Nota del editor: Esta es la primera de seis entregas diarias en las que vamos a examinar House of Cards y la política estadounidense de la última década. No es una teoría de la conspiración. La serie imaginó escenarios que la realidad terminó por rebasar. Desde los Clinton hasta Trump, desde los asesinados en Minnesota hasta los archivos Epstein, pasando por los operadores de la administración y la nueva maquinaria de desinformación. Publicaremos un artículo cada día durante seis días. Si algo de esto parece ficción, quizá sea porque dejamos de prestar atención.
SERIE: “House of Cards” y el espejo trumpiano | Parte 1 de 6
Cuando Frank Underwood se volvió real
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que ver House of Cards hacía sentir al espectador parte de un club selecto. Como descubrir un restaurante secreto al que solo llegan quienes conocen el camino. Frank Underwood empujaba periodistas a las vías del metro, manipulaba al Congreso y guiñaba un ojo a la cámara. El público reaccionaba con asombro: qué personaje, qué guion, qué exageración.
Era ficción. Era arte.
Después llegaron 2016, 2020, 2024 y 2025. La ficción empezó a quedarse corta.
Robin Wright, quien interpretaba a Claire Underwood, lo dijo en una entrevista con Ellen DeGeneres durante la promoción de la quinta temporada. En ese momento sonó como una observación de actriz. Con el tiempo adquirió otro peso:
“Los guionistas de House of Cards se están quedando sin ideas. El objetivo de un programa es mostrar algo que quizá no puede suceder. En nuestro caso, no somos capaces de mantener el listón con todo lo que está haciendo Trump”.
Esa frase abre la puerta a esta serie de artículos. Para entender por qué Trump parece superar a Underwood en su propio terreno, primero hay que mirar el origen del personaje. Ese origen no está en Washington. Está en Arkansas, en los años noventa, junto a una pareja que dominó durante décadas el arte del pacto político.
Los Clinton, una referencia inevitable
Beau Willimon, creador de la serie, trabajó en la campaña al Senado de Hillary Clinton en el año 2000. Estuvo dentro del equipo, observando de cerca cómo se construye una candidatura, cómo se negocian lealtades y cómo se administra el poder en la práctica cotidiana.
Esa experiencia alimentó muchas escenas de House of Cards: los pasillos del Congreso, las llamadas de madrugada, los favores que se cobran años después. Frank Underwood no nació únicamente de la imaginación; también surgió de la observación directa del funcionamiento de la política.
Cuando le preguntaban si Frank y Claire eran una versión inspirada en Bill y Hillary Clinton, Willimon respondía con cautela, aunque dejaba una pista:
“Los Clinton son fascinantes. Seríamos unos locos si no pensáramos en ellos”.
Lord Dobbs, autor de la novela original, fue más explícito. En varias entrevistas señaló que Hillary era la figura real más cercana a Claire Underwood. Ambición política, resistencia ante las crisis públicas y una mirada fija en la Casa Blanca.
El matrimonio como alianza política
En House of Cards, Frank y Claire están unidos por un proyecto político compartido. Su relación funciona como una alianza estratégica en la que cada uno respalda la ambición del otro.
En la política real, las relaciones también pueden adquirir esa dimensión. Bill Clinton llegó a la presidencia en 1993 acompañado por Hillary, una abogada influyente y una figura política en ascenso. Durante los escándalos que marcaron su administración —Paula Jones, Monica Lewinsky y otras acusaciones— Hillary permaneció a su lado. Para algunos observadores fue una decisión basada en el proyecto político común.
La pareja mantuvo su presencia pública durante décadas. En 2016, cuando Hillary buscó la presidencia, Bill estuvo a su lado en campaña. El vínculo político seguía vigente.
La irrupción de Trump
Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2017, muchos analistas buscaron paralelismos con Frank Underwood. Identificaron rasgos similares: ambición, confrontación con el sistema político y una relación conflictiva con las reglas tradicionales del poder.
Trump, sin embargo, introdujo un estilo propio. Su comunicación directa, su uso constante de las redes sociales y su tendencia a la confrontación marcaron una etapa distinta en la política estadounidense.
El matrimonio entre Trump y Melania también ha sido objeto de interpretaciones públicas, en ocasiones comparado con la dinámica estratégica mostrada en la serie.
El poder como estructura
House of Cards captó una idea central de la política: el poder funciona a través de relaciones, compromisos y posiciones dentro de una red de influencia. Las ideologías pueden cambiar; la estructura del poder permanece.
Los Clinton lo comprendieron durante décadas de vida pública. Los Trump lo han enfrentado desde una lógica distinta, marcada por la confrontación y la exposición mediática constante.
Los Underwood, aunque ficticios, se convirtieron en un arquetipo que ayuda a observar estas dinámicas. Funcionan como un espejo narrativo que permite analizar cómo opera la política detrás de los discursos y las ceremonias.
La ex candidata republicana Carly Fiorina lo expresó durante la campaña de 2016:
“El protagonista de House of Cards es un político que ha pasado toda su vida persiguiendo una ambición: ser presidente. A veces parece que estamos viviendo dentro de esa serie”.
La diferencia es que la historia real sigue en desarrollo. Y todavía quedan varios capítulos por escribirse.
Mañana la parte 2: Los muertos que ellos enterraron. De Zoe Barnes a Jeffrey Epstein, de Charlie Kirk a los dos de Minneapolis.

