bien”.
Otros, con un tono más serio, pusieron el grito en el cielo al advertir que, mientras Morena se enreda en sus propios asuntos, los verdaderos adversarios observan el espectáculo con calma y, al final, por razones evidentes, los blanquiazules serán los beneficiados.
El diputado morenista finalizó con la reflexión de que Morena llegó a este punto con una base amplia y con una narrativa de cohesión que le dio resultados. Mantenerla, agregó, no depende de discursos, depende de decisiones. Y en ese terreno, la dirigencia estatal tiene una responsabilidad que no admite titubeos. Habrá que seguir de cerca a la morenista para ver cómo se comportará políticamente.
Inicia conformación de Consejos Municipales
En los mismos terrenos guindas, ayer se publicó la convocatoria para la conformación de los Consejos Municipales, una pieza que faltaba en el engranaje interno del partido y que ahora busca completar su estructura organizativa en todo el país. El objetivo es ordenar la base y darle forma territorial a un proyecto que ha crecido rápido y que ahora necesita consolidarse desde abajo.
En Chihuahua, el plan contempla la instalación de estos consejos en 10 municipios, siguiendo la ruta nacional. Entre sus funciones está la de organizar, difundir y afiliar, es decir, de fortalecer la vida interna del partido sin intervenir en la definición de candidaturas.
La tarea comienza mañana sábado y se tiene contemplado tener todo listo para el 31 de mayo. Durante los fines de semana será Granados, el presidente del Consejo y los soldados territoriales del movimiento en la entidad, los que se presidirán la asamblea.
Los consejos estarán integrados por liderazgos seccionales, lo que busca mantener un vínculo directo con la militancia. La operación estará supervisada por enviados nacionales y la dirigencia estatal, con la promesa de garantizar transparencia en el proceso.


