En Morena el termómetro político en Ciudad Juárez empieza a subir varios grados. No es casualidad. En las últimas semanas el partido guinda ha intensificado su presencia en colonias populares, en una estrategia que busca recordar algo muy simple en la política territorial: las elecciones no se ganan en los discursos, se ganan caminando las calles.
Quien ha estado particularmente activo es el coordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada Sotelo. El diputado ha puesto sobre la mesa uno de los problemas que más incomodan a los juarenses desde hace años y que, lejos de resolverse, parece agravarse con el paso del tiempo: el transporte público.


El viernes 13 de marzo, Estrada apareció en la colonia San Pedro Etapa I para escuchar de primera mano las quejas de los vecinos. Retrasos, unidades en malas condiciones y rutas insuficientes forman parte de una conversación que se repite en prácticamente cualquier colonia de la frontera.
Pero la reunión tuvo otro ingrediente político que no pasó desapercibido. El legislador invitó a la delegada de Bienestar en Chihuahua, Mayra Chávez Jiménez, quien en los últimos días ha comenzado a figurar como una de las cartas más visibles del morenismo fronterizo rumbo a la elección municipal de 2027.

La cercanía de Chávez con la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel Reyes, y el peso político que esta última tiene dentro del círculo cercano de la presidenta Claudia Sheinbaum, son detalles que deben ser tomados en cuenta en la contienda interna de Morena en la localidad.
La semana pasada el diputado federal Carlos Castillo Pérez, lo escribimos aquí, prácticamente la destapó como aspirante a la alcaldía de Juárez. Incluso se atrevió a colocarla por delante de otro aspirante bien conocido dentro del partido, el senador Juan Carlos Loera de la Rosa. En otras palabras, el escenario interno empieza a perfilar un duelo interesante.
Mayra Chávez acompañó a Estrada en varios eventos y recorridos por colonias del suroriente, entre ellos en Cerrada de Oriente, Etapa I, donde realizaron una asamblea vecinal donde, según explicó el propio diputado en sus redes sociales, el objetivo fue escuchar directamente las preocupaciones de los habitantes.

Más tarde la comitiva morenista se trasladó a la colonia La Cuesta. Ahí también estuvieron presentes figuras del morenismo local como las diputadas Elizabeth Guzmán Argueta y Jael Argüelles Díaz, además de operadores políticos del partido en la región. Los organizadores no esperaban tanta asistencia. Las carpas blancas apenas alcanzaron para cubrir del sol a los vecinos que acudieron al encuentro.

Lo cierto es que Mayra Chávez ha recorrido colonias de la frontera desde hace tiempo, pero ahora su presencia adquiere otra lectura política. Después del destape informal de la semana pasada, cada visita, cada reunión y cada fotografía empieza a formar parte de la narrativa rumbo a 2027.
En Morena algunos ya lo dicen sin rodeos. Hay un sector que considera que Ciudad Juárez podría estar lista para ser gobernada por una mujer. Faltan todavía muchas páginas por escribirse en esa historia. Pero, por lo pronto, el tablero empieza a moverse. Y en política, dicen los que dicen saber, cuando las piezas comienzan a desplazarse tan temprano, es porque la partida ya empezó.
El PRI intenta volver… pero nadie lo está esperando
Durante décadas el PRI fue una maquinaria política que parecía indestructible. Gobernaba estados, controlaba congresos, repartía candidaturas y decidía el rumbo del país con la naturalidad de quien cree que el poder es un patrimonio familiar. Hoy, en cambio, el viejo tricolor vive una situación mucho más compleja. No ha desaparecido, pero tampoco parece encontrar la manera de volver. Se mueve en una especie de limbo político donde insiste en recordarnos su pasado glorioso mientras el presente se le escapa entre los dedos.
El viejo tricolor, ese que gobernó México durante décadas con la seguridad del dueño de la casa, hoy parece un adulto mayor que insiste en ponerse ropa de adolescente para convencer a los jóvenes de que todavía está “en onda”. El resultado, por supuesto, es tragicómico.
A principios de este año, la dirigencia nacional encabezada por Alejandro Moreno Cárdenas decidió que la mejor forma de reconectar con la juventud mexicana era lanzar una campaña en redes sociales. Memes, imágenes generadas con inteligencia artificial y frases motivacionales salidas de un manual de mercadotecnia política de los años noventa.
El problema es que la juventud mexicana no parece haber entendido el mensaje. O quizá lo entendió demasiado bien. Porque lo que han provocado esas publicaciones no ha sido entusiasmo, sino carcajadas, burlas y una cantidad considerable de mentadas de madre digitales.
El PRI ya había intentado algo parecido en 2023 con aquella campaña que quedará para la historia del marketing político fallido: “No somos perfectos”. Una frase que buscaba convencer a los mexicanos de que olvidaran décadas de corrupción, autoritarismo y saqueo con un sencillo acto de amnesia colectiva. No convenció a nadie.
Noventa y siete años después de su fundación, el partido parece haber reducido su ambición histórica a algo más modesto: sobrevivir. Hoy gobierna apenas dos estados, Coahuila y Durango. Y eso gracias, en buena medida, a su viejo matrimonio de conveniencia con el panismo, una relación que oficialmente terminó, pero que en la práctica sigue funcionando como esas parejas divorciadas que continúan viviendo en la misma casa.
En redes sociales la tragedia es aún más visible. Según datos del propio partido, el PRI ha destinado alrededor de 2.8 millones de pesos en anuncios digitales entre 2025 y lo que va del año. Mientras tanto, su dirigente nacional ha gastado más de 3.3 millones en promocionar su propia imagen, es decir, el líder del partido invierte más en sí mismo que el partido en su conjunto. La metáfora se explica sola.
Los resultados, además, son demoledores. Una publicación reciente titulada “En tiempos de incertidumbre el PRI es certeza” acumuló más de 11 mil reacciones. Diez mil fueron de burla. Apenas mil doscientas a favor. Otra publicación, un video de seis segundos que prometía “el comeback más esperado”, logró 79 mil reproducciones. Pero de las tres mil quinientas reacciones, dos mil setecientas fueron, nuevamente, de burla. Un comentario resumía el espíritu general de la conversación digital: “Seguro con esto nos ganamos a los chavos”.

En Chihuahua el panorama no es mucho más alentador. El PRI estatal, encabezado por Alejandro Domínguez Domínguez, reproduce el mismo guion que su dirigencia nacional. Publicaciones constantes, poca interacción y, cuando intentan revivir la marca PRI, una lluvia de sarcasmo.

Un diseño publicado el 10 de marzo con una mujer tarahumara y la frase “Somos Norte Somos PRI” logró 315 reacciones. Más de la mitad fueron burlas. En Ciudad Juárez la situación es todavía más elocuente. El PRI local parece tener la misma vitalidad digital que un abuelo que acaba de abrir Facebook para ver fotos de sus nietos. Un video publicado el 11 de marzo para felicitar a su dirigente estatal consiguió 18 reacciones. Otro, difundido el 8 de marzo para reconocer la lucha de las mujeres, apenas alcanzó nueve.

Mientras tanto, en la política real de Juárez todo indica que Morena volverá a dominar la elección municipal con amplia ventaja. Frente a ese escenario, el PRI luce como una sombra de lo que alguna vez fue. Y al frente del intento por revivirlo está Alejandro Domínguez Domínguez, quien parece haber adoptado una estrategia muy peculiar: opinar de todo. Reforma electoral, seguridad, economía, política nacional, política internacional… lo que se atraviese.
El problema es que mientras más habla, menos se mueve el PRI. Y así, entre declaraciones grandilocuentes y publicaciones con tres aplausos y veinte burlas, el partido intenta convencernos de que está de regreso. La tragedia es que nadie parece haberse enterado.
El mensaje de AMLO que agitó el debate
El llamado del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, la noche del sábado, a la solidaridad con el pueblo cubano volvió a sacudir el debate político. Aunque se mantiene retirado de la vida pública, el referente de la izquierda latinoamericana reapareció para convocar a los mexicanos a apoyar a la isla ante el endurecimiento del bloqueo económico y energético impuesto por Estados Unidos, ahora bajo la presidencia de Donald Trump.
La reacción no se hizo esperar. Como suele ocurrir cada vez que aparece la figura de López Obrador, el mensaje provocó polémica en ciertos sectores, pero también despertó un respaldo importante entre quienes consideran que la política exterior mexicana debe mantenerse firme frente a las presiones de Washington. La propia presidenta Claudia Sheinbaum respaldó ayer el llamado durante su gira por Nayarit, al señalar que el apoyo a Cuba responde a un principio humanitario y a una tradición histórica de solidaridad que forma parte de la identidad política de México.
No es la primera vez que López Obrador irrumpe en la conversación pública desde su retiro. Ya lo había hecho meses atrás para respaldar a Sheinbaum cuando desde Estados Unidos se lanzaban amenazas de intromisión bajo el argumento de combatir a los cárteles. Aquella intervención fue interpretada como un cierre de filas del movimiento que llevó a la izquierda al poder.
Ahora el escenario es distinto, pero el mensaje es similar. Para muchos simpatizantes del proyecto de la llamada Cuarta Transformación, la defensa de Cuba representa algo más que una postura ideológica. Es también un recordatorio de que América Latina sigue enfrentando presiones de una política exterior estadounidense que, históricamente, ha buscado imponer su agenda en la región.
Ojalá algún día Washington entienda que la soberanía no se negocia y que los pueblos tienen derecho a decidir su propio destino sin bloqueos ni castigos económicos. Mientras eso ocurre, el debate seguirá abierto. Y cada vez que López Obrador vuelva a aparecer en el escenario, la discusión volverá a encenderse. Por lo pronto, como buenos hermanos de los cubanos, los mexicanos deberían sumarse al apoyo.


