La política mexicana tiene una habilidad casi instintiva para defender privilegios. Durante décadas lo hizo la derecha y, cuando el tema toca intereses propios, algunos sectores de la izquierda tampoco se quedan atrás. En ese escenario, la presidenta Claudia Sheinbaum cumplió una promesa de campaña al enviar al Congreso una reforma electoral que buscaba reducir los costos multimillonarios de los partidos y comenzar a desmontar el sistema de diputaciones plurinominales, ese cómodo salvavidas que durante años ha garantizado curules, presupuesto y poder político a más de un partido, incluyendo a Morena, sin necesidad de pasar por el veredicto directo de las urnas.
El problema es que cuando se toca ese mecanismo, la pluralidad democrática se vuelve de pronto el argumento favorito de algunos sectores de esa corriente ideológica. La votación terminó con 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención. No alcanzó la mayoría calificada y la reforma quedó detenida. Hasta ahí el dato parlamentario. Lo realmente revelador fue ver a los llamados aliados de la Cuarta Transformación votando junto al bloque opositor.

El Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México descubrieron de pronto las virtudes del sistema que durante años dijeron querer cambiar. Y lo defendieron con harto fervor. Eso causó que dentro de algunos sectores del morenismo, calificaran la negativa de ambos partidos como una traición a Sheinbaum. Los grupos más duros del movimiento se fueron recios y llamaron al PT y al Verde paleros del prianismo.
Pero la rebelión no quedó solo en el PT y el Verde. También salieron a relucir tres diputadas de Morena que decidieron votar en contra de la iniciativa presidencial y de inmediato fueron señaladas por simpatizantes del movimiento en redes sociales. Sus nombres quedaron en el tablero Giselle Yunueen Arellano Ávila, Alejandra Chedraui Peralta y Santy Montemayor Castillo. Mientras la mayoría de la bancada respaldaba la propuesta de la presidenta, ellas optaron por colocarse del otro lado de la votación.
Las tres llegaron al Congreso por la vía plurinominal, justamente el mecanismo que la reforma pretendía revisar. Ayer se ventiló en grupos de Morena y en algunos medios nacionales que Arellano Ávila es plurinominal por Zacatecas y no registra experiencia legislativa previa. También que Chedraui Peralta, militó en el Partido Verde antes de ser cedida a Morena y representa a Baja California. Montemayor Castillo, es legisladora por Quintana Roo, y forma parte del mismo grupo de legisladores que el Verde “donó” al partido guinda.

Olga Sánchez Cordero no apareció en la lista de las que votaron en contra, pero sí en la de quienes decidieron no aparecer. La exministra, una de las figuras que más se ha beneficiado políticamente con la Cuarta Transformación, optó por la elegante técnica parlamentaria de la ausencia. Horas antes ya había dejado ver en X su desacuerdo con la reforma, así que su silla vacía en la sesión terminó hablando por ella. Casualmente, más tarde, se informó que había sido hospitalizada. Los guindas dijeron que fue una traición técnica.
Los otros morenistas que optaron por hacerse patos, como diría el lenguaje popular, fueron el ex panista Manuel Espino, viejo conocido de los juarenses, y hoy flamante plurinominal, que casualmente también se reportó enfermo. La lista la completan Iván Peña Vidal, quien ha transitado con notable flexibilidad del PRD al Verde mientras buscaba la alcaldía de Cárdenas, Tabasco, y el también plurinominal Jesús Jiménez J.
¿Cómo votaron los diputados federales de Chihuahua?
La votación de la reforma electoral también dividió a Chihuahua. Nueve de los catorce diputados federales del estado votaron en contra de la iniciativa impulsada por la presidenta. Solo cinco legisladores del estado respaldaron la reforma Daniel Murguía Lardizábal, Teresita de Jesús Vargas Meraz, Alejandro Pérez Cuéllar, Armando Cabada y Jesús Roberto “Nono” Corral.
Este último caso resultó, el de “Nono”, llama la atención, porque fue el único diputado del Partido del Trabajo de los 47 que hay en el país, que votó a favor de la iniciativa presidencial.
Del otro lado, quedaron Lilia Aguilar Gil, de la familia que es dueña del PT en Chihuahua, además de Greycy Durán Alarcón, María Angélica Granados Trespalacios, Carmen Rocío González Alonso, César Alejandro Domínguez, Noel Chávez Velázquez, Juan Antonio “Tony” Meléndez, Graciela Ortiz González y Alfredo “El Caballo” Lozoya.

Anoche se afinó el Plan B en Palacio Nacional
Apenas habían pasado unas horas desde que la reforma electoral fue rechazada en la Cámara de Diputados cuando, anoche, en Palacio Nacional, comenzó a moverse el siguiente capítulo. La presidenta Claudia Sheinbaum convocó con carácter de urgencia a los coordinadores parlamentarios de Morena y a sus aliados para revisar lo ocurrido en San Lázaro y, sobre todo, para empezar a construir lo que ya circula en los pasillos del poder como el Plan B.
A la reunión llegaron el coordinador de los diputados de Morena, Ricardo Monreal; el coordinador de los senadores morenistas, Ignacio Mier; el senador del Partido Verde, Manuel Velasco, y el diputado del PT, Benjamín Robles.
De acuerdo con medios nacionales, Monreal confirmó al llegar que el encuentro tenía un propósito claro revisar la agenda legislativa inmediata y analizar los escenarios que vienen tras el fracaso de la iniciativa en la Cámara de Diputados. En otras palabras, evaluar qué caminos quedan abiertos para intentar rescatar parte de la propuesta presidencial.
Entre esos caminos aparece precisamente el llamado Plan B. El propio Monreal reconoció que el tema estaba sobre la mesa y que se exploran distintas alternativas, desde reformas a leyes secundarias hasta ajustes constitucionales que no formaban parte de la iniciativa que fue rechazada.

