La noche en el Estadio Benito Juárez arrancó cuesta arriba desde el primer toque. Antes de que la grada terminara de acomodarse, los Bravos ya estaban abajo en el marcador y obligados a remar contracorriente frente a un Cruz Azul que salió con el cuchillo entre los dientes. El partido terminó 4-3 a favor de la Máquina, en un duelo de ida y vuelta, errores puntuales y una reacción juarense que llegó cuando el reloj ya apretaba.
El arranque fue un golpe directo al mentón. Apenas a los 39 segundos, una desatención defensiva permitió que Agustín Palavecino definiera dentro del área y abriera el marcador. El segundo llegó rápido, al minuto siete, tras una pérdida en zona baja que José Paradela convirtió en un disparo lejano imposible de detener. Los Bravos no encontraban orden ni equilibrio, y Cruz Azul aprovechó cada espacio.
Al minuto 39, Carlos Rotondi apareció solo en el área chica para empujar el balón y poner el 3-0, dejando un ambiente de preocupación en las tribunas. Cuando parecía que la primera mitad se iría sin respuesta, el VAR intervino por una mano dentro del área y Óscar Estupiñán cobró con autoridad el penal que devolvió algo de ánimo al equipo fronterizo antes del descanso.
El segundo tiempo volvió a golpear temprano. Al minuto 50, otra pérdida en salida derivó en un disparo de media distancia de Carlos Rodríguez que significó el 4-1 y puso el partido al borde de la sentencia. A partir de ahí, Bravos jugó más con el corazón que con el libreto, empujado por la afición y por la expulsión de Gabriel Fernández, que dejó a Cruz Azul con diez hombres.
La insistencia tuvo premio al 80, cuando Guilherme Castilho conectó una media chilena tras un tiro de esquina para acercar a los locales. Ya en tiempo agregado, Estupiñán firmó su doblete tras un rebote en el área y encendió la esperanza. Con siete minutos añadidos, Juárez se volcó al frente, pero el empate no llegó.
Con la derrota, Bravos se queda con cuatro puntos en el Clausura 2026, mientras que Cruz Azul alcanzó nueve unidades. La reacción dejó sensaciones encontradas, orgullo por no bajar los brazos y la urgencia de corregir errores que vuelven a costar caro desde el silbatazo inicial.

