Donald Trump volvió a descubrir que gobernar un país es más difícil que gobernar un reality. Mientras sermonea al mundo sobre orden y democracia, en casa amenaza con sacar al Ejército para callar protestas.
Minneapolis no es Caracas, pero el libreto se parece con los gases, tropas y tuits incendiarios. El ICE actúa como policía política y Trump aplaude desde el teléfono.
La Ley de Insurrección, reliquia de 1807, sirve ahora de comodín autoritario. Cuando la realidad estorba, Trump no corrige: militariza.

