Pareciera que las piezas guindas empiezan a acomodarse solas. No por magia, sino por necesidad. Hay una alineación más o menos visible, mientras las alianzas internas avanzan, los grupos se reorganizan y, como suele pasar, más de uno ya entendió que en esto no siempre gana el que quiere, sino el que alcanza.
Ayer, el coordinador de la bancada morenista en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada, decidió decir en voz alta lo que muchos apenas susurraban. Con una franqueza poco común en estos tiempos de discursos inflados, reconoció que no le alcanza. Así, sin rodeos. Que en los sondeos hechos en Ciudad Juárez aparece en un nivel medio y que su trabajo ha estado concentrado en su distrito, no en todo el municipio. Traducido al español político: no hay con qué competir… por ahora.

Pero más allá de la honestidad, que ya de por sí llama la atención, lo interesante vino después. Estrada no solo se bajó de la contienda interna, también dejó ver hacia dónde se está moviendo la balanza. Porque si algo entendieron varios dentro del partido guinda es que, si de verdad quieren arrebatarle al PAN su último bastión, van a necesitar algo más que entusiasmo… van a necesitar estructura, operación y, sobre todo, unidad.
Y ahí es donde aparece el nombre que cada vez suena más fuerte: Mayra Chávez. Estrada no se anduvo con medias tintas. Dijo que, más que competirle, prefiere abonarle. Que es un gran perfil, que tiene disciplina, inteligencia y capacidad operativa. Y en política, cuando alguien decide “abonar”, normalmente ya tomó partido.
“Soy más de construir equipo y proyecto, de ayudar y abonar. Lo digo abiertamente, a mi me parece que Mayra Chávez es un gran perfil para Juárez. No hemos tenido una presidenta electa, y como muchísimos en Morena, no es fundadora del movimiento, pero ha aportado mucho al partido”, dijo en una entrevista con Juan Enrique Lopez Aguirre.
El político explicó que Mayra Chávez ha construido una trayectoria que combina experiencia y operación. Desde su paso por el PRI, su llegada a Morena, su papel como consejera nacional y, por supuesto su nombramiento como delegada de Programas de Bienestar en Chihuahua, un encargo clave para el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum y, que hasta ahora, lo ha llevado sin tropiezos visibles. En ese terreno, el de los programas sociales, se juega buena parte del músculo político de la 4T.
Además, ha sabido tejer relaciones al interior del movimiento, algo que en Morena vale tanto como cualquier encuesta. Porque aquí no solo se trata de popularidad, sino de quién logra sentar a todos en la misma mesa sin que salgan volando las sillas. Eso no nada fácil en un territorio donde las “tribus” suelen ejercer con entusiasmo el arte del autosabotaje.
Así es como el panorama se va pintando. Por un lado tenemos a Cruz Pérez Cuéllar, actual alcalde de Juárez, quien aparece como el perfil más sólido para ir por la gubernatura. Por el otro, Mayra Chávez comienza a tomar forma como la carta para sucederlo en la alcaldía y, de paso, romper un techo que la ciudad aún no ha cruzado: el de tener a su primera presidenta municipal electa.
Mientras tanto, en el fondo, Morena se mueve con la lógica que hoy domina su narrativa, las encuestas les favorecen, dicen, y el objetivo es ganar Chihuahua. Pero entre el dicho y el hecho, lo sabemos, hay estructura, acuerdos y uno que otro sacrificio político.
En esa ecuación, la escena de ayer dejó ver que hay quienes ya entendieron que, en política, a veces se avanza más sumando que insistiendo, aunque cueste admitirlo frente al micrófono.
Cruz vuelve a tundir a Bonilla con datos duros
Vaya sacudida la que le puso el alcalde Cruz Pérez Cuéllar a Marco Bonilla, presidente municipal de Chihuahua. El tema fue el de las patrullas arrendadas. Ya lo habíamos escrito aquí el martes: en cuanto el alcalde juarense tocó el asunto allá en la capital, el gobierno de esa ciudad se apresuró a emitir un comunicado con un “choro” que pocos se creyeron.
Pero la cosa no se quedó en ese primer round. A eso de las 7:00 de la tarde de ayer, Pérez Cuéllar volvió a la carga y ahora sí puso sobre la mesa datos duros, señalando lo que calificó como un acto de corrupción en la costosísima renta de patrullas. Y ahí fue donde el tema se puso más espeso, porque de pronto apareció un “detalle” que nadie había explicado con claridad: 54 patrullas “regaladas”.
“Qué chistoso negocio, que cuando firmaron el contrato, no acordaron regalar las patrullas, y ahora que sale al descubierto este acto de corrupción, le regalan 54 patrullas. Yo quisiera preguntarle al alcalde de la capital, ¿qué más te regalaron para que hayas adquirido de una manera tan leonina, tan costosa, las patrullas? Y no las compares con el Gobierno de México, porque pagaste muchísimo más que lo que paga la Guardia Nacional por el arrendamiento y pronto vamos a sacar esos datos también”, dijo el alcalde en un video de un minuto con 30 segundos que subió a sus redes sociales.
Y ahí está el punto. Dicen los que dicen saber, que cuando en un contrato millonario empiezan a aparecer “regalos”, la discusión deja de ser técnica y se vuelve política… y pública. Más aún cuando se trata de recursos destinados a la seguridad, un tema que no admite ligerezas ni explicaciones a medias.
PT y Verde tensan la cuerda… y podrían romperse solos
Con la reforma electoral sobre la mesa, esa que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum, el Partido del Trabajo y el Partido Verde han optado en el Senado por jugar al clásico papel del “payaso de rodeo”: distraer, condicionar, estirar la cuerda… mientras el espectáculo sigue.
El argumento es técnico, dicen. Que si la redacción es ambigua, que si la revocación de mandato no está bien delimitada, que si falta precisión en los tiempos. Pero en el fondo, el mensaje es político. Saben que sus votos son necesarios y están aprovechando el momento para negociar visibilidad, margen y, de paso, recordarle a Morena que sin ellos no hay mayoría calificada.
El problema es que ese juego tiene fecha de caducidad. Porque si algo ha cambiado en los últimos años es el comportamiento del electorado morenista. Ya no es un voto transferible ni disciplinado hacia las alianzas. Es un voto que distingue, que castiga y que, llegado el momento, decide sin intermediarios. Y cuando eso ocurra —porque va a ocurrir— el PT y el Verde podrían descubrir que su fuerza real no estaba en sus siglas, sino en la sombra de Morena.
Hoy condicionan, mañana podrían suplicar. Así de rápido se mueve esto. Mientras unos negocian párrafos y comas en el Senado, allá afuera millones de votantes ya tomaron nota. Y esos millones no siempre tienen paciencia con los partidos que parecen más interesados en el regateo que en el proyecto.
De este escribidor se van a acordar. Cuando llegue 2027, cuando llegue 2030 y aparezcan en la boleta, solos, sin la fuerza arrastrada de Morena, van a entender que jugar al payaso de rodeo puede ser divertido… hasta que el toro decide ignorarte. Y entonces ya no hay aplausos, ni reflectores, ni negociación que alcance. Solo el silencio incómodo de los votos que no llegaron. Al tiempo.
Buen fin de semana, lectoras, lectores. Nos leemos el lunes.

