Después de una cadena de decisiones internacionales que parecen escritas al revés, Donald Trump empieza a pagar la factura. Su popularidad cayó a 36 por ciento, mientras la gasolina sube y la guerra con Irán baja cualquier entusiasmo.
Prometió evitar conflictos y terminó administrando uno. Apenas uno de cada cuatro respalda su manejo del costo de vida. La economía, su carta fuerte, hoy es su talón de Aquiles. Entre errores y combustible caro, la aprobación también se evapora.


