El cierre de la vida universitaria suele estar lleno de símbolos. Las estolas sobre los hombros, las togas que se acomodan con nerviosismo antes de subir al escenario, las cámaras de los familiares tratando de capturar un instante que tardó años en llegar. Así ocurrió en la ceremonia de graduación del Instituto de Ciencias Sociales y Administración de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), donde 655 estudiantes concluyeron su formación en áreas jurídicas, sociales, administrativas y humanísticas. Detrás de cada nombre anunciado había una historia distinta de esfuerzo, disciplina y persistencia.
De acuerdo con un trabajo periodístico publicado en el sitio digital de la UACJ, entre esas historias destacó la de Alejandra Sandoval Caballero, quien caminó hacia el escenario con dos estolas. No era un detalle decorativo. Cada una representaba un camino académico diferente que decidió recorrer al mismo tiempo.
Cinco años atrás, cuando fue aceptada en Administración de Empresas y Derecho, tomó una decisión que parecía desmesurada incluso para quienes la conocían bien. Estudiar ambas licenciaturas de manera simultánea. Durante varios semestres llegó a cursar ocho o nueve materias, combinando horarios, tareas y exámenes con la convicción de que el reto valía la pena.
“Mi trayectoria en la UACJ no fue sencilla”, recuerda ahora. Hubo momentos de cansancio y también dudas externas. “Mucha gente no tenía mucha fe en que se pudiera lograr”, dice con una sonrisa tranquila. Pero el resultado terminó dándole la razón. Hoy se gradúa como doble licenciada, y lo hace con la satisfacción de haber demostrado que el esfuerzo sostenido puede abrir caminos que al principio parecen demasiado largos.
A pocos metros de ella se encontraba Luisa Fernanda Yáñez Hernández, otra historia que habla de persistencia. Después de concluir la licenciatura en Derecho, decidió regresar a las aulas para formar parte de la primera generación de la maestría en Derecho de Amparo. El camino no fue sencillo. De 120 aspirantes, apenas 16 lograron llegar al final del programa.
En su caso, el desafío tenía varias capas. Además de estudiar, es madre y trabajadora. “Sí fue un reto. Es muy diferente estudiar una maestría a estudiar la licenciatura, y también actualmente yo soy mamá”, explica. Aun así, su presencia en la ceremonia tiene un significado particular. Representa el esfuerzo de quienes continúan formándose incluso cuando la vida cotidiana exige dividir el tiempo entre responsabilidades familiares, laborales y académicas.
El acto protocolario estuvo encabezado por el rector de la UACJ, Daniel Alberto Constandse Cortez, quien antes de iniciar su mensaje pidió un aplauso para los egresados. Frente a él se encontraba una generación que, durante años, construyó su camino entre bibliotecas, salones de clase y horas de estudio. El rector recordó que el título universitario no es solo un documento formal, sino un símbolo de perseverancia y compromiso con el conocimiento.

“Su título no es solo un papel”, dijo. “Es un símbolo de perseverancia y pasión por las ciencias jurídicas, las humanidades, las ciencias sociales y las ciencias administrativas”.
En el ambiente del gimnasio universitario se mezclaban el orgullo de las familias, el alivio de los graduados y la expectativa por lo que viene. Para muchos de ellos, ese momento marcaba el final de una etapa que comenzó años atrás con incertidumbre.
La voz que cerró la ceremonia fue la de Azul Marlene Delgado Herrera, encargada de hablar en representación de la generación. En su discurso agradeció a la disciplina, a la resiliencia y, sobre todo, a las familias que acompañaron el proceso. También dedicó unas palabras a la universidad que los formó.
“La UACJ nos recibió cuando éramos apenas una promesa”, dijo mirando hacia sus compañeros.
“Hoy nos despide convertidos en posibilidad”.

