Ayer el alcalde Cruz Pérez Cuéllar fue invitado a Chihuahua capital, donde Francisco Muñoz asumió la dirección de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión. Ya entrado en terreno político-mediático, el edil aprovechó para recorrer varios espacios informativos y abordar, sin rodeos, los temas que hoy marcan la agenda pública.
Entre cuestionamientos directos, comentarios filosos y ese ambiente relajado que solo se logra cuando hay micrófonos abiertos… y carne asada de por medio, el alcalde fue soltando respuestas con la misma naturalidad con la que se sirven las verdades incómodas.
Algunos presentadores lo llevaron al polémico tema de la renta de patrullas, uno de los flancos más sensibles del gobierno de Marco Bonilla. Ahí comenzó el contraste incómodo, porque mientras en Juárez presumen cuatro años sin endeudamiento, en la capital y en el estado persiste la vieja fórmula azul de pedir prestado para aparentar obra.
Sobre la mesa quedaron dos modelos, dos visiones y, sobre todo, dos maneras de entender el dinero público. De un lado, la administración que aprieta; del otro, la que se estira… pero en deuda.
El tema de las unidades de Seguridad Pública terminó de abrir la grieta. Mientras unos optan por rentar y lo presentan como modernidad administrativa, otros compran y presumen ahorro. En política, esas diferencias pesan más que cualquier discurso. Pérez Cuéllar aprovechó el momento para recordar que al inicio de su administración en Juárez, el 72 por ciento del presupuesto se destinaba a gasto corriente y apenas el 28 a inversión.
“Ahorita traemos ya en 60 por ciento el gasto corriente y lo demás de inversión. No hemos crecido la nómina. Lo más importante es que tenemos una buena relación con el Gobierno Federal, algo que no hacen los gobiernos del PAN”, agregó el alcalde Fronterizo en el programa “A La GrillA”, de El Punto G de la Política-Recargado.
Mientras lo veían y escuchaban a través de Facebook, algunos disciplinados misioneros panistas en las oficinas del edificio de la avenida Independencia no disimulaban el malestar. En la entrevista todavía hubo espacio para las indirectas que ya son marca registrada del juarense. Cruz señaló que, cuando el Gobierno de México convoca, hay quienes de pronto descubren que tenían la agenda “complicadísima”. Curiosa coincidencia.
Y por si faltaba algo, el alcalde habló de una necesaria reingeniería estatal, cuestionó esos seis mil empleados estatales cuyos resultados siguen sin aparecer y planteó la urgencia de trabajar con la Federación para detonar el desarrollo regional. Una idea que en el panismo suena casi a herejía, pero que en la práctica resulta indispensable.
La reacción no tardó. Casi en automático, el oficial mayor del gobierno de Bonilla salió a defender el modelo de arrendamiento de patrullas. Dijo que así se garantiza la operación continua, que todo funciona perfecto. Un discurso armado con prisa, de esos que salen cuando alguien pisa un callo. Un “choro” de emergencia para tratar de equilibrar la narrativa.
Lo curioso es la sincronía. Cada vez que Pérez Cuéllar pisa la capital, algo se mueve. Comunicados exprés, justificaciones de último minuto, respuestas justo después de sus declaraciones. No hace falta ser experto para leer la escena. Lo están siguiendo de cerca.
Más anuncios que logros de María Eugenia… y siguen contando
Parece que no le es suficiente a la gobernadora María Eugenia Campos el derroche de recursos en publicidad. Panorámicos en todas las avenidas y calles del estado. En Juárez, su imagen no solo aparece photoshopeada, sino caricaturizada, en esa extraña publicidad con la que Comunicación Social intenta, sin éxito, mejorar su imagen y acercar a los jóvenes al Partido Acción Nacional.
La estrategia apunta más a la saturación mediática que a los resultados de gobierno. Espectaculares, anuncios y campañas digitales se multiplican mientras la narrativa oficial insiste en una realidad que no termina de reflejarse en la vida cotidiana. Basta con abrir cualquier video en Youtube para comprobarlo. Justo a la mitad, aparece la misma voz, la misma promesa reciclada, el mismo intento de convencimiento. Chihuahua, dicen, está como nunca. Y sí, como nunca… de saturado.
Las quejas no son pocas, son constantes, pero eso tampoco parece importar. Hace apenas poco más de 15 días se presentó el Cuarto Informe de Campos, ese ejercicio donde se suponía que se rendían cuentas, pero terminó siendo un catálogo de futuros imaginados. Anunciar, anunciar y volver a anunciar. Como si repetirlo fuera suficiente para que ocurra.
Y luego viene la escena más reveladora. Funcionarios, legisladores y militantes saliendo a tocar puertas, con folletos en mano, repitiendo logros que la gente no reconoce. La política convertida en brigada de convencimiento, casa por casa, como si la realidad pudiera corregirse a fuerza de insistencia. El problema es que no todos los reciben con respuestas amables.

Austria Galindo Rodríguez, subsecretaria de Desarrollo Humano y Bien Común del Gobierno del Estado, es una de las funcionarias que, junto con un equipo de jóvenes entusiastas, ha salido a ensuciarse los zapatos. Como otros servidores públicos, recorre las calles los fines de semana para repartir el costoso periódico cuya portada luce, en grandes letras blancas sobre fondo azul, el nombre “Maru Campos”.
Justo en la calle han vuelto a confirmar que el PAN está frito en Juárez. La respuesta que reciben en los hogares refleja lo ocurrido en los últimos años, una caída constante que los llevó a quedarse con un solo regidor en el Ayuntamiento, algo impensable cuando el blanquiazul gobernaba la ciudad. El contraste es evidente frente a los encuestadores de Morena, que suelen ser bien recibidos en las colonias. A diferencia del panismo, los guindas consolidaron su fuerza con la reelección de Cruz Pérez Cuéllar en 2024, al ganar la presidencia municipal, diputaciones federales y senadurías, y aplastar lo que quedaba del PAN en la frontera.
Reciclaje político con filtro y cero respaldo
Apenas el lunes escribimos en este mismo espacio que el PRI juarense sigue sumido en una burbuja en la que ni ellos se creen lo que dicen. Al igual que el PRI nacional del impresentable Alejandro Moreno, con todo y sus cejas perfectamente delineadas y esa afición por la planchada política, su publicidad no construye nada, más bien los termina de hundir.
Y lo de Juárez ya roza lo entrañable… si no fuera tan patético. Solo para dimensionar el tamaño del desconecte, gracias a Alejandro Domínguez y su ya célebre chamarra roja —ese “Mini Alito” que juega a dirigir lo que queda del partido local— el PRI difundió otro de sus promocionales que parecen hechos para el olvido inmediato. “Mientras Morena divide, el PRI escucha a la gente para construir proyecto por México”, dijeron. Dieciocho horas después, el video apenas alcanzaba XX reacciones. Ni sus propios militantes se toman la molestia de fingir entusiasmo.
Pero eso no es lo mejor. Antes de ese despliegue de creatividad, el tricolor presumió que sigue “sumando liderazgos” y “construyendo acuerdos”. Así, con ese tono solemne que ya nadie compra, publicaron que ex candidatas, candidatos y liderazgos de distintas fuerzas políticas se reunieron con la dirigencia estatal y municipal. Que más allá de colores, que Juárez necesita diálogo, que una visión común… el mismo libreto reciclado de siempre. El resultado fue igual de conmovedor, 35 reacciones en 24 horas. Ni para llenar una combi.

Y luego viene el elenco estelar. Se adhieren perfiles que no arrastran ni a sus contactos más cercanos, como la excandidata a diputada por Movimiento Ciudadano, Jailene Chávez; el ex candidato suplente de MC, Diego López; y la ex candidata del Distrito 02, Angélica Contreras. Es decir, reciclaje político en su versión más básica. Cambio de camiseta, misma foto, mismo discurso, mismo vacío. Todo igual.
Al final, lo que venden como estrategia es puro enjuague político del más rancio. Del que solo sirve para subir fotos a redes y simular que hay movimiento donde ya no queda estructura. La misma gata revolcada, pues. En el fondo no hay renovación, ni crecimiento, no hay proyecto y mucho menos autocrítica. Hay nostalgia, poses y un intento desesperado por aparentar vida en un partido que, en los hechos, hace tiempo dejó de tener pulso en Ciudad Juárez. Y eso lo sabe bien “Mini Alito”.

