Gesto
Quisiera colocar este gesto aquí
sin mucha premeditación, sin
tampoco una intención clara, o bien:
ser en el gesto un impulso, lo vivo
latiendo airoso, triunfando pleno, sano
gesto de dar las gracias, pedir permiso,
ir y venir, con paso desprolijo, premonición
vacua.
Darle luego al gesto su peso, al tiempo
eterno del instante el suyo, reír
con pasos, nacer al día como la intención:
un doblez justo, sopa caliente. Antes
era nube la razón y cielo
que llueve en el campo urgido.
Puse un gesto:
escuché su eco.
Argentina dos punto cero
Le pagamos a psicólogos
porque nuestros amigos y parientes
están demasiado ocupados
hablando con sus psicólogos.
Atajos
Veo mis dedos tropezar, la taza
se zambulle sobre el teclado, chispas
esperaría pero no, es más sencillo:
silencio. El sol no deja de quemar,
una brisa aquí y allá, nada:
silencio. Corro, servilletas, soplar, ¿y ahora?,
servilletas, ¿y ahora? Silencio.
El café comienza a escribir, a activar
comandos, ejecuta, dice. Miro
sin querer creer, soplo, servilletas,
al técnico, ya al técnico, y el café
insiste: comandos, letras, programas,
¿y ahora? Silencio.
Apago todo, cayo al café, grito y pienso
en los proyectos pendientes, en los comandos,
los repuestos importados, las teclas, los
archivos no guardados, las contraseñas, el
tibio ronroneo del ventilador bajo el sol,
la laptop llena de café volando, mis dedos
tropiezan de nuevo y vuela, ¿y ahora?, la
laptop se desarma en piezas de Lego
sobre el asfalto, alguien grita, apartan los restos,
¿y ahora?, ya no más, ¿y ahora?, ya no más
atajos, botones, comandos, programas.
Silencio.
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Santiago Astrobbi Echavarri (1988) nació en Argentina, pero reside en México, como nómada, brincando de aquí para allá como chapulín empeyotado. Edita Gambito de papel y colabora como corresponsal mexicano en Poesía+Poesía, pero, sobre todo, trepa cerros e intenta leer, en el poco rato que le deja libre el capitalismo. Es posible que lo hayan escuchado hablar de geopolítica en la cantina de su barrio.

